No se llama Mari Carmen ni los focos de las televisones y el Gobierno se fijan en ella. Pero su caso en Navarra es tan delicado o más como el que se ha vivido en todo el país con el desahucio de la mujer de Madrid. Naiara busca un piso en Pamplona en donde pueda cuidar de Gorka, su hijo de 14 años con discapacidad severa, y recuperar algo tan sencillo como tener un hogar.
A sus 47 años y después de más de 25 años viviendo en Pamplona, esta mujer atraviesa uno de los momentos más complicados de su vida. Tras ser desahuciada de su vivienda en el barrio de Buztintxuri, madre e hijo se han quedado sin domicilio y viven provisionalmente en una habitación de hotel en Burlada.
La solución tiene fecha de caducidad. Naiara asegura que dentro de pocos días ya no podrá seguir afrontando el coste del hotel. Y una habitación tampoco reúne el espacio que necesita Gorka, un chico que requiere atención permanente durante las 24 horas del día.
Por eso ha decidido contar públicamente su historia. Su petición es muy concreta: encontrar a un propietario dispuesto a alquilarles una vivienda. "Solo queremos que nos alquilen un piso. Necesitamos salir de esta situación, necesitamos un hogar y estabilidad", explica.
La historia de Naiara en Navarra comenzó cuando era muy joven. Había nacido en Huelva, pero conocía bien Pamplona porque acostumbraba a viajar y había visitado la ciudad durante los Sanfermines.
"Yo viajaba mucho y me encantaba visitar Pamplona por los Sanfermines. Por unas cosas y otras terminé viviendo aquí en Pamplona", recuerda.
Antes había atravesado una experiencia especialmente dura en Huelva. Naiara relata que sufrió malos tratos por parte de una expareja. "Tuve una expareja que me secuestró y me maltrató. No me quedé tranquila hasta que lo metieron preso. Fui víctima de malos tratos", cuenta.
Pamplona terminó convirtiéndose en su ciudad. Aquí rehízo su vida y trabajó durante años como camarera, un oficio que conoce bien y que la llevó a pasar por distintos establecimientos hosteleros, entre ellos el asador Martintxo de Cizur, La Granja o el antiguo Koppo de la plaza del Vínculo.
Después nació Gorka. Y su vida cambió por completo.
Gorka necesita los cuidados de su madre las 24 horas
Gorka tiene actualmente 14 años y está diagnosticado con síndrome del cromosoma X frágil, una alteración genética que provoca discapacidad intelectual y diferentes necesidades de apoyo.
El adolescente tiene reconocida una dependencia del 76%, según explica su madre. Su situación requiere que Naiara esté pendiente de él de manera prácticamente permanente.
El padre de Gorka, relata Naiara, se desentendió de ellos en todos los sentidos. Desde entonces, ella ha afrontado sola la atención diaria de su hijo y eso ha condicionado también cualquier posibilidad de mantener un empleo convencional.
Las únicas horas en las que Gorka permanece fuera de casa son las comprendidas aproximadamente entre las 8.00 y las 15.00 horas, cuando acude al centro de educación especial Andrés Muñoz Garde, en el barrio pamplonés de Iturrama.
El resto del tiempo, Naiara es su cuidadora. Esa realidad explica también por qué encontrar una vivienda no es simplemente una cuestión de comodidad. Para ambos significa disponer de un espacio estable y adecuado donde desarrollar su vida diaria.
El obstáculo de encontrar un alquiler en Pamplona
Tras perder su anterior vivienda en Buztintxuri, Naiara ha iniciado una búsqueda que hasta ahora no ha dado resultado. Ha preguntado en inmobiliarias, ha consultado portales de vivienda en Internet y ha estudiado diferentes posibilidades de alquiler.
El problema aparece cuando llega el momento de acreditar la solvencia. Según relata, muchos propietarios solicitan nóminas, contratos de trabajo y otras garantías que ella no puede presentar porque precisamente el cuidado permanente de Gorka le impide desarrollar actualmente una actividad laboral normal.
Naiara explica que dispone de unos ingresos mensuales de aproximadamente 1.700 euros, procedentes del Ingreso Mínimo Vital y de la prestación vinculada a la dependencia de su hijo. Para ella, esos ingresos constituyen una garantía estable con la que afrontar un alquiler.
Sin embargo, hasta el momento no ha conseguido que esa circunstancia sea suficiente para acceder a una vivienda que pueda pagar y que reúna las condiciones que necesita Gorka.
"Solo queremos que nos alquilen un piso"
Durante este proceso, Naiara asegura haberse sentido acompañada por diferentes personas y entidades. Agradece especialmente la ayuda de Cáritas, así como el apoyo recibido de Cruz Roja y técnicos de Huarte que han tratado de orientarla ante su situación.
También ha consultado las posibilidades de acceder a un alquiler social y se ha inscrito en la última promoción de viviendas adjudicadas mediante sorteo. Mantiene la esperanza de que alguna de esas vías termine ofreciendo una solución.
Pero el tiempo corre y la estancia en el hotel de Burlada no puede prolongarse mucho más. Por eso su llamamiento no está dirigido únicamente a las instituciones. Naiara quiere llegar también a particulares que dispongan de un piso para alquilar en Pamplona o su entorno y estén dispuestos a estudiar su situación.
No busca que le regalen una vivienda ni vivir gratuitamente. Su petición, insiste, es mucho más sencilla: quiere pagar un alquiler y encontrar un propietario que valore sus ingresos y las circunstancias familiares más allá de una nómina convencional.
"Solo queremos que nos alquilen un piso", repite Naiara. Después de más de dos décadas construyendo su vida en Pamplona y dedicada ahora por completo al cuidado de Gorka, su prioridad es encontrar cuanto antes esas cuatro paredes que para ellos significan mucho más que una dirección: "Necesitamos un hogar y estabilidad".