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SAN FERMÍN

Seis corredores de San Fermín corneados por el mismo toro en un encierro histórico: la historia de 'Universal'

El 12 de julio de 2007, Universal se descolgó de la manada de Marqués de Domecq y protagonizó uno de los encierros más peligrosos.

El 12 de julio de 2007, el toro Universal se descolgó de la manada de Marqués de Domecq y protagonizó uno de los encierros más peligrosos de San Fermín.
El 12 de julio de 2007, el toro Universal se descolgó de la manada de Marqués de Domecq y protagonizó uno de los encierros más peligrosos de San Fermín.

El encierro de San Fermín del 12 de julio de 2007 ha quedado grabado como una de esas carreras que Pamplona no olvida. No es recordado solo por su duración, ni por el número de heridos, ni siquiera por la dureza de algunas cogidas. Ha pasado a la historia, sobre todo, por la imagen de un toro negro, descolgado, solo y dueño del recorrido, que convirtió una mañana de julio en una sucesión de escenas angustiosas.

Aquel toro se llamaba Universal. Pertenecía a la ganadería de Marqués de Domecq, pesaba 575 kilos y protagonizó uno de los encierros más largos, caóticos y peligrosos de la historia reciente de los Sanfermines. La carrera duró 6 minutos y 9 segundos, una eternidad en un recorrido donde lo habitual es que todo termine en poco más de dos minutos.

El dato más llamativo de aquel encierro resume bien la magnitud de lo ocurrido: la jornada dejó siete heridos por asta de toro y seis de esas siete cornadas fueron causadas por un único animal. Universal se convirtió así en el gran protagonista de una carrera que acabó con 16 traslados a centros hospitalarios y que igualó en gravedad a encierros históricos como el de 1988, con toros de Cebada Gago, y se situó cerca del récord de 2004, cuando se registraron ocho corneados.

El encierro comenzó a las 8 de la mañana con la tensión habitual en la Cuesta de Santo Domingo. La manada salió arropada por los cabestros y, durante los primeros metros, pareció avanzar sin grandes problemas. Sin embargo, esa apariencia de normalidad apenas duró unos segundos. A los 36 segundos, Universal rompió la disciplina del grupo entre la parte final de Santo Domingo y la Plaza del Ayuntamiento.

Ese instante cambió por completo el encierro.

Mientras cinco de los toros siguieron hacia la plaza de toros, Universal quedó descolgado. A partir de ahí, Pamplona asistió a una carrera distinta. Ya no era una manada avanzando hacia la plaza. Era un toro solo, mirando a ambos lados, girándose, retrocediendo y embistiendo contra corredores y vallados.

La caída en la curva de Mercaderes terminó de agravar la situación. Universal resbaló, cayó al suelo y perdió contacto visual con el resto de la manada. Desde ese momento, quedó convertido en el gran foco de peligro. Cada metro de la calle Estafeta se hizo más lento, más imprevisible y más angustioso.


El primer tramo verdaderamente dramático se vivió en la Plaza del Ayuntamiento. Universal lanzó un derrote hacia el lado derecho del vallado y alcanzó al corredor polaco Thomas Golabek, de 31 años, que sufrió una cornada en la región perineal. Segundos después, el toro cruzó hacia el lado opuesto, volteó a varios mozos y atrapó por la espalda al pamplonés José Amador Jiménez, de 48 años, que recibió una cornada y fue evacuado con diagnóstico inicial de gravedad tras quedar a merced del animal.

La carrera, lejos de recomponerse, siguió empeorando.

En la entrada de la calle Estafeta se produjo otra de las imágenes más impactantes del encierro. Dos hermanos estadounidenses procedentes de Filadelfia, Lawrence Lenahan, de 26 años y piloto de las Fuerzas Aéreas, y Michael Lenahan, de 24 años, quedaron a merced del toro en el inicio del tramo. Ambos fueron enganchados prácticamente en la misma secuencia y quedaron suspendidos unos instantes del cuerno del animal.

Lawrence sufrió una cornada en la zona glútea, mientras que Michael recibió el impacto en la pierna izquierda y sufrió una fuerte hemorragia antes de ser rescatado. La escena resumió el desconcierto de aquella mañana. Los corredores no tenían delante a una manada que pasaba. Tenían a un toro suelto, parado a ratos, que podía arrancarse en cualquier dirección.

El momento más dramático llegó a mitad de Estafeta. Rafael Estrada, un joven mexicano de 23 años, intentó refugiarse en el hueco de un portal junto a otro corredor. En cuestión de segundos, la puerta se abrió y permitió la entrada de uno de los mozos, pero se cerró de inmediato. Estrada quedó fuera, pegado al portal, sin escapatoria.

Universal se fue directamente a por él.

Primero le clavó el asta izquierda en el muslo izquierdo. Después volvió a embestir con una violencia extrema y le introdujo el cuerno derecho en el abdomen. El toro lo levantó del suelo, lo zarandeó en vilo y lo lanzó al pavimento en mitad de la calle. Cuando el corredor quedó tendido, Universal regresó de nuevo hacia él y las astas le rozaron el rostro antes de que pastores y otros corredores consiguieran desviar la atención del animal.

Rafael Estrada fue trasladado al Hospital de Navarra e intervenido de urgencia con pronóstico muy grave. Su cogida se convirtió en la imagen más dura de aquel encierro y en una de las más recordadas de los Sanfermines modernos.

La peligrosidad de la jornada no se limitó únicamente a Universal, aunque él concentró la mayor parte del miedo. Otro toro, Goloso, alcanzó en la calle Estafeta a Jesús Ángel Merino Orduna, corredor de 50 años natural de Funes, que sufrió una cornada en la axila izquierda. Más adelante, en el tramo de Telefónica, Universal arremetió contra el vallado derecho y atrapó al noruego Christofer Neiff, de 24 años, al que propinó una cornada en la pierna derecha y volteó por completo.

El parte sanitario confirmó la gravedad de lo sucedido. El encierro dejó 16 traslados a centros hospitalarios, con siete heridos por asta de toro. Fue una cifra excepcionalmente alta, comparable a las mañanas más duras de la historia reciente del encierro de Pamplona. Además, el hecho de que seis de las siete cornadas fueran provocadas por el toro Universal reforzó la sensación de que aquel toro había marcado, casi en solitario, el destino de la carrera.

La carrera terminó cuando Universal logró ser conducido hacia la plaza con la ayuda de pastores, corredores expertos y dobladores. El toro entró finalmente en los corrales después de mantener en tensión a toda la ciudad durante casi cuatro minutos más que el resto de sus hermanos. Para entonces, Pamplona ya sabía que acababa de presenciar un encierro histórico.

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