La Asociación Española Contra el Cáncer en Navarra ha reunido este jueves 24 de septiembre en Pamplona a empresas, instituciones, pacientes e investigadores para analizar cómo mejorar la respuesta frente al cáncer desde el entorno laboral, la humanización de la atención y la investigación.
La jornada, celebrada en la Cámara Navarra de Comercio e Industria, ha llevado por título "Humanización e Investigación: el compromiso de las empresas frente al cáncer". El encuentro ha buscado implicar al tejido empresarial navarro en el acompañamiento de las personas diagnosticadas y sus familias.
El presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer en Navarra, Rafael Teijeira, ha abierto la jornada destacando que las empresas pueden desempeñar un papel importante para mejorar la vida de las personas y avanzar hacia una sociedad más comprometida.
"Cuando hablamos de humanización, hablamos de poner a las personas en el centro, escuchar sus necesidades y acompañarlas de forma integral durante todo el proceso de la enfermedad", ha señalado Teijeira. A su juicio, en este compromiso las empresas tienen también un papel fundamental.
Uno de los principales asuntos abordados ha sido el impacto del cáncer en el entorno laboral. Se estima que cada año alrededor de 270.000 personas reciben un diagnóstico y que un 38% de ellas tienen entre 18 y 65 años.
Esto supone que más de 100.000 personas son diagnosticadas anualmente cuando todavía se encuentran en edad laboral. Una realidad que previsiblemente aumentará debido, entre otros factores, al incremento de la incidencia, la mejora de la supervivencia y el retraso de la edad de jubilación.
Ante esta situación, Marisa Villafranca, coordinadora de Atención a Pacientes y Usuarios de la Asociación Española Contra el Cáncer en Navarra, ha presentado un protocolo de actuación en las empresas ante el diagnóstico de cáncer de una persona trabajadora.
La herramienta ha sido desarrollada por la Asociación junto al Consejo General de la Psicología de España y pretende ayudar a las organizaciones a gestionar de forma adecuada las diferentes situaciones que pueden surgir después de un diagnóstico oncológico.
El cáncer puede provocar dificultades para mantener inicialmente la actividad laboral y para afrontar posteriormente la reincorporación al trabajo. También puede hacer necesarias adaptaciones del puesto o de los horarios y generar incertidumbre, pérdida de ingresos y falta de flexibilidad.
Además, sus consecuencias pueden extenderse al resto del equipo de trabajo y a la propia organización. Pueden aparecer cambios en las relaciones personales, en la organización de las tareas, en la productividad o en el clima laboral.
"Las empresas quieren ayudar, pero muchas veces no saben cómo hacerlo", ha explicado Villafranca. El protocolo pretende precisamente sustituir esa improvisación por una respuesta estructurada, con directrices y herramientas para atender las necesidades del trabajador, sus compañeros y la empresa.
La propuesta contempla un acompañamiento desde el prediagnóstico hasta el regreso al trabajo. Se apoya principalmente en mejorar el conocimiento sobre el cáncer dentro de las organizaciones y en acompañar al empleado mediante una comunicación abierta, cercanía, comprensión y las adaptaciones necesarias.
La vuelta al trabajo después de un cáncer
La jornada celebrada en Pamplona ha permitido también conocer las experiencias de varias personas que han atravesado un proceso oncológico mientras se encontraban en activo.
Juana ha explicado que después del tratamiento quería recuperar cuanto antes su rutina y su vida laboral, pero pronto comprobó que la vuelta no era tan sencilla. La reincorporación le provocó ansiedad ante las dudas sobre cómo responderían tanto ella como su cuerpo.
En su caso, necesitaba principalmente estabilidad en los horarios y una adaptación progresiva. "Cuando finalmente pude contar con un horario estable, sentí que empezaba una nueva etapa", ha relatado.
También ha reconocido que durante la reincorporación echó de menos conocer con claridad qué debía hacer y sentir un mayor acompañamiento. Aunque su empresa mostró empatía y trató de ayudarla, ha considerado que faltaban formación y herramientas para afrontar una situación de este tipo.
Con sus compañeros ocurrió algo similar. Ha agradecido que la trataran con normalidad, pero ha señalado que echó en falta un mensaje más explícito de apoyo. En su opinión, muchas veces el problema no es una falta de sensibilidad, sino no saber cómo reaccionar ante el cáncer de un compañero.
La experiencia de Óscar ha sido diferente. Después de seis meses, dos operaciones y un proceso de recuperación física y emocional, afrontó su regreso con incertidumbre y decidió no comunicar su diagnóstico en la empresa.
Así, ha ido gestionando sus necesidades durante la reincorporación laboral con el apoyo de la Asociación Española Contra el Cáncer, tratando de adaptarse a lo que ha definido como una nueva normalidad.
Por su parte, Paloma, secretaria de dirección, ha contado que inicialmente pensó que estaba preparada para volver, pero después comprobó que se había precipitado. Aunque físicamente podía desempeñar su trabajo, psicológicamente todavía necesitaba más tiempo para recuperarse.
"A veces pensamos que estar recuperados significa poder volver a nuestra vida de antes, pero el cáncer y sus tratamientos tienen un impacto que va mucho más allá de lo físico", ha afirmado.
Paloma sí ha destacado positivamente la respuesta de su empresa durante todo el proceso. Durante su baja se reorganizaron sus funciones y, cuando regresó, pudo ir recuperándolas de manera progresiva y sin presión, con el respaldo de la empresa y sus compañeros.
La Casa de la Vida, un espacio para acompañar a pacientes y familias
El segundo bloque de la jornada ha abordado la humanización de la atención a las personas con cáncer. La Asociación ha defendido una mirada integral que tenga en cuenta, además de las necesidades médicas, las dimensiones emocional, social y familiar de la enfermedad.
María Laviña ha presentado el Espacio Abierto AECC Navarra, conocido como la Casa de la Vida, concebido como un lugar de acogida, encuentro, acompañamiento y apoyo para pacientes y familiares.
El proyecto pretende trasladar de manera práctica el modelo de humanización que defiende la entidad. "Proyectos como la Casa de la Vida nos recuerdan que los espacios también pueden cuidar", ha explicado Laviña.
En torno a esta iniciativa se ha desarrollado un diálogo con Juan Mari Ayechu, director de Acción Social de Caja Rural de Navarra, y Alicia López de Ocáriz, directora médica de CINFA, dos organizaciones que colaboran con la Asociación.
La conversación se ha centrado en las alianzas entre empresas y entidades sociales, el acompañamiento de los pacientes más allá de los tratamientos y la necesidad de atender también a los familiares y personas cuidadoras.
La Asociación ha defendido que proyectos como la Casa de la Vida requieren sumar las capacidades de entidades sociales, administraciones, profesionales y empresas. El objetivo es que esa colaboración termine teniendo un impacto directo en el bienestar de pacientes y familias.
Ayechu ha definido la Casa de la Vida como un proyecto de gran importancia para Navarra y un referente en el conjunto de España. También ha destacado que el espacio está abierto a pacientes y familiares y que, al igual que el resto de servicios de la Asociación Española Contra el Cáncer, es gratuito.
Por su parte, López de Ocáriz ha recordado que CINFA lleva más de una década trabajando en iniciativas sociales dirigidas a pacientes. Ha defendido que una enfermedad o una discapacidad no define a una persona y ha subrayado la importancia de reconocer también a quienes acompañan y cuidan.
La directora médica ha señalado que no basta con escuchar y visibilizar los cuidados, sino que es necesario actuar mediante alianzas con entidades sociales capaces de generar impacto. En este contexto ha situado la colaboración de CINFA con la Asociación Española Contra el Cáncer.
Investigación para superar el 70% de supervivencia en cáncer
El último bloque se ha dedicado a la investigación en cáncer, coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Investigación en Cáncer. José Antonio Páramo, vicepresidente primero de la Asociación Española Contra el Cáncer en Navarra, ha introducido este espacio.
La conversación ha abordado cómo los avances científicos pueden convertirse en nuevas posibilidades de diagnóstico y tratamiento y contribuir al aumento de la supervivencia de las personas con cáncer.
La Asociación Española Contra el Cáncer mantiene como objetivo contribuir a que la supervivencia en cáncer supere el 70% en 2030, apoyando una investigación de calidad y tratando de facilitar que sus resultados puedan llegar a los pacientes.
En este bloque han participado Carmen Berasain, investigadora principal del grupo de Hepatología: Biopsia Líquida y Carcinogénesis del Cima Universidad de Navarra, y María Arechederra, investigadora principal Ramón y Cajal del grupo de Hepatología: Diagnóstico y Respuesta Terapéutica del mismo centro.
También han intervenido Ibone Labiano, investigadora de Navarrabiomed, y Manuel Garro, paciente, para abordar desde diferentes perspectivas la importancia de trasladar los avances obtenidos en investigación a la atención y tratamiento de las personas.
La Asociación Española Contra el Cáncer en Navarra cuenta actualmente con más de 13.000 personas socias, más de 150 empresas colaboradoras y más de 350 voluntarios. Durante 2025, más de 2.000 personas han recibido apoyo en Navarra a través de los servicios gratuitos de la entidad.