Los operarios de la carpintería Hermanos Aldaz Remiro han empezado a colocar en Pamplona las primeras piezas de uno de los grandes símbolos de San Fermín: el vallado del encierro. Lo han hecho en el acceso al callejón de la plaza de toros, el punto final de una carrera que cada julio vuelve a transformar la ciudad.
El detalle más curioso está en la propia madera. Cada poste y cada tablón tiene asignado su lugar exacto dentro del recorrido. No se coloca al azar. Cada pieza aparece marcada con un código de letras y números pintado sobre la madera, como si el encierro se montara cada año como un enorme puzzle.
En total, el montaje del encierro de San Fermín 2026 supone colocar 900 postes, 2.700 tablones y unas 2.500 cuñas. A todo ese material se suman 70 puertas de distintos tamaños, que sirven tanto para la evacuación como para el cierre del recorrido.
“Otro año más estamos todos aquí para dar comienzo a la colocación del vallado de Sanfermines 2026”, ha comentado a los periodistas el carpintero Ignacio Aldaz, que ha explicado que ya saben perfectamente dónde va cada elemento en los 848 metros del encierro.
El material se instala entre los Corrales de Santo Domingo y la plaza de toros. La misma carpintería también se encarga de colocar el vallado entre los corrales del Gas y los de Santo Domingo, por donde se conducen cada madrugada de fiestas los toros que correrán después por las calles de Pamplona.
La parte más delicada del trabajo está en las puertas. Aldaz ha reconocido que son el elemento que más cuidado exige durante el montaje: “Tienes que contar con que vayan bien y no tengas ninguna sorpresa, porque, si tienes una sorpresa con una puerta, te lleva mucho tiempo de reparación”.
Antes de colocar cada pieza, la carpintería ha realizado una revisión previa del material. “Todos los años hacemos una revisión anterior a la colocación y ya se han ido cambiando tablones y postes durante estos días y ahora ya vamos colocándolos”, ha explicado Ignacio Aldaz.
Cada año se renueva alrededor del 2 % del material por el desgaste que sufren los postes, tablones y cuñas durante el transporte y la manipulación. Los tablones más antiguos no están concentrados en una única zona, sino repartidos por todo el recorrido.
“Están por todo el recorrido, o sea, no hay una zona concreta en los más antiguos, igual aquí en el callejón, pero más o menos se va cambiando aleatoriamente según esté cada tablón o cada poste”, ha señalado Aldaz sobre el estado de las piezas.
Los tablones son de madera de abeto, elegida por su flexibilidad. Se ensamblan entre los postes con cuñas y tornillos, hasta formar una doble barrera de seguridad. La estructura se apoya en cajetines de hormigón con tapa metálica, que los operarios municipales limpian y revisan antes del montaje.
La carpintería Hermanos Aldaz Remiro, de Puente la Reina, realiza esta labor desde 1992. Su trabajo se ha convertido en una rutina casi ritual: descargar el material, ordenarlo y empezar a ensamblar el vallado en el callejón, donde termina el encierro.
Ahora trabajan unos cinco carpinteros en las primeras labores, pero durante los Sanfermines el equipo aumenta hasta superar las 70 personas. La colocación del vallado no solo es una tarea técnica, sino también uno de los primeros signos visibles de que Pamplona está a punto de entrar en fiestas.
Muchos maderos conservan nombres, frases y fechas grabadas por visitantes y corredores a lo largo de los años. Esas marcas forman parte de la historia silenciosa del recorrido del encierro, una memoria escrita sobre la madera que vuelve a salir a la calle cada verano.
La colocación del vallado en el callejón se ha convertido en una de las señales más claras de la inminencia festiva. Junto a la instalación de la tómbola, este año situada en la plaza de Baluarte por las obras en el paseo Sarasate, marca el despertar del ambiente sanferminero.
En los próximos días, el montaje avanzará por Santo Domingo, Mercaderes y Estafeta hasta completar el recorrido el 6 de julio, justo antes del chupinazo. A medida que los tablones se alinean y los postes quedan fijados, Pamplona empieza a cambiar de ritmo.
Aldaz ha reconocido que colocar el vallado del encierro tiene algo especial. “Ilusión tienes, claro, es los Sanfermines. Al final estás en voz de todo el mundo, pero es un trabajo, nos lo tomamos como un trabajo más”, ha afirmado.
El carpintero ha resumido el sentimiento que queda cuando todo el recorrido está preparado para la fiesta: “Al final es un orgullo el verlo todo montado”.