PAMPLONA
La chapuza de Asiron en una transitadísima calle de Pamplona: cortes solo dos meses después de su inauguración
La circulación ha quedado otra vez limitada a un solo carril para ejecutar un trabajo tan simple como desesperante.
El Ayuntamiento de Pamplona con Asiron (EH Bildu) al frente ha vuelto a cortar el tráfico en una de las zonas más transitadas de la ciudad apenas dos meses después de dar por rematadas las obras del nuevo carril bici que han metido con calzador. Y lo ha hecho en el mismo punto donde ya se nota el efecto: menos espacio, más embudo y conductores con la sensación de que aquí se ha metido una infraestructura a presión, cueste lo que cueste.
Este martes el recorte se ha visto en el tramo entre la Plaza de los Fueros y la avenida de Sancho el Fuerte, con el enlace hacia la calle Gayarre y el entorno de la Casa de Misericordia en el centro del lío. La circulación ha quedado otra vez limitada a un solo carril para ejecutar un trabajo tan simple como desesperante: volver a parar la calle para pintar una señal.
El motivo del corte ha sido dibujar sobre la calzada una nueva señal triangular que advierte del paso de personas con dificultades motrices o de una zona frecuentada por ancianos, una marca vial incorporada por la DGT en 2025. La señal se ha plasmado directamente sobre el asfalto, con dos meses de retraso, y muy cerca del paso de cebra que conecta la plaza con la Casa de Misericordia. Resultado: otra jornada de frenazos, colas y maniobras en un punto donde cada metro ya estaba contado.
Todo esto llega después de una obra que el consistorio ha defendido como una mejora de movilidad y accesibilidad, pero que muchos vecinos han vivido como un carril bici metido con calzador en pleno corazón de Pamplona. No se trata de un rincón tranquilo: es una de las áreas donde el tráfico es más intenso, donde el espacio escasea y donde cualquier cambio se paga al instante en forma de retenciones.
La primera fase del proyecto ha superado el medio millón de euros y el nuevo itinerario ciclista se ha diseñado con tres metros de ancho. De ellos, reserva 1,25 metros por sentido y añade una franja de seguridad de 0,5 metros. El recorrido arranca en la calle Abejeras, en las inmediaciones de la Plaza de los Fueros, y conecta con Sancho el Fuerte atravesando una zona ajardinada.
El problema es que, para que el carril bici entrara, el coche tenía que salir. Y ha salido en forma de carriles perdidos. La salida desde la Plaza de los Fueros hacia Sancho el Fuerte ha pasado de dos carriles a uno. En la avenida de Yanguas y Miranda se ha eliminado otro, quedando de dos a uno en dirección a la plaza. En la glorieta se ha suprimido uno de los tres carriles —el más próximo a la Vuelta del Castillo— y en Sancho el Fuerte también se ha reducido de dos a uno el tramo inicial de salida. En una zona donde ya se circulaba “a ratos”, el margen se ha encogido todavía más.
El itinerario ciclista discurre por el lado oeste de la plaza, bordeando la Vuelta del Castillo, hasta enlazar con Yanguas y Miranda y con la pista ciclable del entorno de la Ciudadela. Desde ahí, el trazado continuará por el lado de la acera que da acceso a la estación de autobuses hasta alcanzar la avenida del Ejército.
Las obras se han planteado en dos fases. La primera, ejecutada durante 2025, ha cubierto el tramo desde Abejeras hasta la Vuelta del Castillo. La segunda, prevista para 2026, completará la conexión en la glorieta de la Plaza de los Fueros y el tramo de Yanguas y Miranda.
El Ayuntamiento también ha aprovechado la intervención para actuar en varios pasos peatonales, con el foco puesto en el entorno de la Casa de Misericordia. Allí se han elevado los dos pasos dobles situados en la salida hacia Sancho el Fuerte, se han instalado reductores de velocidad y se avanzará la acera en el paso peatonal previo a la plaza. El objetivo municipal es dar continuidad peatonal hacia Abejeras y calmar el tráfico en la zona.
Cuando concluyan las dos fases, el nuevo carril bici permitirá conectar los trazados existentes desde el Casco Antiguo hasta Milagrosa, Iturrama o Azpilagaña. La teoría habla de una red unificada y más sostenible. Pero, de momento, la práctica deja una imagen muy distinta: una calle reestrenada hace dos meses, otra vez cortada, y un carril bici que muchos consideran encajado a presión en un punto donde el tráfico ya iba al límite.