Lourdes Blanco Sanz tiene 36 años, es natural de Legaria y ha cumplido este verano una década al frente de la farmacia en Tierra Estella, un lugar en el que asegura haber encontrado la vida que siempre quiso. Su historia profesional está marcada por la cercanía y por un sueño cumplido.
“El 28 de agosto de 2015 vino el inspector a hacer el acta de apertura. Tenía mucha ilusión de encontrar aquí un sitio donde trabajar. Cuando Antonio, que era el antiguo titular de la farmacia, me ofreció el traspaso no lo dudé ni un segundo porque era uno de mis sueños desde pequeña, vivir y trabajar aquí en Murieta”, recuerda con nitidez.
El camino hasta llegar a ese día había comenzado varios años antes. Estudió Farmacia y Nutrición en la Universidad de Navarra entre 2007 y 2013. Nada más terminar, trabajó unos meses en la farmacia de Sartaguda y después en la de Mendigorría. Poco después empezó a cubrir sustituciones en Murieta, de una o dos semanas, hasta que surgió la oportunidad de quedarse definitivamente.
El balance de estos diez años al frente de la botica lo define como “muy positivo”. En este tiempo ha podido actualizarse en campos como la dermofarmacia y la fitoterapia, dos áreas que considera fundamentales para un negocio en una zona rural.
“Estoy muy contenta porque al final son clientes que son todos amigos. Mi madre, Rosa, ha sido médico en la zona básica de Ancín durante 27 años y conozco a todos desde que era pequeña”, destaca, subrayando el vínculo personal que mantiene con la mayoría de sus pacientes.
Ese contacto diario con los vecinos es lo que más valora. “Siempre me ha gustado ayudar a la gente y lo hago de una forma muy cercana. Esto yo no lo cambiaría por nada, ni por más dinero, ni por menos horas de trabajo, ni por un equipo grande. Me levanto cada día y para mí no es un esfuerzo venir a trabajar. Vengo muy contenta y lo más importante en la vida es ir al trabajo feliz y no pensando que es otro día más”, afirma convencida.
Lourdes reconoce que ejercer en Valdega le ha permitido cumplir un sueño. “Estoy muy agradecida al valle porque uno de mis sueños ha sido vivir aquí, y no es fácil con una profesión universitaria. De no tener esta oportunidad igual tenía que trabajar en Estella o en Pamplona”, confiesa.
Su compromiso va más allá del mostrador. No duda en llevar la medicación a domicilio cuando se lo piden. “Me llaman personas mayores a ver si les puedo llevar una medicación a casa y yo feliz de ayudarles. Para ellos es un favor enorme y para mí no es ninguna molestia. La gente me dice que está muy contenta, que a ver si duro otros diez años más. Lo que tú transmites la gente lo valora muchísimo”, comenta.
El día a día lo afronta sola, con un horario habitual de lunes a viernes. Asegura que la farmacia le permite vivir de forma digna gracias a la variedad de productos que ofrece. “Esto da para vivir de maravilla, muy dignamente porque ahora ofrecemos más productos. Hace falta interés. Yo procuro pedir a laboratorios para que los productos sean de máxima calidad”, explica.
La actividad en el mostrador cambia con el calendario. El verano se nota por la llegada de visitantes y de marzo a junio la campaña del espárrago dispara la demanda. Su farmacia atiende a Murieta y a los pueblos de alrededor, ya que en todo el valle y en los otros dos cercanos solo existen dos farmacias: la suya y la de Ancín.
Con la de Ancín, regentada por Rubén Alén, no existe rivalidad. Al contrario. “Antes de ser farmacéuticos somos amigos. Yo hice las prácticas con su padre, que era entonces el titular, y mi madre es muy amiga de ellos. Si nos hace falta algo le llamo y al revés”, asegura.
Aunque dispone de un piso en Pamplona, reconoce que apenas lo pisa. “Voy poco, solo para cenar con algunas amigas. Estoy encantada aquí. No tengo ninguna queja y no echo de menos nada”, admite con naturalidad.