• lunes, 22 de julio de 2024
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Opinión / Tribuna

Moción en Pamplona: Y encima los socialistas brindan…

Por Manuel Sarobe Oyarzun

Navarra y Pamplona acabarán en manos de los herederos de ETA gracias a la miopía del PSN y ante el silencio cómplice de aquellos socialistas que, aun no comulgando con la deriva suicida de su partido, carecen de valor para decirle al Rey que va desnudo.

Maite Esporrín, María Chivite y Marina Curiel brindan poco antes de entregarle el poder de Pamplona a EH Bildu. EFE/ Jesús Diges

Tal y como cabía esperar -tú al Gobierno, yo al Ayuntamiento- el PSN ha entregado Pamplona a Bildu. Me pregunto si los socialistas han medido bien las consecuencias a futuro de la moción consumada el Día de los Santos Inocentes, que este año encarnan los pardillos que votaron a los del puño y la rosa creyendo en unas promesas nuevamente incumplidas. Y es que hay motivos que inducen a pensar que los de Chivite se están ajustando la soga al cuello.

En las pasadas elecciones municipales, su candidata estrellada, Elma Saiz -otra vez en busca y captura- no mejoró los resultados de Maite Esporrín. Perdió, antes bien, electores y porcentaje de voto. Bildu, en cambio, continuando con su tendencia ascendente, ganó sufragios, mejoró cuota y obtuvo un concejal más. Ignoro cuáles habrían sido los resultados si el PSN, en un inédito ataque de honestidad, hubiera revelado a su parroquia sus verdaderas intenciones.

Desde que el infausto Rodríguez Zapatero desenterró el guerracivilismo, hemos vuelto a la España de las trincheras. Esfumado el espíritu que hizo posible la Transición, la política está más polarizada que nunca. Nada queda ya de la concordia que propició el entendimiento entre posfranquistas, socialistas y comunistas, que hicieron grandes sacrificios en aras a la consecución del bien común. Aquí, en Navarra, añoramos las fructíferas coaliciones entre regionalistas y socialistas que en los durísimos años de plomo dieron continuidad a las sabias políticas que encumbraron a una Navarra, hoy descabalgada de todos cuantos podios lideró, merced -vaya paradoja- a los gobiernos autoproclamados de progreso.

En este escenario, el trasvase de votos es mayormente esperable entre los partidos de un mismo bloque; el que integran la izquierda y los nacionalistas, por un lado, y la derecha, por otro. El PSN parece no darse cuenta de la que se le viene encima. Y es que, en su atolondrado empeño por blanquear a Bildu, sin esperar siquiera a que estos recorran el largo trecho que les queda para ser homologables en democracia, están engordando a un adversario que acabará comiéndoles por las patas. Javier Remírez, para justificar la moción pamplonesa, publicaba recientemente un artículo tan laudatorio para con Bildu que parecía escrito por el mismísimo jefe de propaganda abertzale.

El PSN está, en efecto, cavando su propia tumba. Ya lo ha hecho en el Ayuntamiento capitalino, donde resulta inimaginable un alcalde socialista en el corto, medio y largo plazo. Y lo mismo va camino de suceder en el Parlamento foral. En los últimos comicios, si bien conservaron sus escaños, los socialistas perdieron miles de votos. Los devaneos nacionalistas de Chivite y, sobre todo, el innegable fracaso de su gestión, reflejado en los datos comparativos del desempleo, así como en la acusada degradación de los servicios públicos, juegan en contra de la cirbonera. Bildu, por su parte, aumentó en votos y porcentaje, sumando también aquí un parlamentario más. De mantenerse esta tendencia, los abertzales no tardarán en ser la primera fuerza “progresista” de Navarra, lo cual, conforme al nuevo mantra, los llevará a liderar el Gobierno foral. Navarra y Pamplona acabarán así en manos de los herederos de ETA gracias a la miopía del PSN, con los votos por estos cosechados en la nada nacionalista Ribera, y ante el silencio cómplice de aquellos socialistas que, aun no comulgando con la deriva suicida de su partido, carecen de valor para decirle al Rey que va desnudo.

Y Esporrín, Chivite y Curiel, con impostadas sonrisas, brindando con champán. Me pregunto si hay motivos para ello, pues la traición a la palabra dada invita más a la vergüenza que a la celebración.

Los socialistas pamploneses se han sumido en la más absoluta irrelevancia. No están ni en el gobierno, ni en la oposición. Al no implicarse en las labores ejecutivas -a diferencia de Geroa Bai y Contigo Zurekin- no podrán capitalizar los éxitos que eventualmente se logren. Los fracasos de Asirón -que llegarán, pues la cabra siempre tira al monte- les serán en cambio reprochados, por haberlo elegido alcalde. El PSN, rehén de su torpeza, está condenado a hacer seguidismo de cuanto impongan los nacionalistas para no provocar la parálisis que tanto reprocharon a Ibarrola.

Ignoro a qué candidato inmolarán los socialistas en las lejanas elecciones locales de 2027. Lo mismo a Elma Saiz le da por reírse una tercera vez de su ciudad. Le sugiero al infortunado que, preguntado sobre posibles pactos, calle acogiéndose a la Quinta Enmienda, salvo que tenga el arrojo de reconocer que hará lo que Ferraz ordene, pues este chusco episodio evidencia que, para el PSOE, Pamplona no es sino una carta a entregar al mejor postor.

Entre tanto, Bildu regresa a la carga con el agresor Abaurrea como gran capo, gracias a los serviles Xavier Sagardoy, Marina Curiel, Eloy Del Pozo y Nuria Medina. Preparémonos para otra ración de políticas identitarias, pugnas lingüísticas y trato de favor a entidades batasunas. Vuelve una Iruña más pueblerina y menos libre, de la mano de unos socialistas embusteros que han saldado sus deudas rindiendo a los proetarras la joya de la Corona de la Euskal Herria a la que irremisiblemente nos conducen. Y encima brindan, los tíos…

El pleno en el que se aprobó la moción fue de lo más revelador respecto de lo que se nos viene encima. Lo presidió Koldo Martínez, el edil de más edad que, curiosamente, se hará cargo de la concejalía de Juventud. Convendrán conmigo en que si algo hay sagrado en democracia es la libertad de expresión. Pues bien, el talante totalitario de quienes regirán la sombría Pamplona que nos espera se evidenció a las primeras de cambio cuando Martínez, que en todo momento se condujo con un autoritarismo innecesario, redujo unilateralmente el ya de por sí pírrico tiempo previamente acordado por la Mesa para que Ibarrola interviniera. Había que acallar como fuera a quien denunciaba alto y claro tamaño fraude.

A lo anterior se añade el papelón de la portavoz socialista que, tras engañar a sus votantes, tuvo el santo cuajo de justificar el nombramiento de Asirón ¡apelando a la ética! Hay que reconocer, finalmente, la astucia de los abertzales propiciando que todo el marrón de la infame moción se lo comieran los socialistas. Y es que Joseba renunció a su turno de palabra, dejando así que los traidores del PSN se cocieran solos en su propia salsa, balbuceando pretextos que todos -ellos los primeros- sabemos falsos… ¡Vaya cuatro canelos! Ha quedado nuevamente demostrado que cualquier batasuno de medio pelo da sopas con honda a la disciplinada carne de cañón socialista, a la que su empeño por salvar a su particular soldado Ryan deja al borde del mismísimo abismo. Merecido lo tienen.


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