• miércoles, 12 de junio de 2024
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Opinión / San Fermín

Tres de marzo: Luis Rouzaut

Por La escalera fotográfica de Aliaga y Nagore

Dedicamos el tercer peldaño al pionero de la fotografía navarra de comienzos del siglo XX, Luis Rouzaut, por haber dedicado una parte importante de su obra a las Fiestas de San Fermín. Su colección de fotos es testimonio notorio de que los Sanfermines, a pesar de mantener su esencia, han evolucionado considerablemente. 

Encierro en la plaza Consistorial. 1923 (Foto Luis Rouzaut, cortesía de la familia)
Encierro en la plaza Consistorial. 1923 (Foto Luis Rouzaut, cortesía de la familia)

En la instantánea de Luis Rouzaut de un encierro de 1923 en la plaza Consistorial no busquemos valores artísticos, porque éstos son intrascendentes frente a los detalles reveladores de la historia de Pamplona. Aquel año Ernest Hemingway visitó por primera vez los Sanfermines, el ambiente y la fiesta cautivaron al joven reportero de 24 años del Toronto Star hasta tal punto, que repitió ocho veces más.

En cualquier caso, no hay que restar importancia técnica a la foto; es complicada por las condiciones de luz. Históricamente el comienzo del encierro ha estado supeditado a la hora de verano. El primer cambio horario en España data de 1918, por primera vez, se corrió el encierro a las siete de la mañana. Ahora bien, años después se volvió al horario tradicional, como en el caso de 1923 que el encierro se celebró a las seis de la mañana. Es decir, con dos horas de anticipación sobre el comienzo actual, aunque con una diferencia de una hora solar.

En otro tiempo esta plaza, centro neurálgico de la ciudad, se organizaba un mercado con tenderetes de venta de fruta y verdura, denominándose plaza de la Fruta. Sin embargo, en 1864 el Ayuntamiento suprimió la algarabía del mercadillo frutícola; dos años más tarde cambió el nombre a como la conocemos hoy, plaza Consistorial. Si bien la gente de Pamplona se resiste al nombre oficial, prefiere llamarla, clara y llanamente, plaza del Ayuntamiento.

Salta a la vista la indumentaria de los corredores: muchos cubren la cabeza con boina, visten chaqueta, sin pañuelico, y calzan alpargatas. Nada que ver con la ortodoxia de la estética actual; los únicos atuendos blancos son las mandarras de cuatro carniceros que tradicionalmente copaban la carrera en la cuesta de Santo Domingo.

Encierro en Plaza Consistorial copia
Encierro en Plaza Consistorial copia

Contrariamente a lo que se puede pensar, la americana no era un signo de elegancia para los días de fiesta, sino una prenda generalizada entre trabajadores. Ir en mangas de camisa se consideraba indecoroso, cualquier trasgresor se arriesgaba a ser multado.

Se observa que no hay vallado frente al Consistorio, lo cual propiciaba que la manada de toros al salir del embudo de Santo Domingo -como en la foto-, se desparramaba por la amplitud de la plaza provocando que algún toro quedase rezagado. Razón por la cual en 1930 se instaló un vallado trasversal que cubría desde la estatua izquierda de la fachada del Ayuntamiento (la Alegoría de la Prudencia) hasta la esquina de la plaza.

Apreciamos dos farolas modernistas, instaladas en 1916, que se trasladaron a Falces en 1953. La Gran Enciclopedia de Navarra erróneamente reseña que “fueron regaladas”. En realidad hubo un acuerdo de la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Pamplona del 12 de agosto de 1953, presidida por el alcalde Javier Pueyo: “Se venden al Ayuntamiento de Falces las dos farolas ornamentales procedentes de la Casa Consistorial”. J.J Arazuri en Calles y barrios específica que la transacción comercial alcanzó las 3.800 pesetas.

Lo paradójico es que el Ayuntamiento de Pamplona ha intentado varias veces recuperarlas, pero los falcesinos han rechazado cualquier propuesta, orgullosos de ellas lucen, y nunca mejor dicho, enfrente de su Ayuntamiento en la plaza de los Fueros de la villa.

Otra curiosidad que encontramos en la imagen, es el pendón del balcón central del primer piso con dos escudos: a la izquierda el león de la ciudad –concedido por Carlos III el Noble en 1423 con el Privilegio de la Unión- y a la derecha el representativo del Voto a las Cinco Llagas –que rememora la epidemia de peste de 1599-. Aunque este último permanece en varios ornamentos municipales como medallas y mazas, desapareció del pendón con el advenimiento de la II República y el alcalde electo Mariano Ansó.

En la fotografía llama también la atención el antiguo adoquinado. En 1996, tras estudiar diferentes posibilidades, se adoptó la solución salomónica de cambiar el pavimento con una combinación de losetas y adoquines más elaborados. A partir de ese año se instauró la peatonalización del Casco Histórico de la que los pamploneses estamos muy satisfechos.


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Tres de marzo: Luis Rouzaut