• lunes, 15 de junio de 2026
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SOCIEDAD

El pueblo de Navarra donde los fieles tocan el relicario de una santa en busca de su protección y mejor salud

El relicario conserva el cráneo de la santa, vinculada a una leyenda medieval de martirio, arrepentimiento y perdón.

Una fiel acerca su mano al cristal del relicario que custodia el cráneo de Santa Felicia de Aquitania. El relicario se encuentra junto a la pintura que narra su trágico martirio a manos de su hermano Guillermo en el siglo XI, refleja cómo la devoción popular hacia esta santa sigue plenamente activa en la localidad navarra de Labiano, atrayendo a la gente del valle que buscan en sus restos una fuente de fe, protección y salud. ​Hoy se la venera en Labiano (Navarra) como un símbolo de fe inquebrantable y perdón, ya que su hermano se arrepintió y también fue santificado. EFE/ Jesús Diges
Una fiel acerca su mano al cristal del relicario que custodia el cráneo de Santa Felicia de Aquitania en la localidad navarra de Labiano. EFE/ Jesús Diges

La imagen es la de una mujer, que acercaba este domingo su mano al cristal del relicario que custodia el cráneo de Santa Felicia de Aquitania en la localidad navarra de Labiano. El gesto, sencillo y silencioso, ha resumido una devoción que sigue plenamente viva en el Valle de Aranguren y que conecta a los vecinos con una leyenda medieval marcada por la fe, el martirio, el arrepentimiento y el perdón.

La escena ha tenido lugar junto a la pintura que narra el trágico martirio de la santa a manos de su hermano Guillermo en el siglo XI. La imagen refleja cómo la devoción popular hacia Santa Felicia continúa activa en Labiano, donde muchas personas se acercan a sus restos en busca de fe, protección y salud.

El culto a Santa Felicia no se entiende como un recuerdo lejano ni como una simple tradición conservada en una iglesia. En Labiano, el relicario mantiene una relación directa con los fieles. Tocar el cristal, acercar la mano o pasar un pañuelo junto a la reliquia forma parte de una forma de religiosidad popular que ha sobrevivido al paso de los siglos.

La tradición sitúa a Felicia como una noble princesa de Aquitania, en la actual Francia, que peregrinó a Santiago de Compostela en el siglo XI. Según los relatos transmitidos por la tradición local, aquel viaje cambió su vida. A su regreso, decidió renunciar a sus títulos y riquezas, abandonar la corte y vivir de forma humilde.

En lugar de regresar con su familia, Felicia se ocultó y se instaló en el señorío de Amocáin, en el Valle de Egüés. Allí llevó una vida dedicada a la oración, al servicio de los más necesitados y a una fe sencilla. Su decisión, sin embargo, provocó la ira de su hermano Guillermo, que viajó hasta Navarra con intención de obligarla a volver.

La negativa de Felicia desencadenó la tragedia. Guillermo, enfurecido por lo que consideraba una deshonra familiar, perdió el control y la asesinó decapitándola. Aquel crimen familiar dio origen a una historia de martirio que, con el paso del tiempo, quedó unida también a la idea del arrepentimiento y de la redención.

La tradición cuenta que Guillermo, abrumado por la culpa, viajó después a Roma para confesar su pecado ante el Papa. Como penitencia, regresó a Navarra y se retiró como ermitaño a la ermita de Arnotegui, en Obanos. Allí dedicó el resto de sus días a la oración, al cuidado de los peregrinos del Camino de Santiago y a la penitencia.

Ese arrepentimiento ha sido una de las claves de la historia. Guillermo terminó siendo venerado también como santo, San Guillermo, lo que convirtió la leyenda de los dos hermanos en un relato de fe inquebrantable, violencia, culpa, perdón y santidad compartida.

Hoy, la parroquia de San Pablo de Labiano custodia las reliquias de Santa Felicia, con su cráneo como pieza central de la devoción. Junto al relicario se conserva una pintura que representa el momento del martirio, una imagen de fuerte carga simbólica que ayuda a comprender la historia de la santa y su vínculo con el pueblo.

Estas representaciones visuales tuvieron durante siglos una función pedagógica. Permitían a los fieles entender, a través de la imagen, relatos religiosos que hablaban de la firmeza de la fe, del sufrimiento y del perdón. En Labiano, esa función permanece visible junto al relicario, donde la pintura y la reliquia forman parte de una misma memoria.

La creencia popular ha vinculado a Santa Felicia con la curación de los dolores de cabeza y de las enfermedades de la garganta y la mente. Esta asociación se relaciona con la naturaleza de su martirio, ya que la tradición recuerda que fue decapitada por su hermano.

Por eso, muchos fieles se acercan al cristal del relicario, lo tocan o pasan pañuelos por él buscando protección física y espiritual. No se trata solo de una visita a una reliquia antigua, sino de un gesto de confianza que se ha repetido generación tras generación en este rincón de Navarra.

La romería principal se celebra tradicionalmente en el mes de junio y atrae a vecinos de todo el valle. La imagen de este domingo, con una mano apoyada sobre el cristal, ha mostrado que la devoción por Santa Felicia sigue siendo una tradición viva en Labiano.

Casi mil años después de la leyenda que dio origen a su culto, Santa Felicia continúa siendo venerada en Navarra como símbolo de fe inquebrantable y de perdón. Su historia ha convertido a Labiano en un punto de referencia del patrimonio religioso, cultural e inmaterial del Valle de Aranguren.

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