Los 45 enfermos renales de Tudela y de diferentes localidades de la Ribera siguen sufriendo las consecuencias de los problemas en la unidad de diálisis del Hospital Reina Sofía. La incidencia detectada en el circuito de aguas ha obligado a trasladar sus tratamientos a Pamplona y ha convertido sus jornadas en una auténtica odisea. Salen de sus casas a las seis de la tarde y, en algunos casos, no regresan hasta las tres de la madrugada.
La situación, producida el 7 de octubre, continúa este miércoles 4 de noviembre, después de que el problema se hiciera público el pasado 23 de octubre. Mientras tanto, los pacientes y sus familiares aseguran que siguen sin recibir explicaciones sobre lo ocurrido, ni las garantías de seguridad de las instalaciones y la fecha en la que podrán volver a recibir sus tratamientos en Tudela.
El Gobierno de Navarra, presidido por María Chivite, todavía no ha ofrecido un calendario concreto para recuperar la normalidad. La gerente del Área de Salud de Tudela, Ana Campillo, la misma que montaba manifestaciones en defensa de la salud pública y abrazaba el hospital contra lo que ella denominaba "recortes", aseguró el pasado 26 de octubre que los últimos análisis del agua mostraban una evolución favorable y que la unidad podría reabrir próximamente. Sin embargo, aquella previsión no estuvo acompañada de una fecha ni de más explicación.
El drama resulta especialmente duro. La mayoría de los pacientes sobrepasan los 70 años. No todos son de Tudela. Muchos viven en diferentes puntos del sur de la Comunidad Foral. Entre los afectados hay personas de hasta 85 años que deben afrontar largos desplazamientos en ambulancia antes y después de someterse a un tratamiento de hemodiálisis que dura aproximadamente cuatro horas y que resulta físicamente agotador. “Un viaje de 2 horas es agotador para cualquier persona. Algunos estamos 4 horas en la ambulancia, tres veces a la semana, más la diálisis y las esperas. No podemos más”, indica un paciente.
Los vehículos sanitarios recorren diferentes localidades de la Ribera para recoger a los pacientes y trasladarlos hasta el Hospital Universitario de Navarra. Este sistema de transporte colectivo obliga a realizar múltiples paradas y prolonga considerablemente el tiempo que los pacientes pasan fuera de sus domicilios.
Los recorridos pueden alcanzar entre 80 y 120 kilómetros, dependiendo de la localidad de residencia y de las paradas necesarias para recoger o dejar a otros pacientes. A la duración de los trayectos se suman las horas de tratamiento, los tiempos de espera y las horas intempestivas a las que reciben tratamiento.
El resultado es que algunos enfermos abandonan sus hogares cuando todavía es de día y no vuelven hasta bien entrada la madrugada. Unos horarios especialmente difíciles para personas con enfermedades crónicas, problemas de movilidad y otras patologías asociadas, que rompe sus rutinas de sueño y descanso lo que afecta de forma intensa en su calidad de vida.
Las consecuencias también afectan directamente a sus familias. Muchos pacientes necesitan ayuda para entrar en casa, acostarse o realizar las tareas más básicas después de una jornada tan larga. Sus familiares deben permanecer pendientes de su regreso, incluso cuando tienen que levantarse pocas horas después para acudir a trabajar.
La situación ha llegado al extremo de que, según los testimonios trasladados a este periódico, algunos profesionales del transporte sanitario tienen que acompañar a los pacientes hasta sus viviendas y ayudarles a acostarse de madrugada.
El cansancio acumulado y la alteración de las rutinas preocupan especialmente a las familias, que advierten del impacto que estos desplazamientos están teniendo en personas de una elevada fragilidad.
De hecho, la redacción de este periódico ha recibido el testimonio de una persona directamente afectada por la situación, que denuncia la ausencia de respuestas después de haber solicitado explicaciones tanto al Gobierno de Navarra como a la gerencia del Hospital Reina Sofía.
"Yo personalmente me he puesto en contacto vía carta con el Gobierno de Navarra y con Gerencia del propio hospital y no recibimos respuesta", asegura.
En su mensaje, esta persona reclama una reunión con los responsables sanitarios para conocer las causas concretas de la incidencia, las actuaciones que se están llevando a cabo y una previsión realista del regreso de los enfermos a Tudela.
"Solicitamos una reunión para que nos expliquen detalladamente qué está sucediendo, que haya una previsión de vuelta a la normalidad y, sobre todo, una transparencia que no existe y que no se está facilitando ni a pacientes ni a familiares", denuncia.
El testimonio refleja el malestar de unas familias que consideran incomprensible que una instalación sanitaria tan importante continúe sin funcionar con normalidad después de varias semanas de problemas.
"Estamos en tierra de nadie, con pacientes en la mayoría de los casos pluripatológicos que están muy cansados", advierte el mensaje recibido por la redacción. Su remitente también expresa su preocupación por un posible agravamiento de las enfermedades de algunos afectados.
La preocupación no se limita a las molestias de los desplazamientos. Los enfermos también quieren conocer exactamente qué ha sucedido en la planta de tratamiento del agua y qué medidas permitirán garantizar que una incidencia semejante no vuelva a producirse.
El problema tiene especial relevancia porque el agua utilizada en las sesiones de hemodiálisis debe cumplir unos estrictos protocolos de calidad microbiológica. El agua es vehículo transportador del tratamiento que actúa dentro del cuerpo de los pacientes. Una alteración en este sistema puede poner en grave riesgo la salud y la vida de las personas que lo reciben. Por ello, se debe obligar a suspender temporalmente la actividad hasta comprobar que las instalaciones reúnen todas las garantías.
La gerencia del Área de Salud de Tudela ha defendido que la seguridad de los pacientes no ha estado comprometida y que los controles realizados reflejan una evolución favorable después de aplicar medidas correctoras. No obstante, las familias reclaman información detallada que les permita recuperar la confianza antes de regresar a la unidad.
Tampoco es la primera vez que se producen problemas relacionados con el circuito de aguas en el Hospital Reina Sofía. En febrero de 2020 ya se registró una incidencia de estas características, aunque entonces las instalaciones eran diferentes.
La situación resulta especialmente llamativa porque la actual unidad de diálisis fue inaugurada en junio de 2023, después de una renovación completa y con la mejor tecnología, que debía mejorar las condiciones de atención a los pacientes renales de Tudela y de toda la Ribera.
A las incidencias técnicas se suman las peticiones a la organización que durante años ha tenido este servicio. Hasta fechas recientes, la unidad de diálisis de Tudela dependía de Medicina Interna del propio hospital, en lugar de estar integrada directamente en un servicio especializado de Nefrología.
Esta estructura ha generado preocupación por la elevada rotación de profesionales, las dificultades para consolidar equipos estables y formados que permita la mejor atención a los pacientes, así como la necesidad de contar con una supervisión específica que garantice la coordinación entre médicos, enfermería, mantenimiento y responsables hospitalarios.
Recientemente se ha producido un cambio organizativo por el que la unidad de diálisis de Tudela ha pasado a depender del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de Navarra. Una modificación con la que los pacientes confían en que se mejore la atención, por la consolidación de los equipos, se refuerce la coordinación especializada, la supervisión de los tratamientos y la estabilidad de los equipos asistenciales.
Frente a las críticas dirigidas a la gestión sanitaria, los afectados han destacado expresamente la profesionalidad del personal de enfermería del Hospital Reina Sofía que acompaña a los enfermos y de los equipos del Hospital Universitario de Navarra.
Los profesionales de Pamplona han tenido que reorganizar su actividad y habilitar un tercer turno de diálisis para atender a los pacientes desplazados desde Tudela. Su respuesta ha permitido mantener los tratamientos sin interrupciones y ha sido especialmente valorada por los enfermos y sus familias.
Mientras tanto, la principal reclamación sigue siendo la misma: conocer qué ha fallado y por qué, cuándo podrán recuperar la normalidad de su tratamiento y qué garantías existen de que la situación no volverá a repetirse.
Los pacientes no cuestionan la atención que están recibiendo de los profesionales sanitarios. Lo que denuncian es que, después de semanas de incertidumbre, siguen soportando unas jornadas de hasta nueve horas fuera de casa para recibir un tratamiento imprescindible.
Y, por el momento, continúan sin una fecha concreta que les permita saber cuándo dejarán de salir de sus hogares a las seis de la tarde para regresar, agotados, a las tres de la madrugada.