COMERCIO LOCAL
De trabajar en Inglaterra y Estados Unidos a coger el relevo de su padre en una tienda de Pamplona
“Trabajé con mi padre en la tienda con la excusa de informatizarla y me empezó a picar el negocio", asegura.
Maitane Salinas Díez de Ulzurrun no tenía previsto dedicarse al negocio familiar. Estudió, se marchó al extranjero, se especializó en comercio internacional y llegó a trabajar en aquello para lo que se había formado. Sin embargo, una colaboración inicialmente puntual con su padre terminó cambiando por completo sus planes profesionales. Hoy, con 44 años, es la responsable de Electricidad Iñaki, un comercio de barrio con más de cuatro décadas de historia en Pamplona.
La tienda está situada en el número 10 de la calle Martín Azpilicueta, en pleno barrio de San Juan, una de las zonas comerciales más conocidas de Pamplona. Electricidad Iñaki es uno de esos establecimientos de proximidad en los que los vecinos encuentran soluciones para pequeñas necesidades del hogar, pero también asesoramiento personal. Su padre, Iñaki Salinas Olcoz, se hizo cargo del negocio hace más de 40 años y, cuando se jubiló hace aproximadamente una década, Maitane tomó el relevo como segunda generación de la familia.
Maitane lleva ya 14 años trabajando en la tienda y asegura que quiere seguir durante mucho tiempo. “Tengo intención de jubilarme aquí, igual que mi padre”, afirma. Se muestra satisfecha con la relación que mantiene con los clientes y con la vida comercial del barrio. “Estoy contenta con la gente. Muy bien. Es un barrio de calle y la gente todavía compra en el barrio. Nos visita y nos cuenta sus dudas”, explica sobre una clientela que, en muchos casos, lleva años confiando en el establecimiento.
Ese trato directo con los vecinos es precisamente una de las razones por las que ha terminado haciendo suyo un trabajo que inicialmente no entraba en sus planes. Maitane reconoce que mantener un pequeño comercio exige mucha dedicación. “Se puede vivir de esto, pero cuesta trabajo. Hay que estar siempre al pie del cañón y estar con las novedades a la última”, señala. La atención personalizada y el conocimiento del producto forman parte de una forma de trabajar que ha pasado de padre a hija.
En Electricidad Iñaki se puede encontrar una amplia variedad de artículos relacionados con la iluminación, la electricidad y las necesidades cotidianas del hogar. “Tenemos pilas, bombillas, linternas, pequeño electrodoméstico, relojes de cocina, ventiladores, ventiladores de techo, alargaderas, lámparas de pie, enchufes, interruptores, reguladores y bases múltiples”, enumera. Maitane cuenta además con dos empleadas que trabajan a turnos, mientras ella se ocupa del apoyo en la tienda y de buena parte de la relación con los proveedores.
Su recorrido hasta llegar detrás del mostrador ha sido muy diferente al que podría esperarse de alguien que ha terminado heredando un negocio familiar. Maitane estudió Secretariado de Dirección en San Sebastián y después continuó su formación fuera de España. “Me fui a Inglaterra y Estados Unidos a estudiar Comercio Internacional y Contabilidad”, recuerda. Incluso trabajó durante un tiempo en el sector para el que se había preparado antes de plantearse cualquier posibilidad de regresar al comercio de su padre.
El acercamiento a Electricidad Iñaki llegó casi por casualidad. Maitane comenzó a ayudar a su padre con la intención de modernizar el establecimiento. “Trabajé con mi padre en la tienda con la excusa de informatizarla y me empezó a picar el negocio, el cliente, el detalle, el cuidado al vecino a pie de calle y me quedé”, relata. Poco a poco comenzó a interesarse por los productos, por la relación con los clientes y por el funcionamiento diario de una tienda con décadas de historia.
Aquella ayuda terminó convirtiéndose en una decisión profesional. “Me picó el gusanillo de informatizar la tienda de mi padre en los ratos libres y le cogí el gusto a todo el material. Dije que merecía la pena. Dejé mi primer trabajo y me volqué en este. No fue traumático”, asegura. Aunque su padre quería que continuara con el negocio, Maitane subraya que nunca la obligó a hacerlo y que su incorporación definitiva fue una decisión personal.
“Mi padre quería que siguiera sus pasos. Yo no estaba por la labor y me especialicé en lo que a mí me gustaba. Luego volví porque me pareció oportuno, no porque él me lo exigiera. Fue más vocacional que otra cosa”, explica. Maitane es hija única y reconoce que su padre está encantado de que haya dado continuidad al comercio. Además de Electricidad Iñaki, actualmente también está al frente de otro negocio en la misma zona, el Estanco 29 de Martín Azpilicueta.
La ubicación ha sido otro de los factores que han ayudado a mantener vivo el negocio. Maitane destaca que Martín Azpilicueta sigue teniendo un fuerte carácter comercial y mucho movimiento peatonal. “Tenemos la suerte de que esta es una calle muy peatonal, muy comercial y la gente nos conoce desde hace más de 40 años y nos recomienda”, explica. Esa confianza construida durante décadas se traduce en clientes que regresan y en nuevas personas que llegan gracias al boca a boca. “La gente es muy fiel y repite”, resume.
Maitane tiene además tres hijas pequeñas y no descarta que algún día pueda producirse un nuevo relevo generacional, aunque considera que todavía es demasiado pronto para saberlo. Su hija mayor tiene 12 años y las tres disfrutan pasando por el establecimiento. “Les gusta mucho venir a ayudar y a trastear, pero no sé si dentro de 15 años estarán preparadas”, señala. En cualquier caso, tiene claro que no quiere condicionar su futuro profesional.
“Me gustaría que hicieran como yo, que primero estudien lo que ellas quieran o les guste y, si luego quieren venir y probar, adelante. Que sea su elección y no porque yo las dirija hacia esto”, afirma. Mientras llega ese momento, Maitane continúa al frente de un comercio que mantiene una clientela muy fiel y acumula buenas reseñas por su atención y asesoramiento. Más de 40 años después de que su padre se hiciera cargo del negocio, ella ha encontrado allí un lugar que tampoco estaba en sus planes iniciales, pero del que ahora no quiere marcharse: “Quiero jubilarme aquí”.