• viernes, 30 de enero de 2026
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COMERCIO LOCAL

Abre una tienda de ropa en Burlada con dos hijos y fibromialgia: "Decidí tirarme a la piscina"

Hay prendas para perfiles muy distintos: trabaja tallas del 34 al 52 y ofrece desde conjuntos y chandals hasta chaquetas, jerseys, abrigos y complementos.

Noemí Guerrero en su tienda low cost Aynamodas en la localidad de Burlada. Navarra.com
Noemí Guerrero en su tienda low cost Aynamodas en la localidad de Burlada. Navarra.com

Noemí Guerrero Esparza, 31 años, ha dado un paso que no se toma a la ligera: ha abierto su propio negocio en Navarra con dos hijos a cuestas y una discapacidad que le complica el día a día. Lo ha hecho después de una vida entera enlazando trabajos y horarios, y con una idea clara en la cabeza: buscarse un futuro a su medida sin renunciar a seguir al frente cuando el cuerpo aprieta.

Ese salto se llama Aynamodas y está en Burlada. La tienda, situada en la calle Ermita 16, muy cerca de Pamplona, vende ropa low cost para mujer, pequeñas colecciones “exclusivas”, cosmética y accesorios, con precios que han llamado la atención desde el principio: “A partir de 9,90 euros”. En pocos meses se ha convertido, según cuenta su dueña, en un lugar al que ya vuelven clientas habituales.

La apertura ha sido el 1 de noviembre y detrás hay una historia de oficio y también de aguante. “He sido una persona que desde los 16 años he trabajado en tiendas de moda, de calzado, un poco de todo”, ha recordado. Después ha hecho un curso de química y ha pasado por prácticas en Cinfa, una experiencia que ha citado como un buen aprendizaje dentro de su trayectoria.

El giro llegó cuando la salud empezó a marcar límites. “Tengo un problema de discapacidad con fibromialgia y artritis en la columna, que me incapacitan para algunos trabajos”, ha explicado. Y ahí tomó la decisión: “Entonces decidí con dos hijos tirarme a la piscina y abrir mi propia tienda en Burlada, en mi pueblo para darle algo más de vida a mi localidad”.

En su tienda hay prendas para perfiles muy distintos: trabaja tallas del 34 al 52 y ofrece desde conjuntos y chandals hasta chaquetas, jerseys, abrigos y complementos. Ella misma destaca un detalle que se nota al entrar: el color. “Poco a poco intentando que la gente me vaya conociendo y sacando adelante la tienda”, ha contado, con la vista puesta en que el comercio de barrio “subsista”.

Su historia laboral ha sido un recorrido con paradas forzosas. Ha explicado que estuvo trabajando en tiendas hasta que tuvo a su primer hijo y que entonces la echaron de donde estaba. Después llegó el segundo y volvió a trabajar en una tienda de ropa interior en Pamplona. Más tarde completó el curso de química, estuvo siete meses en Cinfa —“súper bien”, ha indicado— y después pasó a Nafarco, donde solo aguantó un mes: “Me encantaba el trabajo pero debido a mis problemas no podía aguantar ese ritmo de trabajo”.

Ahora el ritmo lo decide ella, aunque no siempre sea fácil. “Tal y como está todo y más con esta discapacidad. Ahora tengo mi silla en la tienda y cuando me duele la espalda o las piernas me siento y mientras estoy atendiendo”, ha relatado, poniendo en palabras algo que también forma parte de su día a día: vender, aconsejar y seguir adelante incluso cuando toca hacerlo sentada.

De momento, el arranque le está dando razones para sonreír. “Desde que abrió en noviembre la verdad es que estoy contenta. La gente está reaccionando bien”, ha afirmado. Incluso ha notado un pequeño cambio en hábitos de compra: “Ya tengo clientas fijas que vienen aquí a por un bolso en vez de subir a Pamplona, más barato y más cerca”. Para ella, esa rutina tiene un valor especial: “Intentamos que subsista el pequeño comercio y que al final somos nosotros los que tenemos que dar vidilla al pueblo”.

También le ha sorprendido quién entra por la puerta. “Las clientas pensaba yo que iban a ser más jóvenes pero van tirando de una edad de 30 a 80 años”, ha comentado. Y ha puesto un ejemplo que repite con orgullo: “Hay señoras mayores súper contentas porque se llevan pantalones que valen 15,90 euros y súper a gusto”. En esa mezcla de edades, insiste, ayuda tener mucho tallaje y variedad.

La trastienda de esta aventura también se mide en conciliación. Está sola en el negocio y, cuando los niños están de vacaciones, los tiene con ella. Sus hijos, Nael y Ayden, estudian cerca y eso le permite reaccionar si surge cualquier imprevisto: “Si pasa algo un día los puedo tener conmigo”. Su familia es de Burlada, vive en el pueblo y esa red le ayuda a sostener la jornada.

El comienzo, admite, ha sido intenso. “El comienzo fue un top muy fuerte abrir en Burlada. Me dieron la enhorabuena todos. Lo que quiero es que me vayan conociendo porque el comienzo es difícil”, ha reconocido. En casa, la apertura también se ha vivido con humor: su marido, Javier del Barrio, “también contento. No le queda otra”, ha bromeado ella, entre risas.

Y mientras la tienda va sumando visitas, las reseñas en redes sociales han empujado el boca a boca. “Ropa muy chula y a buen precio. Me encanta”, ha escrito una clienta. Otra ha dejado: “Ropa chulísima a muy buen precio. Noemí muy atenta”. Y una tercera ha destacado el trato: “Ropa de diferentes estilos a buen precio, y la dependienta muy simpática te ayuda en todo momento”.

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