COMERCIO LOCAL
Fernando cumple 40 años en su tienda de instrumentos de viento en Pamplona: "Esto me ha dado la vida"
“Si digo que me jubilo, me matan primero los clientes y, en segundo lugar, mis hijas”, asegura bromeando.
Fernando Lacunza Tolosana lleva cuatro décadas al frente de una tienda muy singular en el Casco Viejo de Pamplona. Su establecimiento, especializado en la venta y reparación de instrumentos de viento, se ha convertido en un negocio de referencia para músicos de toda Navarra y en uno de esos comercios que mantienen vivo un oficio cada vez menos habitual.
La tienda Haizea está situada en el número 56 de la calle Mayor, muy cerca de otros establecimientos tradicionales del centro de Pamplona como la floristería Lislore de Nekane Yeregui o la mercería Ferrán de Paqui Etayo. Fernando llegó a este local en 1986, aunque su trayectoria profesional había comenzado cinco años antes en San Lorenzo, donde trabajaba en una pequeña tienda dedicada también al mundo de la música.
“Estoy en la música desde que tenía 14 años y en esta misma tienda desde el año 1986”, ha recordado. Desde entonces, ha atendido a clientes llegados de distintos puntos de Navarra. “Nos compra todo Navarra, desde la Montaña a la Ribera”, ha asegurado Fernando, que siempre ha defendido la calidad del producto y, sobre todo, la importancia del servicio técnico.
El negocio comenzó precisamente desde la reparación. El pamplonés Fernando ha explicado que inicialmente se dedicaban a arreglar instrumentos y que fue la propia demanda de los clientes la que les llevó después a ampliar la actividad. “Empezamos de reparadores y, ante la demanda de la gente, empezamos a vender”, ha señalado.
Después de tantos años trabajando, Fernando sigue disfrutando detrás del mostrador a sus 78 años. Actualmente se encuentra como jubilado activo, una fórmula que le permite continuar trabajando y mantener el contacto con sus clientes. “Me lo paso muy bien. Me da una ocupación y me entretiene”, ha explicado.
La posibilidad de cerrar la tienda tampoco parece cercana mientras conserve la salud y las ganas de continuar. Fernando incluso bromea con esa idea: “Si digo que me jubilo, me matan primero los clientes y, en segundo lugar, mis hijas”. Asegura además que el relevo generacional no siempre es sencillo en trabajos tan especializados.
El oficio exige mucha precisión y conocimientos técnicos. Fernando trabaja con materiales como latón, plata y oro y considera que la creatividad y el ingenio resultan fundamentales para resolver determinadas reparaciones. También ha advertido del intrusismo que existe en este tipo de trabajos y de las malas reparaciones que en ocasiones llegan a su taller.
A la hora de hacer balance, Fernando se muestra satisfecho con el camino recorrido. “Este oficio y esta tienda me han dado la vida y me han permitido ser una persona conocida y respetada en el oficio”, ha destacado. Aunque estudió Sociología, su trayectoria profesional terminó vinculada completamente a la música.
Su afición comenzó en la familia. Su hermano Javier necesitaba un compañero para tocar la gaita y Fernando empezó así a introducirse en el mundo musical. Su padre, José, tenía una gran habilidad manual y juntos comenzaron a fabricar boquillas y gaitas, dando los primeros pasos de una actividad que después acabaría convirtiéndose en profesión.
Fernando también pasó una etapa importante fuera de Navarra. Vivió diez años en París, donde tocó el saxofón y trabajó en talleres especializados en la reparación de instrumentos. Cuando regresó a Pamplona decidió abrir su propio pequeño taller, en una época en la que apenas existían negocios de este tipo en la ciudad.
Aquellos primeros años fueron especialmente buenos para el sector. “Fueron unos años gloriosos”, ha recordado. Ahora, sin embargo, considera que el interés por la música ha disminuido entre los más jóvenes. “Los chavales están con el móvil y con muchas otras actividades culturales”, ha señalado al comparar aquella época con la situación actual.
Pese a todo, Fernando tiene claro que seguirá en Haizea mientras pueda. “Mientras haya salud y tenga ánimos, seguiremos. Además, me lo paso bien”, ha afirmado. Las buenas opiniones de sus clientes respaldan además su trabajo, con reseñas que destacan su amabilidad, el asesoramiento, la profesionalidad y la calidad de las reparaciones realizadas durante estos 40 años en el corazón de Pamplona.