• sábado, 21 de marzo de 2026
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COMERCIO LOCAL

El pueblo de Navarra con 28 habitantes donde una pareja transforma una casa en ruinas en un hotel rural

“Cuando descubrimos Ecala, nos enamoramos del lugar. Nos gustó precisamente porque está un poco apartado de la carretera principal", aseguran.

Javi e Irala en el hotel rural Milaleku en el pueblo navarro de Ecala. Navarra Emprende.
Javi e Irala en el hotel rural Milaleku en el pueblo navarro de Ecala. Navarra Emprende.

Javi Rodríguez Martínez (35 años), natural de San Sebastián, e Irala Mendicoa Lecuona (31), de Oiartzun, dejaron sus trabajos en el País Vasco y se fueron a la aventura para cumplir un plan que sonaba a locura para más de uno: transformar una casa en ruinas en un hotel rural en Navarra, rodeados de monte, silencio y vida lenta.

Ese salto lo dieron en el hotel rural Milaleku, en Ecala (Tierra Estella), un pueblo de 28 habitantes —aunque 36 están censados— donde encontraron una vivienda que llevaba 20 años cerrada y decidieron apostar fuerte. “Los vecinos hacían apuestas de que no lo íbamos a abrir. No conocíamos el pueblo ni a nadie, pero sí la sierra de Urbasa y el entorno. Buscábamos algo por Navarra hasta que dimos con esta casa”, ha relatado Irala.

El flechazo, cuenta, fue inmediato y tuvo mucho que ver con lo que hoy buscan los viajeros: calma de verdad. “Cuando descubrimos Ecala, nos enamoramos del lugar. Nos gustó precisamente porque está un poco apartado, no pasa la carretera principal por el pueblo y conserva una paz especial”, ha explicado, poniendo el foco en esa sensación de estar “fuera del mundo” sin estar lejos de todo.

La casa la compraron en 2019 y el estado del edificio les obligó a empezar desde cero. “La compramos en 2019, la derribamos. Nos dejamos bastante dinero en ello y empezamos las obras al acabar la pandemia”, ha recordado. Tras meses de obra y decisiones a contrarreloj, el proyecto abrió por fin en abril de 2024. “Vamos a hacer dos años muy pronto en abril y eso que todo el mundo decía que estábamos locos”, ha añadido Irala.

Mientras el alojamiento echaba a andar, también lo hacía su familia. La pareja ya tiene un hijo, Izan, de dos años, y espera otro bebé “en camino” que nacerá en julio.

Milaleku no es solo un sitio donde dormir. Es un hotel rural con 11 habitaciones, bar y restaurante, y se ha convertido en algo que en un pueblo pequeño se nota enseguida: “un punto de reunión para la gente del pueblo”. Los fines de semana, el bar abre al público general, no solo a los huéspedes, y ellos lo cuentan con orgullo. “No lo cambiamos por nada”, aseguran.

También ha sido un proyecto de aprendizaje en pareja. Irala ya conocía el sector: estudió gestión de alojamientos turísticos. Javi, en cambio, venía de otro mundo. Ella misma resume el salto con naturalidad: su marido “solo sabía de electricidad” cuando empezaron.

El hotel se ha planteado para atraer a perfiles distintos, desde escapadas románticas hasta gente que va de ruta. Ofrece siete habitaciones dobles, una individual y tres suites con jacuzzi. Algunas son tipo dúplex y cuentan con terraza. La idea, explican, es encajar tanto con parejas que buscan tranquilidad como con senderistas o motoristas que exploran el entorno de Urbasa y Tierra Estella.

Y hay una etiqueta que repiten con orgullo porque, dicen, marca la diferencia: son un alojamiento 100% pet friendly. “Podríamos decir que tenemos casi más perros que familias entre los huéspedes”, comentan, dejando claro que aquí los animales no son “tolerados”, sino bienvenidos.

La llegada de Milaleku ha tenido efecto también en la vida cotidiana de Ecala. Ahora, explican, los vecinos no dependen solo de las furgonetas de venta ambulante o de desplazarse a Estella, a 18 kilómetros, para llenar la despensa. El bar y restaurante del hotel se ha sumado como un recurso más del pueblo.

El nombre del alojamiento también tiene historia familiar. “Mila” es un homenaje a Milagros Lecuona, madre de Irala, y “leku” significa “lugar” en euskera. Un guiño íntimo para un proyecto que, dicen, busca justo eso: crear un lugar con sentido.

Las reseñas van en esa dirección. Un cliente destaca “una estancia maravillosa”, el buen estado de “limpieza e instalaciones”, y la comida: “La cena y desayuno en su bar estaba buenísima”. Además, menciona un detalle que no se olvida: “También nos han llevado a conocer a sus vacas Highland y hemos tenido la oportunidad de darles de comer. Un 10, repetiremos seguro, recomendable si buscas tranquilidad”.

Otra valoración pone el foco en una experiencia concreta: “Como regalo de cumpleaños mi pareja cogió la suite individual, la estancia es increíble, tiene un jacuzzi enorme, unas vistas inmejorables”. También resalta el trato y la parte gastronómica: “La atención ha sido espectacular… la comida buena y de calidad. Salimos encantados… Volveremos sin duda, 10 de 10 absolutamente a todo”.

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