Henry Ricardo Rodríguez Caero llegó a Pamplona sin conocer a nadie. Diez años después, asegura que buena parte de quienes cruzan la puerta de su tienda ya no son solo clientes: son amigos.
Este ingeniero informático boliviano de 51 años está al frente de Iturmática, un pequeño negocio especializado en la reparación de ordenadores y accesorios situado en el número 19 de la calle Fuente del Hierro, en pleno barrio pamplonés de Iturrama.
El establecimiento se encuentra muy cerca de la nueva cafetería Claro, instalada en un local que anteriormente había sido una pizzería. Henry abre de lunes a viernes, de 8 a 14 horas, después de una trayectoria profesional que comenzó muchos años antes de llegar a Navarra.
Antes de instalarse en Pamplona pasó 14 años en Andalucía, fundamentalmente en Huelva. El salto a Navarra llegó acompañado de toda su familia y con una incertidumbre importante: “No conocíamos a nadie en Pamplona y desde el primer momento la experiencia ha sido muy agradable”.
Una familia que ha hecho su vida en Pamplona
Ahora comparte parte del trabajo en la tienda con su hija Daney, de 22 años, que ha terminado sus estudios de informática en el instituto Cuatrovientos de Pamplona. “Estos cuatro meses está ayudándome”, explica orgulloso.
Henri y su esposa, Daniela, tienen tres hijos. Además de Daney están Camila, que estudia Arte, y Andrés, formado en electricidad y que trabaja en mantenimiento en la CUN. Daniela, por su parte, es enfermera y, según destaca Henri, tiene “una gran vocación de ayudar”.
La familia vive en la zona de Cuatrovientos, en el barrio de la Rochapea. Henri habla de su entorno con humor y asegura que reside “en la misma rotonda donde acontecen todos los enigmas de la humanidad, como choques, gritos… pero muy bien”.
Su llegada a Navarra estuvo muy meditada. “Vinimos de Huelva por la diferencia social que existe en cada comunidad”, recuerda. En su opinión, Navarra mantiene una cultura muy ligada “a lo intelectual, al crecimiento y a la superación”, un planteamiento que terminó convenciendo a la familia.
Ordenadores que otros darían por perdidos
Su formación le permite abordar reparaciones que van más allá de sustituir una pieza por otra. Henri es ingeniero informático y también ha estudiado electrónica, una combinación que considera fundamental cuando entra en el taller un ordenador con problemas complejos.
“Puedo moverme tranquilamente en el área de desarrollo de sistemas. Conozco los pasos y la metodología de todos los componentes electrónicos del hardware”, explica Henry. Por eso, asegura que pueden ofrecer soluciones para todo tipo de equipos.
Especialmente delicados son los ordenadores antiguos. “No solo es cambiar piezas. Hay equipos antiguos en los que solucionamos el problema de la placa base”, señala. También vende accesorios con garantía y productos que, según precisa, cuentan con precios autorizados y homologación de la Unión Europea.
Esa filosofía también marca la relación posterior con sus clientes. Henri explica que, aunque las garantías legales dependen de distribuidores y fabricantes, en Iturmática han intentado siempre encontrar una solución cuando aparece algún problema. “Nunca hemos cerrado la puerta a resolver cualquier incidente o inconveniente, tenga o no garantía, de la mejor forma”.
Clientes de Pamplona, pero también de Andalucía
Diez años de trabajo han generado una relación muy especial con muchas personas de Iturrama y de otros puntos de Pamplona. “Los clientes que tenemos son muy amplios y son amigos. Te cuentan sus anécdotas. Hay confianza mutua”, relata Henry.
Pero algunos encargos recorren cientos de kilómetros. La familia sigue conservando clientes de Sevilla y Huelva, donde trabajó anteriormente. “Nos mandan sus equipos y algunos vienen incluso personalmente a visitarnos”, asegura.
El camino no ha sido sencillo. La familia ha avanzado “muy poco a poco” y tuvo que afrontar el golpe de la pandemia. Henry recuerda que la etapa del Covid fue especialmente dura y asegura que incluso la erupción del volcán de La Palma terminó afectando indirectamente al negocio.
Aun así, su valoración de estos diez años en Pamplona no deja lugar a dudas. “Aquí estoy muy contento. La gente es maravillosa. Es muy agradable integrarse con ellos. La tienda cada vez va a mejor y hay mayor confianza y un mejor desarrollo interactivo con el cliente, tanto personal como profesional”.
La familia todavía no ha podido regresar a Bolivia desde que comenzó esta etapa. Mientras tanto, Navarra se ha convertido en su hogar. Henri reconoce que se siente “muy pamplonés”, además de declararse devoto de San Fermín y de “las buenas costumbres”.
Y resume toda una década lejos del lugar en el que nació con una frase sencilla: “Queremos cada vez más a Pamplona. Es lo mejor que hemos visto”.