• domingo, 08 de febrero de 2026
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COMERCIO LOCAL

El pamplonés que deja el mundo del automóvil y se dedica a su gran afición: "He notado mucho el cariño de la gente"

“Lo que más destacamos aquí es la transparencia y la visibilidad que le damos al cliente. Yo les explico todo”, asegura.

Alfredo Echeverría junto a su tienda donde compra oro, joyas y relojes en Pamplona. Navarra.com
Alfredo Echeverría junto a su tienda donde compra oro, joyas y relojes en Pamplona. Navarra.com

Alfredo Echeverría Borja, pamplonés de 32 años, se ha pasado media vida laboral rodeado de coches en Navarra. Concesionarios, ventas, rutinas largas y ese runrún de “¿y si…?”. Después de 13 años en el mundo del automóvil, frenó en seco y cambió de carril: dejó los motores para dedicarse a lo que llevaba dentro desde chaval, las joyas y, sobre todo, los relojes. “He cumplido un sueño”, confiesa.

Ese sueño ya tiene escaparate: hace unas semanas abrió La Central, una tienda dedicada a la compra de oro, joyería y relojes, en la avenida de Bayona, 36, en Pamplona. Está muy cerca de otros comercios que ya han pasado por esta sección de comercio local. Y él, que venía de otro sector, se encontró de golpe con algo que le enganchó desde el primer día: el trato directo, la cercanía y el pulso de barrio.

Su historia no empieza ahora. Tiene pasado… y apellido. Alfredo se define como pamplonés “de toda la vida”: “Mi madre Ruth es de Aranda de Duero y mi padre Modesto es de aquí”. Pero el guiño decisivo lo heredó de casa. Su abuelo, Alfredo Echeverría Jiménez, tuvo joyería en el barrio de la Rochapea y antes se dedicó a la peletería. Él, con 15 o 16 años, ya estaba por allí cada tarde. “Yo estaba en su tienda por las tardes haciendo las tareas cuando salía del colegio. Todas las tardes iba a estar con él”, recuerda.

Entre deberes, mostradores y conversaciones, se fue quedando con un mundo que le fascinaba. “Me ha encantado mucho el mundo de la joyería, el oro y los diamantes”, explica. Y lo de los relojes no es un detalle: es casi una declaración de intenciones. “Soy un fanático de los relojes. Me gusta indagar y saber más cada día”.

Pese a esa afición, su vida profesional tiró durante años por otro lado. “Desde que terminé de estudiar he trabajado en muchos concesionarios durante 13 años”, cuenta. El trabajo le dio estabilidad, pero también cansancio: “Era un poco pesado hasta que me he aventurado a abrir esto”. La idea rondaba, pero lo que terminó de empujarle fue dar con el local y sentirse cómodo con la zona. “Cogí este local hace unos meses. Me gusta su ubicación, la gente y he abierto hace unas semanas”.

Eligió el barrio de San Juan por una mezcla de intuición y experiencia. “Las personas del barrio son muy cercanas, que es muy fácil llegar a ellas y eso me animó a abrir en esta zona”, comenta. Y el local le entró por los ojos sin discusión: “Este local que hace esquina me encantó. Estoy muy contento e ilusionado”, dice, todavía con esa energía de quien está empezando algo propio.

Además, el día a día lo tiene a tiro de piedra. Su mujer trabaja desde hace cinco años en otra tienda muy próxima, en la avenida de Bayona, 2, Las bellas de Esther, un negocio de uñas. Así que Alfredo ya conocía bien el movimiento de la zona, el vecindario y ese “hola” constante que, en un barrio, pesa más que cualquier campaña.

En La Central compran oro “de diferentes calidades y en cualquier estado”, según explica. Y la lista es más amplia de lo que muchos imaginan: “Hasta lingotes, que ya hemos comprado alguno, onzas de oro y todo el tema de plata como cubertería, joyería, bandejas, candelabros y todo ese tipo de cosas”. También trabajan con diamantes y con relojes, el terreno donde Alfredo se siente como pez en el agua.

Ahí sale su parte más meticulosa, casi de artesano. “Me encanta desmontar los relojes, comprobarlos, verlos por dentro”, relata. Y remata con lo que le engancha del oficio: “Las joyas, el fundir, el engarzar las cosas”. No habla como quien ha aterrizado por oportunidad, sino como quien llevaba años esperando el momento.

La apertura, además, le está saliendo con ese punto humano que no se compra. “Toda la familia tiene negocios y yo también me he decidido”, señala. Y en el arranque ya ha notado la respuesta del barrio: “Sé que ha generado expectación y he notado mucho el cariño de la gente, que hasta me traen un café algunas veces”. También ha visto el efecto boca-oreja: “Clientes que han repetido y me han traído familiares y conocidos”.

En cifras, el inicio también le anima: “Ya tenemos 18 reseñas en Google para el poco tiempo que llevamos abiertos”, comenta. Y muchas de esas valoraciones, según destaca, se apoyan en la misma idea: hacer el proceso claro, sin letras pequeñas y con confianza.

Ese es, precisamente, su argumento de venta. “Lo que más destacamos aquí es la transparencia y la visibilidad que le damos al cliente. Yo les explico todo”, asegura. Describe el procedimiento paso a paso: “Le pasamos el imán, el peso está a la vista y le informo del procedimiento. Se le pesa y se le dice el precio”. Y añade cómo trabajan: “Vendemos directamente a fundición y podemos ofrecer los mejores precios del mercado. Pagamos muy alto y basado en la cercanía al cliente. Un entorno confiable y que el cliente se sienta seguro de que todo se hace bien”.

Las reseñas que cita refuerzan ese mensaje. Una clienta escribe: “Muy contenta con el trato que he recibido. He visto una gran profesionalidad. Todo por escrito y contratos de por medio, lo que me ha dado mucha garantía y fiabilidad. Además me lo han valorado y pagado mucho mejor de lo que esperaba sacar. Ya que en otros sitios me lo han tasado en muchísimo menos”.

Otra valoración apunta en la misma dirección: “Increíble atención y trato. Ha sido muy cómodo tratar con ellos, muy fácil y rápido. Sin duda la mejor tasación que me han dado en toda Pamplona. Añadiendo que la ubicación está genial y el local muy bonito”.

Con el negocio ya en marcha, Alfredo no se queda quieto. Tiene más ideas en la cabeza y no las esconde: “Dentro de poco quiero abrir un cara al público de joyería y alguna tienda más”, adelanta. Por ahora, eso sí, disfruta del cambio y del salto que llevaba años madurando: dejar los coches atrás y ganarse la vida con lo que de verdad le apasiona.

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