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SOCIEDAD

El puente medieval en un paraíso natural de Navarra que fue construido en once horas

Los estudios arqueológicos han confirmado que data del siglo XVI y que fue destruido por las tropas francesas de Napoleón en 1812.

Puente del Diablo de Lumbier. TURISMO DE NAVARRA
Puente del Diablo de Lumbier. TURISMO DE NAVARRA

La naturaleza ha escarbado la tierra a lo largo de millones de años en la Sierra de Leyre dejando uno de los parajes más bellos de la geografía foral: la Foz de Lumbier. El paso natural del río Irati, antes conocido como río Ida, ha dado lugar a un impresionante cañón excavado en la roca caliza de algo más de un kilómetro de longitud entre paredes casi verticales de 150 a 400 metros de altura.

Un foso infranqueable para el ser humano, que para cruzar el río debía bajar hasta Sangüesa y pasar a la otra orilla del río Aragón por el puente, o enfrentarse al agua de los Pirineos cruzando la foz en barca.

Justo a la salida del cañón se alzan las ruinas del Puente del Diablo, o Puente de Jesús. Recibe los dos nombres en función de quién relate la historia del mismo. Lo cierto es que desde que fue destruido en 1812 por las tropas francesas de Napoleón, nadie ha podido cruzarlo, pero... ¿Quién construyó el puente? ¿Cuándo lo hizo?

Los estudios arqueológicos han confirmado que data del siglo XVI y que fue edificado sobre un solo arco a 15 metros sobre el lecho del río y con una extensión de 30 metros de largo y dos de ancho, suficiente para que lo atravesaran personas, ganado, animales y carros. Pero no se ha encontrado documentación sobre su origen, ni su constructor.

Fuera como fuese, tanto en Liédena como en Lumbier existe una leyenda que explica su aparición en la boca de la foz.

Al parecer, cerca de Liédena, a orillas del Irati, había un palacio habitado por una adinerada mujer de nombre Magdalena. La mujer enfermó del riñón y una de sus sirvientas, llamada Cliastela, se ofreció a traerle agua de la fuente de Liscar, a la que se le atribuían propiedades curativas.

Para llegar a la fuente, Cliastela debía cruzar el río en barca, pero una riada se había llevado el pantalán y la chalana. Cuando estaba a punto de renunciar al agua de Liscar, se le apareció el diablo bajo la apariencia de un apuesto caballero y se le ofreció a construirle un puente en menos de diez horas, antes de las seis de la mañana del día siguiente; pero a cambio, debía entregarle su alma.

Durante toda la noche, una infinidad de demonios trabajaron a destajo para construir el puente, culminándolo al amanecer. Cuando apreció Cliastela, el diablo quiso cobrarse su deuda y le reclamó su alma, pero la sirvienta conminó a satanás a que mirara al reloj de sol de una torre cercana, el cual marcaba ya las siete de la mañana, habiendo acabado la obra fuera de plazo y por lo tanto, habiendo incumplido con su compromiso.

Cliastela cruzó con arrojo y mirada de desdén el puente, al tiempo que le dijo: "Desde ahora ahora, este puente se llamará Puente de Jesús". 

En Liédena aseguran que el diablo y sus demonios, al escuchar el nombre de Jesús, cayeron todos juntos y murieron en las aguas de la foz.


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