La beatificación de dos navarros, Manuel Arizcun Moreno y el hermano carmelita Ruperto de la Cruz, ha tenido lugar este sábado 7 de noviembre en la Catedral de Santander. Ambos han sido elevados a los altares junto a otros 78 mártires de la persecución religiosa de 1936 y 1937 en aquella diócesis.
La ceremonia ha contado también con presencia navarra, gracias a una peregrinación organizada por la diócesis de Pamplona. El viaje ha estado acompañado por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, en una jornada de especial significado para la Iglesia navarra.
La expedición tenía programada su salida de Pamplona a las 6.45 horas desde la iglesia de San Lorenzo. El programa incluía la asistencia a la beatificación en Santander, tiempo libre en la ciudad, una comida en Ampuero y una visita al Santuario de la Bien Aparecida.
La beatificación de Manuel Arizcun y Ruperto de la Cruz ha permitido recordar la historia de estos dos navarros asesinados en 1936 por sus convicciones religiosas. Ambos forman parte del grupo de 80 mártires reconocidos por la Iglesia católica.
Uno de los protagonistas de la jornada ha sido Manuel Arizcun Moreno (1892-1936), que se ha convertido en el primer padre de familia de origen navarro elevado a los altares. Fue el quinto hijo de una familia originaria del Valle de Baztán y estuvo casado con Pilar Zozaya, con quien tuvo nueve hijos.
Arizcun desarrolló su carrera profesional en el Ejército, donde alcanzó el grado de comandante de Estado Mayor. Sin embargo, en 1931 decidió abandonar voluntariamente la vida militar, movido por sus convicciones religiosas.
Su actividad estuvo muy vinculada a la Iglesia de Navarra. Perteneció a la Hermandad de la Pasión del Señor de Pamplona, fue vicepresidente de la Asociación Católica de Padres de Familia de Navarra y, en 1934, asumió la presidencia de la junta diocesana de Acción Católica.
Su vida terminó trágicamente durante unas vacaciones familiares en Suances. Fue interrogado y detenido por sus creencias religiosas y posteriormente trasladado a la checa de Neila. Finalmente, fue arrojado vivo al mar en la bahía de Santander. Sus restos fueron recuperados y trasladados a Pamplona, donde recibieron sepultura en 1939 en la parroquia de San Agustín.
La beatificación de los dos navarros ha coincidido, además, con la reciente publicación de un libro dedicado a la vida de Manuel Arizcun. Su nieto, Gabriel Garralda Arizcun, ha reconstruido la historia familiar y religiosa de su abuelo en una obra que ya se encuentra disponible en varias librerías de Pamplona.
El libro, titulado Beato Manuel Arizcun Moreno (1892-1936), Padre de familia-Mártir de Cristo, cuenta con 164 páginas y más de cincuenta fotografías. La publicación recoge también una de las frases que Arizcun pronunció ante sus interrogadores: “Yo soy católico, y eso no me lo podéis arrancar ni con las pistolas”.