• jueves, 25 de julio de 2024
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Opinión / A mí no me líe

Hace falta ser imbécil para ir contra Semana Santa

Por Javier Ancín

Muñecos... acojonante, muñecos, dicen, refiriéndose a tallas de un valor artístico incalculable, a una puesta en escena de una teatralidad deslumbrante. Si fuera por ellos, les darían fuego. 

Procesión de Jueves Santo por las calles de Pamplona con el desfile de los pasos de La Última Cena, La Oración del Huerto y El prendimiento, y la participación de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de la Flagelación de Logroño. IÑIGO ALZUGARAY
Procesión de Jueves Santo por las calles de Pamplona con el desfile de los pasos de La Última Cena, La Oración del Huerto y El prendimiento, y la participación de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de la Flagelación de Logroño. IÑIGO ALZUGARAY

Yo lo comprendo todo. O casi todo. Comprendo que si eres de Madrid para arriba, el barroquismo de la Semana Santa andaluza te pueda desbordar, por exagerado. Es un estilo artístico diseñado para eso, para que se sobre por todos los bordes, para que sea desmesurado, para que te envuelva por completo, pero entiendo que te pueda agobiar. 

Comprendo que en Sangüesa, delante de la portada churrigueresca del palacio de Ongay-Vallesantoro, sientas algún tipo de desasosiego con sus columnas retorcidas. Hay gente para todo, también para considerar una apoteosis como la que levantó Bernini en el baldaquino de San Pedro, una exageración a la que no le encuentras sentido.

No pasa nada, todos tenemos derecho a la insensibilidad o a la sensibilidad extrema o a diferir en los umbrales de aceptación del arte. Vale. De acuerdo. Hay gente que no ve nada mirando el Coreano de Oteiza, arriba de Carlos III, hay otros que tampoco ven nada sentados frente al barroquísimo retablo mayor en las iglesia de las Agustinas Recoletas de Pamplona, en la plaza de los ajos, abrumados, sobrepasados por la profusión de volutas y vericuetos. Aceptémoslo. A mí me flipan los dos.

Lo que no se puede aceptar -es para darles dos hostias, vamos, sin consagrar- es esa corriente actual garrula que se ha instalado en la izquierda cuqui, esa que te fusilaría por tu bien, o mejor, por el bien del planeta, de despotricar contra las procesiones de Semana Santa al grito gilipollas de ya están estos paseando muñecos

Y esto no va de religión, que yo no creo, va de lo de siempre, de que la izquierda lo que no entiende, comprende, comparte, lo que se aparta de su ortodoxia, no tiene el menor interés en respetarlo sino que solo quiere destruirlo, aniquilarlo, no vaya a ser que su ideología se debilite porque no controla el cien por cien de los procesos sociales. Es la misma pulsión fanática que se llevó por delante los budas de Afganistán o las ruinas romanas de Palmira.

Muñecos... acojonante, muñecos, dicen, refiriéndose a tallas de un valor artístico incalculable, a una puesta en escena de una teatralidad deslumbrante. Si fuera por ellos, les darían fuego, dejando al mundo sin el Cristo de Mena o los Salzillos murcianos. 

Decía ayer jueves Teresa Rodríguez, roja peligrosa pero no imbécil, supongo que por eso se retira de la política como antes se desgajó de toda esa panda de indocumentados que son los podemitas -iba a decir lavapieseros, pero esos por el barrio solo se dejan ver en la calle Argumosa de cañitas cool-, que ella está a favor de la Semana Santa, por su espiritualidad y por el arte, porque es cultura, alta cultura y cultura popular, belleza y recuerdos familiares. 

Algún otro año que los suyos le volvieron a tirar de la lengua para que se posicionara en contra, leo que aún fue más allá: “Es importante decirle a determinada izquierda que uno no puede hacer cambios sociales profundos sin tenerle un absoluto respeto a la fe, a la devoción”. 

En cualquier caso, yo me volveré a acercar esta tarde del Viernes Santo, con todo mi ateísmo a cuestas, a presentar mis respetos a una procesión como la de Pamplona que es parte de mi educación sentimental, espiritual y familiar. 

Homo sum, humani nihil a me alienum puto. Soy un hombre, nada humano me es ajeno. Y eso es todo. 


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Hace falta ser imbécil para ir contra Semana Santa