La parroquia de San Lorenzo ha celebrado esta tarde, jueves 1 de enero, la Misa de la Escalera en la capilla de San Fermín, con un doble homenaje a dos figuras muy vinculadas a este lugar. (Ver fotos en este enlace)
La eucaristía ha estado presidida por el párroco Javier Leoz, que ha subrayado el valor simbólico de la capilla y ha recordado que “aquí es donde Pamplona coge fuerzas cuando aprieta la debilidad”. Leoz es el sacerdote que suele presidir estos peldaños de la escalera en San Lorenzo.
El primero de los reconocimientos ha sido para Mari Ganuza, entusiasta de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona y muy cercano a esta capilla. El párroco ha entregado a la viuda y a una sobrina una imagen de San Fermín como recuerdo del homenaje.
La misa también ha glosado la figura de Tere Aldaz, parroquiana de San Lorenzo, que durante años se encargó de tener la capilla “siempre a punto y en orden”, de forma discreta. En su caso, Leoz ha entregado una fotografía de recuerdo en la que aparece Aldaz ante la imagen de San Fermín.
El párroco ha señalado que a ambos les unía el amor por la capilla de San Fermín y por sus tradiciones. Además, ha tenido un recuerdo para Marco, el niño herido hace poco más de un mes en un accidente de tráfico en Zizur Mayor, que sigue ingresado en estado grave.
La parte musical de la ceremonia ha corrido a cargo de la Cofradía de San Saturnino quien ha salpicado de música, villancicos y alegría la ceremonia.
La escalera de San Fermín (también llamada escalerica) es una cuenta atrás simbólica que se hace en Pamplona desde el 1 de enero hasta el 7 de julio, el día grande de San Fermín.
Se llama “escalera” porque cada mes se “sube un peldaño” siguiendo la canción popular: “Uno de enero, dos de febrero… siete de julio, San Fermín”. Esa letra se ha vinculado tradicionalmente a Ignacio Baleztena y la melodía a Silvanio Cervantes, aunque también se habla de origen popular.