COMERCIO LOCAL
Raúl Azpilicueta cumple 30 años detrás del mostrador de la óptica familiar de Estella que abrió su abuelo
Óptica Lizarra nació en Estella en 1956, pasó de abuelos a padres y hoy sigue en manos de la tercera generación.
Óptica Lizarra nació en Estella en 1956, pasó de abuelos a padres y hoy sigue en manos de la tercera generación.
Raúl Azpilicueta Goicocheta lleva tres décadas en Navarra haciendo lo mismo y cada año le gusta más. Tiene 51 años, empezó a trabajar con 21 y este año cumple 30 años detrás del mostrador, ajustando monturas, afinando progresivos y escuchando a clientes que entran “a mirar” y salen con la solución que buscaban. “Al acabar, te planteas qué hacer. Como no lo tenía nada claro me decidí donde tenía trabajo. Probé y me gustó”, recuerda.
Hoy, esa historia tiene un escenario claro: Óptica Lizarra, en Estella. Pero el origen no está en un local moderno de más de 300 metros cuadrados, sino en una pequeña aventura familiar que arrancó en 1956, cuando su abuelo, José Azpilicueta, abrió una óptica-relojería.
Después tomaron el relevo sus padres, José Tomás y Lourdes, y ahora la tercera generación es la que mantiene el pulso diario. “Primero fue óptica relojería Azpilicueta con mi abuelo. Luego solo óptica Azpilicueta cuando lo cogieron mis padres. Luego convivieron durante tres años óptica Azpilicueta y la actual óptica Lizarra, hasta que cerramos la antigua y nos quedamos con la actual denominación" en el Paseo de la Inmaculada 52 de la ciudad del Ega.
La marca Óptica Lizarra echó a andar en el año 2000. Durante más de dos décadas, el negocio funcionó “en el local de al lado”, hasta que el crecimiento les obligó a moverse. El cambio llegó en 2022. “Se nos quedó pequeño”, cuenta Raúl, así que se trasladaron “solo unos metros” al local actual. El salto se nota en cifras y en sensaciones: ahora suman más de 300 metros cuadrados, con 150 en la planta a pie de calle —donde atienden a los clientes— y más de 150 en la planta inferior.
Ese espacio de abajo no es un simple almacén. Allí están los gabinetes, una parte clave de la identidad del negocio. Raúl asegura que, dentro del sector, se han convertido en una referencia tanto por esa zona técnica como por la parte de venta. “Combinamos la óptica grande con la óptica acogedora”, resume. Y su reforma ha dado que hablar: “Muchos compañeros que iban a hacer reformas han venido a visitarnos para coger ideas. Hemos salido incluso en revistas del sector. Hemos tenido mucho éxito”.
En paralelo a la transformación del local, la plantilla también ha ido tomando forma. Raúl empezó con sus padres y hoy el proyecto se sostiene con un equipo estable. “Empecé con mis padres y ahora estamos siete personas trabajando”, destaca. La dirección la comparte con su mujer, Sandra de Miguel, en un negocio donde la parte familiar sigue estando muy presente, pero sin perder el enfoque profesional.
El buen momento del negocio también se ha visto respaldado con un reconocimiento reciente. En diciembre de 2025, Óptica Lizarra recibió el primer premio a la innovación en la primera gala del comercio de Navarra. Raúl aclara que el premio no se explicó solo por la reforma del local. “No solo por la gran reforma que hemos hecho en la óptica, sino por lo que hacemos ya que estamos especializados”, señala.
Esa especialización se traduce en tecnología y en servicios muy concretos. “Tenemos máquinas nuevas que toman medidas en las gafas progresivas más avanzadas”, explica. Y enumera ejemplos que muestran por dónde va la apuesta: gafas que ayudan “no solo a ver mejor sino a oír mejor”, otras con las que “puedes grabar vídeos y te traducen”, además de control de miopía en niños y terapia visual a través de juegos “sobre todo en niños y también en adultos”.
La respuesta, según insiste, llega directamente de quienes cruzan la puerta. “Si estamos creciendo es por ellos, de lo contrario no podríamos invertir. Confían en nosotros porque ven que hacemos las cosas bien y así podemos mejorar”, afirma.
Las reseñas en redes sociales van en esa línea. Un cliente cuenta que cambiarse de gafas fue un proceso sencillo “desde las revisiones, hasta la elección”, y destaca que el equipo está encima “desde el minuto uno” para comprobar la adaptación y resolver dudas “al segundo”.
Otro testimonio pone el foco en la ayuda auditiva y en un modelo concreto: “Estoy muy contento con mis nuevas gafas con ayuda auditiva. Las Nuance Audio Glasses me han mejorado mucho mi calidad de vida, en lugares con ruidos, mucha gente y conversaciones en grupo. En el hogar puedo escuchar música, la televisión o la radio sin molestar al resto de vecinos. Contento con haber optado por esta solución”.
Y la historia, además, podría no terminar en la tercera generación. En casa ya se habla de una posible continuación. “Mi hija Zuría se lo está planteando”, comenta Raúl. La joven está cursando segundo de Bachiller y este año decide su futuro académico, porque el próximo entra en la universidad. “Lo está valorando. Puede haber una cuarta generación”, apunta. La hija pequeña tiene 14 años y, de momento, “aún no se plantea nada”.