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COMERCIO LOCAL

El sorprendente cierre de una conocida gasolinera de Pamplona después de 40 años: estas son las razones

Rubén Istúriz lleva vinculado al establecimiento desde su apertura en 1985, cuando su familia tuvo que enfrentarse a las protestas de algunos vecinos.

Imagen de la gasolinera situada en la calle Esquiroz de Pamplona. Navarra.com
Imagen de la gasolinera situada en la calle Esquiroz de Pamplona, cerrada con una valla. Navarra.com

Los conductores que acostumbran a repostar en una de las gasolineras más conocidas de Pamplona se han encontrado estos días con una imagen inesperada: las instalaciones están cerradas y rodeadas de vallas. Después de más de cuatro décadas atendiendo a los vecinos, el establecimiento ha bajado temporalmente la persiana.

Se trata de la gasolinera situada en la calle Esquiroz 43, junto a la avenida de Navarra, en el barrio de Iturrama. Un negocio familiar que abrió sus puertas en agosto de 1985 y que se ha convertido en un establecimiento muy conocido para varias generaciones de pamploneses.

La explicación de este cierre aparece en un cartel colocado en las propias instalaciones: "Cerrado temporalmente. Reformas. Disculpen las molestias". El aviso incluye un número de teléfono de contacto, aunque no concreta cuánto tiempo permanecerá cerrada la estación de servicio ni cuándo volverá a abrir.

Detrás de esta gasolinera hay una historia familiar que comenzó hace más de 40 años y que tiene como protagonista a Rubén Istúriz, su cara más conocida. Un hombre que empezó a ayudar a su padre siendo prácticamente un niño y que llegó incluso a dormir en las obras del establecimiento para vigilar si aparecían los vecinos que se oponían a su construcción.

La gasolinera de Iturrama que abrió entre las protestas vecinales

La historia se remonta a agosto de 1985, cuando la familia Istúriz puso en marcha la estación de servicio. Sus promotores fueron Ángel Istúriz, padre de Rubén, y su tío José Antonio, ambos procedentes de Abárzuza.

El proyecto, sin embargo, no estuvo exento de dificultades. Inicialmente habían pensado instalar la gasolinera en San Jorge, pero finalmente eligieron una parcela de Iturrama, muy cerca de varios bloques de viviendas. La decisión provocó las protestas de algunos residentes, que temían los riesgos de tener una estación de servicio junto a sus casas.

En una entrevista concedida a Navarra.com en 2021, Rubén recordaba aquellos primeros momentos y explicaba cómo había vivido personalmente la oposición vecinal.

"Yo, con 13 años, estaba aquí durmiendo en la estructura para avisar si venían los vecinos", relataba el gasolinero sobre una experiencia difícil de olvidar. La situación terminó normalizándose. Con el paso de los años, aquella instalación que despertaba recelos se convirtió en un servicio cotidiano para los residentes.

"Una vez que se montó hubo un poco de oposición vecinal. Los vecinos no querían que se abriera. Con el tiempo se quitaron ese miedo y ahora entiendo que están encantados de que esté aquí porque se les da un servicio más a la ciudad", explicaba.

Rubén incluso recordaba con humor cómo algunos de aquellos vecinos habían cambiado completamente de opinión: "Algunos me dicen 'con lo que protestamos, lo bien que nos viene'".

Rubén Istúriz, toda una vida detrás del mostrador

La vinculación de Rubén Istúriz con la gasolinera de Iturrama comenzó mucho antes de que tuviera edad para trabajar. Con 13 y 14 años ya acudía los fines de semana para ayudar a su familia. Después, a partir de los 18 o 19 años, comenzó a trabajar prácticamente todos los días en el establecimiento.

Así ha transcurrido buena parte de su vida profesional, viendo cómo cambiaban las calles, los edificios y, especialmente, las personas que acudían a repostar. "Se ha visto crecer el barrio y a la gente también. Me siento un poco del barrio", confesaba Rubén, natural de Estella, casado y padre de cinco hijos.

Su relación con los clientes siempre ha ido más allá de llenar el depósito o cobrar un repostaje. "La gente ya nos conocemos, hay confianza, y estamos totalmente integrados en el barrio. Mi impresión es que están contentos de estar cerca de casa", explicaba en aquella entrevista.

Ese contacto diario le ha permitido conocer de primera mano la transformación de Iturrama, un barrio que también ha cambiado mucho desde mediados de los años ochenta.

De los trabajadores que repostaban a diario a un barrio que envejece

Rubén recordaba que, durante muchos años, buena parte de sus clientes eran trabajadores que utilizaban el coche todos los días para desplazarse a sus empleos. Después llegaron sus hijos, que crecieron, obtuvieron el permiso de conducir y comenzaron a utilizar también la gasolinera familiar.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el negocio ha ido percibiendo los cambios demográficos del barrio. "Me da un poco de pena porque se ve que el barrio está envejeciendo, pero seguimos contentos", reconocía el gasolinero.

También explicaba que muchos de aquellos clientes habituales se habían jubilado y sus hijos ya no residen en la zona. "Ahora se nota que la gente se ha jubilado y esos hijos han desaparecido del barrio. Yo noto que se está envejeciendo y parece que no hay ese trasiego de gente de antes que iba a trabajar", reflexionaba.

Pese a estos cambios, Rubén aseguraba que disfrutaba especialmente del trato personal con los clientes, muchos de los cuales se habían convertido en auténticos conocidos después de tantos años.

Enrique Martín Monreal, uno de los clientes más conocidos

Entre las muchas personas que han pasado por la estación de servicio figura un nombre especialmente querido por los aficionados de Osasuna: Enrique Martín Monreal, exjugador y exentrenador del conjunto rojillo. En la zona de cobro de la gasolinera se podían encontrar fotografías del histórico osasunista, con quien la familia mantenía una relación de confianza.

"Somos rojillos a muerte. Martín es un cliente de toda la vida y tenemos confianza con él", explicaba Rubén. El gasolinero recordaba incluso una pequeña broma que se había convertido en una tradición cada vez que Martín acudía con su vehículo.

"Cada vez que pasa hablamos del tiempo, que suele ser un comentario muy normal con los clientes. 'Lloverá o no'... nos decía él cada vez que pasaba con el coche y nosotros respondíamos 'Si sigue así...'. Teníamos esa broma con él", contaba.

Y añadía una reflexión que resume la relación que había construido con los clientes durante tantos años: "Como Martín hay mucha gente con la que haces amistad".

Una gasolinera familiar con raíces en Estella y Abárzuza

La historia del establecimiento también está marcada por el relevo generacional. Sus fundadores fueron Ángel Istúriz y su hermano José Antonio, que impulsaron el negocio familiar después de descartar su primera ubicación en San Jorge.

Ángel falleció un 2 de octubre, a los 87 años, mientras que José Antonio murió un 21 de octubre, a los 83 años. Tras su fallecimiento, la propiedad quedó en manos de los tres hermanos Javier, Ángel y Rubén Istúriz, todos naturales de Estella.

"Ahora somos los hermanos, Javier, Ángel y yo los dueños de la gasolinera", explicaba Rubén en la entrevista de 2021. Sus dos hermanos trabajaban entonces en la gasolinera de Zaldu, en Estella, situada en la salida hacia Zubielqui, que también dispone de un pequeño bar.

Mientras tanto, Rubén continuaba atendiendo a sus clientes de Iturrama, donde llevaba trabajando desde la apertura del negocio. Ahora, más de 40 años después de aquel agosto de 1985, la estación de servicio de la calle Esquiroz permanece cerrada temporalmente por reformas, con las instalaciones valladas y el cartel informativo colocado para los conductores que se acercan a repostar.

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