• miércoles, 24 de julio de 2024
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Opinión / Tribuna

El eslabón más débil ante las elecciones de Navarra

Por Manuel Sarobe Oyarzun

Es sabido que la cadena se rompe siempre por el eslabón más débil. A estas alturas nadie duda ya de que ese eslabón, por lo que respecta a la profiláctica cadena que separa a los ciudadanos de bien de los herederos -no arrepentidos- de ETA, es el socialismo.

Recuerden que todo empezó cuando los seis magistrados del Tribunal Constitucional propuestos por el PSOE, corrigiendo al Supremo, no apreciaron que Bildu fuera la sucesora de la ilegalizada Batasuna, reconociéndole consecuentemente su derecho a la participación política. Me pregunto qué estarán pensando tan excelentísimos pardillos viendo que las listas bildutarras están infestadas, no ya de batasunos, sino de etarras, asesinos incluidos.

ETA se disolvió hace más de una década pero Bildu todavía no se ha enterado de ello. Y es que siguen celebrándose con toda anormalidad actos cargados de inquina como el Ospa Eguna, el Día del Inútil o el Tiro al Fatxa. Se multiplican los Ongi Etorris en los que se enaltece a criminales. Los euskopitbull que revientan la procesión de San Fermín mientras aclaman a Asirón extienden su ira a la peña Mutilzarra. Continúa habiendo localidades norteñas en las que podría grabarse ahora mismo la serie “Patria” sin hacer apenas adaptaciones. Etxarri Aranaz, por ejemplo, donde el único concejal de Navarra Suma acude a los plenos escoltado por la Guardia Civil doce años después del supuesto fin del terror. Los abertzales pueden exhibir en Tudela cuantas ikurriñas quieran sin temor a ser importunados; acercarse a Alsasua con una bandera española para apoyar a los guardias agredidos junto con sus novias solo fue posible previa toma de la localidad por una legión de policías, helicóptero incluido, porque todo lo que no sea comulgar con el nacionalismo radical se considera una provocación. El socializador del dolor Adolfo Araiz Flamarique y el agresor Joxe Martín Abaurrea San Juan, lo más ultra de la ganadería batasuna, repiten como candidatos para asegurarse de que los cabezas de lista de trapo no se distancien ni un solo milímetro de la ortodoxia abertzale, alérgica a toda evolución. Bakartxo Ruiz Jaso se escapa del Parlamento foral sin responder a la pregunta de si matar estuvo mal... ¡Y los Alzórriz de turno todavía se obstinan en hablar de normalidad democrática para justificar sus repugnantes pactos!

Se sigue humillando a unas víctimas a las que solo la muerte traerá la paz. Se denigran, del Rey para abajo, a todas las instituciones democráticas, incluidas las propias, pues nuestra Policía Foral tampoco se libra de la rabia bildutarra. Y toda esta bacanal de odio se repite con absoluta impunidad, sin que ningún Delegado del Gobierno, juez o fiscal haga nada por evitarlo, porque la libertad de expresión lo ampara todo.

Quienes se afanan en destruir nuestro Estado de Derecho se sirven de su magnánimo régimen garantista para lograrlo. Somos una nación acomplejada y pusilánime que no sabe plantar cara a sus enemigos declarados. Fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Si usted se olvida de poner el ticket en la zona azul le multarán de inmediato e incluso la grúa se llevará su coche. Si se cisca en el Jefe del Estado no tendrá nada que temer. Presionados por sus socios, todas las reformas legislativas impulsadas por los socialistas buscan desproteger todavía más al Estado, hasta llegar al absurdo; si un gobernante malversa fondos públicos para lucrarse personalmente es castigado, pero si esos caudales los emplea para financiar la comisión de otro delito todavía más grave, como el de sedición, en lugar de recibir una pena mayor, se va de rositas. El mundo al revés.

Los partidos políticos preparan cuidadosamente las campañas electorales. Una pléyade de asesores elabora programas llenos de promesas que no se cumplirán. Expertos en márketing diseñan carteles -abusando del “Photoshop”- e ingenian eslóganes. El candidato no deja de ser un producto más a vender, cual compresa o detergente, utilizando la mercadotecnia. Se multiplican mítines a los que solo acuden los ya convencidos para ver fugazmente a unos líderes que apenas saben dónde están. Se utiliza la demoscopia; se encargan, cocinan y manipulan encuestas. Se monitoriza a los ciudadanos para decirles aquello que en cada momento quieren oír; se les trata como a monos a los que se arrojan cacahuetes. Y cuando, tras este ímprobo esfuerzo, los socialistas, con los ingentes medios a su alcance, BOE incluido, piensan que la situación está bajo control, todo se viene estrepitosamente abajo porque se hacen virales cuatro palabras, cuatro, cargadas de más verdad que nunca, expelidas por no sé quien, que tiran por la borda tanto esfuerzo por ocultar la realidad: “¡Que os vote Txapote!”.

Yo puedo llegar a entender que María Chivite se apoye en Bildu para gobernar porque históricamente por alcanzar el poder se ha hecho de todo, hasta matar. También comprendo que los cargos orgánicos avalen semejante ignominia, pues buena parte de ellos debe a dichos pactos unos sueldos públicos que difícilmente obtendrían en el sector privado. La pasta fácil licúa los principios. Es por ello que solo cabe encomendar la recuperación de la dignidad perdida a aquellos militantes socialistas sin conflictos de intereses, cuyo único condicionante a la hora de votar sea estar a bien con su propia conciencia.

Y es precisamente la mala conciencia la que destila el artículo que Román Felones publicaba recientemente recordando el asesinato de Tomás Caballero. El socialista relata su cercanía al concejal, cuyas respectivas esposas -según cuenta- eran primas carnales. Repasa los trágicos momentos que siguieron a su muerte, ensalza la entereza de la familia y critica que, 25 años después, Bildu no condene el crimen. Creo a pies juntillas en la sinceridad de los sentimientos de Felones.

El problema viene cuando el exconsejero afirma, sin rubor, que “la sociedad” corre el riesgo de blanquear al grupo que fue incapaz de condenar dicho asesinato en aras a la gobernabilidad. No doy crédito a lo que leo, pues no es la sociedad, querido Román, sino el partido socialista quien ha cometido semejante vileza. Es profundamente deshonesto que Felones pretenda socializar la indignidad culpándonos a todos de un pecado únicamente imputable a los suyos.

Pero hay más. El político losarqueño acaba confesando que le parecería triste que con una previsible mayoría de votos constitucionalistas el sentido del nuevo gobierno lo decantaran quienes no condenan el terrorismo. Sigo sin salir de mi asombro pues, si tan claro lo tiene, lo que debería hacer es acercarse a la sede del partido que presidió, donde los pactos con Bildu se aprueban por mayorías búlgaras, denunciarlo abiertamente y liderar la vuelta del socialismo navarro a la centralidad perdida. O darse de baja del PSN, porque vale más poder sostener la mirada de los hijos de Tomás que mantenerse leal a un partido a la deriva.

Así las cosas, el próximo domingo votamos. La partidos coaligados, que además de apoyarse en los herederos de ETA, han disparado el desempleo y nos han frito a impuestos a cambio de peores servicios deberían desplomarse, en buena lógica. Parece, no obstante, que es en la desunida oposición donde cunde cierto desánimo. Álcense contra él. Es posible que la política de pactos no sea la más acertada o que Maya se haya equivocado haciendo mudanza en tiempo de tribulaciones. Nada de ello importa ahora. La prioridad es desalojar a unos gestores ineficaces y alejar a los filoetarras de toda responsabilidad pública. Tiempo habrá de ajustar cuentas o de renovar liderazgos.

Concluyo. Nunca antes se ha visualizado con tanta obscenidad la vinculación entre EH Bildu y ETA. Nunca ha estado tan claro que los socialistas –“El futuro de Navarra hay que construirlo con Bildu”, María Chivite dixit- volverán a arrodillarse ante los herederos del terror. Nunca ha habido unas elecciones con tantas papeletas ensangrentadas. Que la infamia de poner nuestro futuro en manos de quienes nos han hecho y siguen haciéndonos tanto daño acabe consumándose o no depende únicamente de nosotros. Podemos recuperar la dignidad o seguir chapoteando en la amoralidad. Voten pensando en el modelo de sociedad que les gustaría legar a sus hijos, más que en la posibilidad de ir al cine los martes por dos euros.


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