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Opinión /

El superagente 867 de la Policía Municipal de Pamplona

Por Alfonso Ibáñez

Lo que el sentido común hubiera aconsejado, instar al nuevo propietario a subsanar el error, se convirtió en un ejercicio de implacable aplicación de la ley.

Un agente de la Policía municipal de Pamplonasupervisa un corte de tráfico en la rotonda de Merindades durante una manifestación POLICÍA MUNICIPAL DE PAMPLONA (1)
Un agente de la Policía municipal de Pamplona.

Viernes 29 de diciembre de 2023, 20:55h. Lourdes procede a aparcar el vehículo que conduce en un garaje de vecinos del segundo ensanche. Un vehículo de inválidos sencillo pero equipado en su maletero con una pequeña grúa para subir y bajar la silla de ruedas de su propietario, un anciano de 95 años con una incapacidad motriz prácticamente total y absolutamente ciego. Lourdes cuida  de él desde hace ya muchos años y antes de su ya difunta esposa que también precisaba de silla de ruedas y por lo tanto del mismo equipamiento ¨ad hoc¨ que ahora utiliza su marido.

Cruzada la acera e iniciando el ascenso a la rampa de acceso al garaje, Lourdes oye golpear el  cristal de su puerta y descubre a un policía municipal que le insta a bajar la ventanilla para proceder a una inspección de los papeles del vehículo. Y ahí empieza lo que promete ser un largo y tedioso calvario administrativo.

Resulta que el vehículo estaba a nombre de la fallecida y no había sido transferida la titularidad al heredero, el anciano viudo en cuestión. Y lo que el sentido común hubiera aconsejado, instar al nuevo propietario a subsanar el error, se convirtió en un ejercicio de implacable aplicación de la ley. Orden de retirada del vehículo y traslado del mismo a las dependencias municipales.

Qué mas da si el coche es el único medio de transporte de un anciano de 95 años, totalmente ciego e impedido…

Qué mas da si con la retirada del vehículo le privamos a un anciano incapacitado de el único medio que le permitirá acudir estas navidades, quizá las últimas, de pasar un rato en compañía de algunos de sus hijos, nietos y bisnietos.

Aquí lo importante es cumplir con la ley a rajatabla, y si cometes el gravísimo error de no transferir la titularidad de un vehículo de la esposa fallecida al anciano viudo que lo ha heredado por el testamento de hermandad, pues palo que te crió.

He acudido a las dependencias municipales con el fin de pagar la multa correspondiente y el importe de la grúa y así poder recuperar el vehículo tan indispensable para mi padre y allí me comunican que la cosa es bastante más complicada, que recuperar el vehículo no va a ser en absoluta tarea fácil y mucho menos rápida. Eso sí, los 8 euros de “hospedaje” diarios del vehículo de minusválidos en las dependencias municipales están perfectamente tarifados.

En cuanto pasen estas fechas navideñas y la DGT abra sus dependencias, iniciaremos los trámites necesarios, solicitaremos el cambio de titularidad, aportaremos los documentos propios del vehículo, el certificado de defunción de mi madre,  el testamento y toda suerte de documentos que la administración acostumbra a pedir y que habitualmente hay que recabar en la misma administración… Y entonces, cuando logremos entregar toda la documentación requerida, nos armaremos de paciencia y esperaremos a que alguien decida que el titular del coche ya es mi padre y que podemos recuperarlo del depósito municipal.

Procederemos a pagar la multa, la grúa, la estancia en las dependencias municipales y con todo ello, la administración podrá seguir “facilitándonos” las cosas a los ciudadanos.

Y durante todo ese tiempo, mi padre seguirá sin poder desplazarse a lugar alguno durante un largo e indefinido tiempo, el superagente 867 continuará aplicando la ley manu militari, eso sí, con la leyenda “Policía Municipal de Pamplona, Siempre al Servicio del Ciudadano” grabada a fuego en su frente y los ciudadanos de a pie seguiremos mirando con asombro en qué, con quien y cómo se utilizan nuestros impuestos.

Yo no estaba aquel día en el garaje donde se guarda el peligrosísimo coche de mi padre que había que retirar de la circulación y poner a buen recaudo, pero puedo imaginarme al superagente 867 de la municipal alejándose con paso firme con la enorme satisfacción de haber hecho cumplir la ley y haber evitado con ello quién sabe qué tremenda desgracia en nuestra ciudad.

Y es que, en estas fechas tan entrañables, siempre tiene que aparecer un témpano de hielo con patas y placa que te ponga en tu sitio y te j… eso sí, siempre “al servicio del ciudadano”


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El superagente 867 de la Policía Municipal de Pamplona