Una alianza tan sorprendente como arraigada a la tierra para combatir los efectos del cambio climático en el campo. El sector vitivinícola y el ganadero de la Comunidad foral se han dado la mano en el proyecto Lur Latxa, una iniciativa pionera que investiga el uso de la lana de oveja Latxa como un acolchado protector y natural para los viñedos. El objetivo de este ensayo es sustituir las prácticas agrícolas convencionales, reduciendo de forma drástica el laboreo mecánico y el uso de herbicidas químicos en la línea de las vides.
La investigación está liderada por la bodega con D.O.P. Pago de Otazu en colaboración directa con los investigadores de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), contando además con la asistencia técnica de Artilezko Nomadak y la financiación de los fondos europeos FEADER y el Gobierno de Navarra. El nombre del plan une de forma explícita su filosofía: Lur (tierra en euskera) y Latxa, la emblemática raza ovina autóctona cuya lana es el eje central de este nuevo modelo de economía circular.
Alfombras de lana contra la sequía y la maleza
En la actualidad, los técnicos se encuentran instalando estas singulares alfombras de lana en las líneas de plantación, dejando para el próximo otoño la siembra complementaria de cubiertas vegetales controladas. El estudio analiza sobre el terreno cómo afecta este material a la estructura física del suelo, comprobando su durabilidad, la biodiversidad microbiana que genera y su capacidad para mejorar la eficiencia hídrica de la planta, un factor clave ante las persistentes olas de calor y la escasez de agua.
Además de proteger los nutrientes de la tierra de forma ecológica, esta solución ofrece una salida sostenible a un residuo tradicionalmente infrautilizado por los pastores de la zona. De forma paralela a este control pormenorizado del ciclo vegetativo y la fisiología de la vid, las instalaciones han avanzado en materia de eficiencia energética. La implantación de una red de paneles solares ha permitido registrar una disminución del consumo eléctrico del 16,97% si se compara el último ejercicio cerrado con los datos previos a su instalación.
Vino y arte contemporáneo en una bodega del siglo XIX
Este proyecto de sostenibilidad convive de forma directa con la particular idiosincrasia del Señorío de Otazu, una propiedad familiar ubicada al norte de la comunidad que destaca por albergar más de 150 obras de arte contemporáneo integradas en sus propios espacios naturales y arquitectónicos. El entorno histórico cuenta con un patrimonio monumental donde sobresalen un señorío original del siglo XII y una bodega centenaria construida en el año 1840.
Desde la dirección de la Fundación Otazu defienden este modelo de gestión argumentando que la creación de un vino constituye una forma de expresión artística más y que, al igual que el arte, debe ser un reflejo de su tiempo con una mirada clara hacia el futuro. Con estas medidas de protección biológica del suelo y el terroir, los responsables buscan asegurar el relevo y la continuidad agrícola para las futuras generaciones.