Carmen se ha sentado en su butaca del Ensanche de Pamplona para hablar de una vida de cien años, pero su testimonio no forma parte solo de una conversación íntima o familiar. La entrevista, las pruebas y las muestras que ha aceptado donar se enmarcan en BIOANCIENT, un proyecto impulsado en Navarra para estudiar la longevidad y buscar las claves del envejecimiento saludable a través de personas que han llegado a edades excepcionales.
Ese es el contexto en el que aparece Carmen, la primera participante de una investigación que acaba de arrancar y que ahora busca a más personas nacidas antes de 1928 en la comunidad foral. Su historia personal abre el camino de un estudio ambicioso, pero también pone rostro a una pregunta que la ciencia quiere responder: por qué algunas personas consiguen vivir tanto tiempo y cómo lo hacen.
La casa de Carmen, en pleno Pamplona, transmite la serenidad de los hogares donde ha transcurrido una larga vida. Allí habla con una voz firme y conserva una mirada vivaz que desmiente el peso de los años. “Ay, mis chicos” o “qué majicos”, dice con la naturalidad de quien nunca ha necesitado darse importancia.
Nació en Palencia, aunque se instaló pronto en Pamplona con sus padres. Fue una de las pocas jóvenes de su generación que estudió fuera, primero en Zaragoza y después en Madrid, cuando no era habitual que una mujer siguiera ese camino. Entre sus recuerdos aparecen también los paseos por la Plaza del Castillo con un grupo de amigas al que llamaban “las brujas”.
Fue en uno de aquellos paseos donde conoció a Miguel, su marido. Al evocarlo, todavía se emociona. Ella misma resume aquella etapa con una frase sencilla que concentra toda una vida compartida: vivió “un matrimonio muy enamorao”.
La familia ha sido el gran centro de su vida. Ha tenido 13 hijos, 55 nietos y 101 bisnietos, el último nacido hace apenas unos días. Cuando se le pregunta cómo se saca adelante una familia tan numerosa, responde con una claridad desarmante: “A cada uno hay que darle lo que necesita, potenciarle”.
También resume su manera de criar con una frase muy suya. “A todos les hice túnicas con mangas”, comenta. En esa expresión cabe una idea muy concreta: atender a cada hijo de forma distinta, sin olvidar nunca lo que necesita cada uno.
A sus 100 años, Carmen convive con los achaques propios de la edad con bastante serenidad. Tiene disfagia, lo que la obliga a comer purés, “menos ricos que la comida no triturada”, admite. Camina con andador, aunque todavía protesta cuando su hijo insiste en que lo use más dentro de casa.
Pese a ello, mantiene aficiones que siguen ordenando sus días. La lectura continúa siendo una de las principales. Lee novelas, ensayos y, en los últimos años, biografías de Papas. Además, maneja una tablet y un móvil “con paciencia” para ver fotos, escuchar mensajes de su familia repartida por el mundo y seguir incluso algún podcast.
Cuando se le plantea si le gustaría vivir otros cien años, su respuesta vuelve a situar a los suyos en el centro de todo. “Cada día que amanece es un regalo. Pero sin mis hijos… no”. La frase retrata bien su manera de mirar la vida: con gratitud, pero también con la convicción de que la vejez solo tiene sentido si permanece el vínculo con la familia.
Con esa misma disposición ha aceptado participar en BIOANCIENT, un proyecto liderado por Navarrabiomed y financiado por el Gobierno de Navarra a través de las ayudas para realizar proyectos estratégicos de I+D 2025-2028. Su implicación ha consistido en responder entrevistas, someterse a pruebas y donar muestras biológicas que servirán para avanzar en el estudio sobre la longevidad.
La investigación quiere comprender qué factores genéticos, epigenéticos y ambientales influyen en la esperanza y en la calidad de vida en edades avanzadas. A partir de ese conocimiento, el proyecto busca desarrollar estrategias preventivas individualizadas, identificar posibles tratamientos específicos y diseñar métodos de diagnóstico innovadores que permitan detectar antes distintas patologías y personalizar mejor el abordaje clínico de cada paciente.
El estudio no se cierra en Carmen. De hecho, una de las claves del arranque de BIOANCIENT es que sigue incorporando participantes. En concreto, se buscan personas nacidas antes de 1928 y residentes en Navarra que quieran contribuir al avance de la ciencia sobre el envejecimiento saludable. Cada participación, según explica el propio proyecto, aporta información valiosa para futuros avances diagnósticos y terapéuticos.
Las personas interesadas, o sus familiares, pueden escribir al correo [email protected] o inscribirse a través del formulario habilitado. Esa llamada a encontrar más centenarios y mayores de Navarra acompaña el inicio de una investigación que ha echado a andar con el testimonio de una mujer de Pamplona que conserva intacta la calidez al hablar de los suyos.
El proyecto cuenta con un presupuesto total de 1,7 millones de euros y reúne a cinco instituciones del ámbito biomédico: Navarrabiomed–Fundación Miguel Servet, Hospital Universitario de Navarra, Universidad Pública de Navarra, Cima Universidad de Navarra y ADItech. También participan cuatro empresas: insAIght, NUCAPS Tecnologies, Tairel Data y TDN clínica de traumatología y rehabilitación avanzada.
En total, cerca de 70 profesionales asistenciales y de investigación forman parte de este consorcio. Entre ellos hay especialistas en neurociencias, geriatría, tecnologías ómicas, procesamiento de datos, inteligencia artificial y desarrollos nanotecnológicos. Pero el arranque del estudio tiene, por ahora, una imagen concreta: la de Carmen en su casa del Ensanche pamplonés, convertida en la primera voz de un proyecto que quiere encontrar respuestas en la memoria, el cuerpo y la experiencia de quienes han llegado más lejos.