Joaquín Juanarena Apesteguía, de 64 años, lleva el día a día del único estanco en un barrio de Pamplona, aunque el titular del negocio es su hijo, Íñigo Juanarena Esparza. Después de 35 años vinculado al mundo del tabaco, tiene claro que se acerca el momento de dar un paso al lado. “Ya está bien. Es hora de descansar”, reconoce, satisfecho porque el relevo familiar ya está en marcha.
El establecimiento abrió hace cuatro años en el barrio del Soto de Lezkairu, donde hasta entonces no existía este servicio, y está ubicado en la calle Las Blancas 1. Junto a Joaquín trabaja Nepi Gavazova, una búlgara de 38 años que es quien atiende a los clientes en el mostrador. El negocio, explica, ha ido creciendo poco a poco en una zona en expansión de la ciudad. Está muy cerca de locales recientes como el Arroz de la Tomasa o Pollo Paulino que triunfa con la comida para llevar.
“Este barrio no tenía este servicio. Lo atendemos bien”, destaca Juanarena, que subraya además el esfuerzo que han hecho para ampliar el horario y adaptarse a las necesidades de los vecinos. El estanco abre desde las ocho y cuarto de la mañana hasta las ocho y cuarto de la tarde, una franja amplia con la que buscan facilitar las compras tanto a quienes salen pronto de casa como a quienes regresan al terminar la jornada.
Además de tabaco, en el local también venden papelería, lotería, artículos de fumar y otros productos. “Estamos contentos y en línea ascendente, que no es fácil”, señala Joaquín, que insiste en que el negocio ha sabido hacerse un hueco en el barrio combinando varios servicios en un mismo espacio.
Uno de los días más fuertes de la semana es el lunes, cuando la lotería gana protagonismo. “Las loterías tienen bastante empuje. La gente está muy contenta”, relata. El estanquero considera que ese tirón, unido a la venta de tabaco, ayuda a mantener la actividad del local y a atraer a una clientela variada.
La familia, además, acaba de abrir otro estanco en Ripagaina, después de haber estado antes en Mendillorri. “Llevamos en esto 35 años en el mundo del tabaco”, explica Joaquín, que ha pasado décadas en un sector que, según admite, ha cambiado mucho por las sucesivas modificaciones legales.
A su juicio, una de las mayores dificultades está hoy en el llamado segundo canal, el de la hostelería. “Cada vez se trabaja más en mostrador y cada día tenemos más dificultades con el segundo canal que es la hostelería”, advierte. Y atribuye esa situación a la normativa que exige el Comisionado de Mercados del Tabaco, al que define como “un departamento de Hacienda que gestiona el mundo del tabaco”.
Para adaptarse, han optado por diversificar la oferta dentro del estanco. “Hay papelería, puzzles, pilas… La ley nos permite vender tabaco, artículos de fumar y productos que estén siempre envasados, nunca para menores”, precisa. Esa variedad, remarca, les permite complementar la línea principal del negocio y responder mejor a la demanda diaria.
La ubicación también juega a su favor. El local está en un punto del barrio que se ve con facilidad, algo que, según cuenta, favorece la entrada de clientes que acuden a comprar Bonoloto, Primitiva o tabaco. “Con las dos patas nos vamos defendiendo y vamos a más”, afirma en referencia a esa doble vía de ingresos.
Pese a ello, Joaquín no oculta que se trata de un sector muy exigente. “Nuestro sector es de muchísimos impuestos. La realidad es que se gana muy poquito y hay que buscar muchas unidades”, expone. Aun así, apunta que, una vez superada la amortización inicial, que define como “muy fuerte”, el negocio ofrece cierta estabilidad. “En principio da para vivir una vez que se supera la amortización. Una vez que se consigue, hay bastante estabilidad porque los precios siempre van a más aunque se vendan pocas unidades. Nos defendemos”, sostiene.