Hace cien años, Ernest Hemingway convirtió Pamplona en literatura. El joven reportero estadounidense había llegado a la capital navarra en 1923, enviado por el Toronto Star, y encontró en los Sanfermines mucho más que una fiesta. Halló toros, vino, noches largas, aventura y una ciudad que acabaría ligada para siempre a su nombre.
Tres años después, en 1926, aquel descubrimiento tomó forma de novela. The Sun Also Rises, traducida al castellano como Fiesta, fue la primera obra publicada por Hemingway, que en 1954 recibiría el Premio Nobel de Literatura. Un siglo después, el libro sigue siendo una de las grandes puertas de entrada internacionales a Pamplona y a sus fiestas.
La novela no solo dio a conocer los Sanfermines entre lectores estadounidenses. También ayudó a construir una imagen universal de Pamplona como destino de aventura, exceso, emoción y rito colectivo. Desde entonces, la ciudad y Hemingway han mantenido una relación tan intensa como discutida.
Un joven escritor en busca de aventura
El Hemingway que llegó a Pamplona era todavía un escritor en formación. El catedrático de Literatura Contemporánea de la Universidad de Navarra, Gabriel Insausti, era “un escritor joven que estaba empezando”, que había encontrado en el periodismo un modo de vida, aunque no terminaba de satisfacerle.
Formaba parte de la que después se llamó Generación Perdida. Había vivido de cerca el impacto de la Primera Guerra Mundial y compartía el desencanto de una época marcada por el vacío, la búsqueda de sentido y la necesidad de romper con lo anterior.
Insausti lo describe como “uno de esos hombres sedientos de aventura” que se había apuntado a la guerra y que más tarde trasladaría esa experiencia a Adiós a las armas. En Pamplona encontró un mundo muy distinto al de su Chicago natal.
“Le encanta a Hemingway el mundo de los toros y del vino, porque él era de Chicago. Si pensamos qué hay en Chicago en el año 25, pues Al Capone, la Ley Seca...”, ha señalado el catedrático. Frente a ese ambiente, Pamplona le ofreció una fiesta en la que “todo el mundo bebe sin ningún tipo de pudor”.
El escritor quedó deslumbrado. Entre 1923 y 1959 visitó Pamplona en nueve ocasiones. Aquella relación personal con la ciudad acabó convertida en un vínculo literario y turístico que todavía perdura.
La novela que puso a Pamplona en el mapa internacional
La publicación de Fiesta en 1926 marcó un antes y un después en la proyección exterior de los Sanfermines. Para muchos lectores de Estados Unidos, Pamplona empezó a existir a través de las páginas de Hemingway.
La ciudad, sus calles, sus bares, la plaza de toros y el encierro pasaron a formar parte de un imaginario internacional. La fiesta dejó de ser solo una celebración local para convertirse, poco a poco, en una referencia mundial para viajeros, escritores, periodistas y aventureros.
Pero Fiesta no es una novela festiva en el sentido alegre del término. Bajo el ruido de los Sanfermines late una historia de desencanto.
Insausti ha subrayado que la obra narra “la historia de un viaje sin una meta”. Más que avanzar hacia un destino, sus personajes huyen. Huyen de sí mismos, de la guerra y del vacío que ha dejado una época rota.
El protagonista, Jake Barnes, funciona como un trasunto del propio Hemingway. A través de él y de su grupo, la novela muestra a unos personajes incapaces de encontrar un sentido profundo a su vida.
Los Sanfermines aparecen como una celebración de la vida, como un rito que se repite cada año. “Recordamos que un año más estamos vivos y hacemos lo mismo que todos los años”, ha explicado Insausti. Sin embargo, los protagonistas no participan de esa fiesta desde la plenitud, sino desde la desesperación.
“No tienen ningún sentido de lo sagrado”, ha añadido el catedrático. Aunque aparecen templos y referencias religiosas, todo queda en un plano superficial. Lo que domina es la búsqueda de sentido.
“¿Esto existe de verdad?”
El poder de atracción de Fiesta se ha mantenido durante generaciones. Uno de los ejemplos más claros es Bill Hillmann, exboxeador, periodista, escritor y corredor de los encierros. Nació en Chicago, como Hemingway, y llegó a Pamplona movido por la lectura de la novela.
Hillmann ha contado que leyó Fiesta cuando tenía veinte años. La reacción fue inmediata: “Sentí mucha curiosidad y emoción por la aventura de San Fermín. Pensé: ¡Guau! ¿Esto existe de verdad? Quiero vivirlo”.
Su impulso fue el mismo que el de tantos visitantes atraídos por el mito literario. “Me encanta la aventura. Tuve una oportunidad y la aproveché. Quería sentir el encierro y estar cerca de los animales. Fue por la aventura”, ha confesado.
En 2014 sufrió un grave accidente en el encierro. Aun así, nunca pensó en dejar de correr. “Incluso cuando pensé que me moría, sabía que, si vivía, volvería a correr con los toros”, ha recordado.
Aquel momento reforzó todavía más su vínculo con Hemingway. Según ha relatado, Michael Hemingway, bisnieto del escritor y amigo suyo, acudió en su ayuda. “La obra de Hemingway me trajo hasta aquí y su nieto me ayudó cuando pensé que iba a morir”, ha señalado.
Una huella visible en Pamplona
La presencia de Hemingway sigue muy viva en Pamplona. Su rastro forma parte de la geografía sentimental y turística de la ciudad. Las rutas literarias pasan por la plaza del Castillo, el Café Iruña, el Hotel La Perla, la cuesta de Santo Domingo y la plaza de toros.
Son lugares reales, pero también escenarios literarios. Espacios donde se mezclan memoria urbana, turismo, fiesta y literatura.
Uno de los símbolos más visibles de esa relación es la estatua dedicada al escritor junto a la plaza de toros. La obra, realizada en granito por el escultor catalán Luis Sanguino, recuerda el reconocimiento de Pamplona a quien ayudó a difundir sus fiestas por el mundo.
En el pedestal puede leerse: “Ernest Hemingway. Premio Nobel de Literatura. Amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas, que supo describir y propagar. La Ciudad de Pamplona. San Fermín. 1968”.
Admiración, debate y juicio simbólico
La herencia de Hemingway, sin embargo, no ha estado libre de debate. Su figura ha generado admiración, pero también críticas. Durante años se ha discutido si el escritor ayudó a engrandecer los Sanfermines o si contribuyó a transformar su esencia.
En 2023, la Asociación Navarra de Escritores y la Peña Anaitasuna celebraron en Pamplona un simulacro de juicio a Hemingway. El escritor fue declarado “inocente” de haber desvirtuado los Sanfermines o de ser responsable de su masificación.
Sí se le atribuyó, en cambio, haber propagado la fiesta por todo el mundo. Esa es, probablemente, la parte menos discutible de su legado.
Para Hillmann, Hemingway no vería con rechazo los Sanfermines actuales. “Creo que estaría feliz. Porque la cultura está viva. La energía es fuerte”, ha afirmado.
Cien años después de la publicación de Fiesta, Pamplona sigue conviviendo con aquel relato. La novela mantiene su peso en la manera en que los Sanfermines se explican al mundo y también en cómo la ciudad se mira a sí misma.
Entre la celebración y la crítica, entre la literatura y el turismo, Hemingway sigue presente. Su libro no inventó los Sanfermines, pero sí los lanzó mucho más allá de Navarra. Y un siglo después, aquella mirada continúa formando parte de la historia universal de la fiesta.