• jueves, 23 de abril de 2026
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COMERCIO LOCAL

Hilario, el motor del comercio en Obanos que planta cara a las grandes superficies: "Mientras haya salud, seguiremos"

Todo el trabajo lo saca él solo. “No todo son flores. Más contento estaría en el Caribe, pero hay que trabajar", asegura.

Hilario Intriago en el supermercado Tradys de Obanos. Navarra.com
El ecuatoriano Hilario Intriago en el supermercado Tradys de Obanos. Navarra.com

Hay historias que demuestran que el corazón de los pueblos navarros late gracias al compromiso de personas como Hilario Intriago Mendoza. Este ecuatoriano, que hace 25 años eligió Navarra como su hogar, se ha convertido en una pieza fundamental para la vida en Obanos, donde lidera con una sonrisa el supermercado Tradys.

La aventura de Hilario comenzó hace cinco años con un gesto de valentía: compró una casa en el pueblo y decidió transformar la planta baja en el comercio que hoy da servicio a toda la localidad. "Comentaban que antes funcionaba aquí una tienda; compramos la casa y en el bajo hicimos este supermercado", relata con orgullo sobre un local que hoy es parada obligatoria para los vecinos.

Aunque Hilario reconoce con sinceridad que "no todo son flores" y que la competencia de las grandes superficies es fuerte, su tienda brilla por algo que los gigantes no pueden ofrecer: la humanidad. Su establecimiento es el "salvavidas" del pueblo, ese lugar cercano donde encontrar desde el pan del día hasta esos huevos que se olvidaron en la compra grande.

El establecimiento está muy cerca de Alimentación Nieves, del Bar Gazolaz y del bar del centro social San Guillermo, que figuran entre los comercios y puntos de encuentro más importantes de Obanos, junto a un estanco y dos sucursales bancarias. En ese pequeño mapa comercial del pueblo, la tienda de Hilario sigue resistiendo con una fórmula sencilla: cercanía, servicio y muchas horas de trabajo.

Eso sí, vivir y trabajar en el mismo edificio no tiene tanto encanto como puede parecer desde fuera. “No es tanta maravilla vivir y trabajar en la misma casa porque hay que trabajar y sacar adelante la historia”, comenta. En la vivienda reside con su hermana, mientras el resto de su familia vive en Pamplona.

Hilario no maquilla la situación del negocio. Habla claro, con la sinceridad de quien pisa la tienda cada día y ve cómo han cambiado los hábitos de compra. “No puedo decir que todo es maravilla porque las grandes superficies están cada vez más cerca, más asequibles, y el consumidor va a ellas con más facilidad”, lamenta. Por eso, explica, el papel de su supermercado ya no es el de antes. “Esto es como el repuesto de lo que se me olvidó. No se hace la compra directamente, es una tienda de cercanía para cuando se te olvida algo y lo tienes cerca”.

En las estanterías hay un poco de todo, pero el movimiento no siempre acompaña. Él mismo pone cifras a esa sensación de vacío que se nota algunos días. “En toda la mañana habrán entrado diez personas”, señala. La escena se repite con frecuencia: vecinos que hacen la compra grande fuera y entran en la tienda solo cuando falta algo de última hora. “La gente hace la compra grande fuera y viene cuando les falta algo. Deberían apoyar más, pero…”, desliza.

Su rutina tampoco deja mucho margen. Abre de 7.30 a 13.30 horas y de 17.00 a 19.30 horas. Los fines de semana solo abre por la mañana. Todo el trabajo lo saca él solo. “No todo son flores. Más contento estaría en el Caribe, pero hay que trabajar. Dentro de todo, bien. Estoy yo solo trabajando”, suelta con ese tono entre resignado y bromista que deja ver el cansancio, pero también la costumbre de tirar hacia delante.

A esa exigencia diaria se suma una pregunta que mira al futuro. A sus 56 años, calcula que todavía le quedan nueve o diez años para jubilarse, aunque no tiene nada claro qué pasará entonces. “No sé si habrá opciones cuando me toque al ritmo que van las cosas”, admite.

Entre los productos que más vende cita el pan y los huevos, aunque enseguida corrige cualquier idea de abundancia. Ni siquiera esos básicos salen ya como antes. “Lo que más se vende es pan, menos que antes, y huevos”, explica.

Y a media mañana, mientras enseña una caja todavía medio llena, resume la situación con una frase tan sencilla como demoledora: “La gente no sé ni qué come porque no se vende ni el pan. No sé lo que pasa. Lo comprarán en otros sitios. Me traen esta caja de pan para venderla y está medio llena todavía”.

Pese a todo, Hilario asegura que se siente bien en el pueblo y que el trato con la gente compensa parte del esfuerzo. “Siempre estamos para solventar cualquier necesidad. Aquí en Obanos estoy contento en el entorno. Mientras tengamos salud y podamos trabajar…”, dice. Y aunque el margen sea pequeño, el negocio, de momento, aguanta: “Mientras tengamos para pagar las facturas… de momento da”.

Esa cercanía también aparece reflejada en las reseñas que dejan algunos clientes en redes sociales. “Tienen de todo y te atienden muy bien”, apunta una. Otra destaca: “Muy educado y atento su propietario: Hilario, precios asequibles”. Una tercera lo define como un comercio “pequeño pero completo” y una cuarta añade: “El dueño es muy amable y los precios son razonables. No dejen de probar el yogur. Es refrescante”.

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