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COMERCIO LOCAL

Jon, el navarro que dejó el sector de la publicidad para mantener la floristería de sus padres en Estella

La jubilación de Javier y María Jesús le abrió la posibilidad de regresar y continuar con la empresa familiar que va a cumplir 50 años.

Jon Ajona y Raquel en la Floristería Makoyana en Estella. Navarra.com
Jon Ajona y Raquel en la Floristería Makoyana en Estella. Navarra.com

Jon Ajona Villanueva tiene 44 años y lleva ocho al frente del negocio familiar que sus padres pusieron en marcha hace casi medio siglo. Este estellés ha regresado a sus orígenes después de desarrollar durante años una trayectoria profesional alejada de las flores, vinculada a la publicidad, la imagen, el diseño y el sector de la moda.

La Floristería Makoyana se encuentra actualmente en la calle Gustavo de Maeztu 2 de Estella, aunque durante 23 años estuvo situada en el paseo de la Inmaculada. Una conocida arteria comercial de la ciudad donde Navarra.com también ha contado las historias de establecimientos como el centenario bar El Ché, la librería Clarín o el establecimiento de comida para llevar El Zarapatel de Juan Luis Zaratiegui.

La historia de Makoyana comenzó en 1979 de la mano de los padres de Jon, Francisco Javier Ajona Barandalla y María Jesús Villanueva Lana, ambos naturales de Estella. Recién casados, decidieron emprender y abrieron su primera floristería en la calle Valdeallín 9. El nombre elegido para aquel nuevo negocio procedía de una planta de origen tropical.

Después de aquella primera etapa, la familia trasladó el negocio al paseo de la Inmaculada, donde permaneció durante 23 años. El último cambio llegó hace ocho años, coincidiendo con el relevo generacional, cuando Jon tomó las riendas y decidió instalar Makoyana en su actual establecimiento de la calle Gustavo de Maeztu. “Este local me gustaba más y en abril hemos hecho ocho años”, explica.

Jon trabaja actualmente acompañado por Raquel y Belén, las dos empleadas de la floristería, y se muestra satisfecho con la marcha del establecimiento. También ha observado cómo han aparecido nuevas costumbres entre sus clientes. Una de ellas tiene que ver con las graduaciones, una época en la que, según explica, se ha convertido en habitual regalar ramos de flores.

Sin embargo, hacerse cargo de la floristería familiar nunca había formado parte de sus planes cuando era joven. Su verdadera vocación estaba relacionada con la creatividad y la imagen. “Yo estoy bien, pero no es lo que soñé hacer. Cuando era joven quería trabajar en publicidad y para eso me preparé y trabajé durante años”, reconoce el estellés.

Esa inquietud le llevó a salir de Navarra para formarse en escuelas de diseño y negocio y desarrollar posteriormente su carrera profesional. Durante años trabajó en el sector de la moda, especialmente en tareas relacionadas con la imagen y el escaparatismo de grandes firmas, y pasó también una etapa de su vida en Madrid.

Su rumbo cambió cuando ya había superado la treintena. La jubilación de sus padres abrió la posibilidad de regresar a Estella y continuar con una empresa familiar que, hasta entonces, había pensado que desaparecería cuando ellos dejasen de trabajar. “Con treinta y pico años volver a Estella me parecía una buena opción para darle continuidad al negocio de mis padres. He acertado”, asegura.

La experiencia acumulada lejos de casa también ha influido en cómo contempla ahora su trabajo. Jon considera que cada etapa ha llegado en el momento adecuado. “Igual con 25 años estuve donde tenía que estar. Como he vivido otras experiencias, ahora estoy muy contento”, afirma sobre una decisión que le ha permitido recuperar sus raíces sin renunciar a todo lo aprendido anteriormente.

Sus padres también contemplan con satisfacción que aquel proyecto iniciado en 1979 continúa abierto. Jon reconoce que mantener un pequeño comercio durante tantas décadas no resulta sencillo y agradece especialmente la fidelidad de quienes siguen entrando en Makoyana. “Mis padres están contentos de que su emprendimiento siga hoy en día, que no es fácil en la situación en la que estamos”, señala.

El negocio también ha sabido adaptarse a las nuevas formas de llegar al público. Makoyana mantiene una presencia muy activa en las redes sociales, especialmente en Instagram, que utiliza tanto como escaparate de sus trabajos como para mantener una relación cercana con los clientes. Incluso han bautizado cariñosamente a sus seguidores como los “makoyaners”.

La mirada está puesta ahora en alcanzar el medio siglo de vida de Makoyana. “Casi 50 años se van a cumplir y lo vamos a celebrar. Confío en que llegaremos y lo celebraremos como se merece”, asegura Jon. Una tercera generación parece por ahora más lejana, ya que no tiene hijos, sus sobrinas todavía son jóvenes y su hermano Xabier trabaja en el sector turístico, pero el antiguo sueño de sus padres sigue vivo en Estella gracias a aquel hijo que salió para dedicarse a la publicidad y terminó regresando a casa para ponerse al frente de la floristería familiar.

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