Calles sin placas que permitan identificarlas, escaparates apagados y comercios tradicionales que desaparecen. Es la otra cara de Pamplona, la que se encuentra cualquier vecino que pasee por algunos rincones de La Milagrosa, lejos de los grandes proyectos municipales.
El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron (EH Bildu), presume de sus tres años como primer edil, pero la realidad cotidiana de algunos barrios ofrece una imagen bastante menos favorable de su gestión. Las reformas urbanas no han conseguido frenar la desaparición de negocios que durante décadas han formado parte de la vida de sus vecinos.
Una de las imágenes más llamativas, tal y como se puede ver en la foto que publicamos, se encuentra en la esquina de la calle Manuel de Falla con la travesía Guelbenzu, en pleno barrio de La Milagrosa. Allí, la falta de señalización de las calles y el aspecto de algunos espacios comerciales dejan una estampa penosa y lamentable que contrasta con los discursos municipales sobre la transformación de Pamplona.
No se trata únicamente de una cuestión estética. La desaparición de tiendas de proximidad también afecta a la vida diaria de un barrio que ha contado tradicionalmente con numerosos pequeños establecimientos, bares y negocios familiares.
La Milagrosa pierde sus comercios tradicionales pese a las reformas
La calle Guelbenzu es uno de los ejemplos más evidentes de esta transformación comercial. Durante años ha sido una de las referencias para las compras cotidianas de los vecinos, pero algunos de sus establecimientos más conocidos han ido desapareciendo.
Uno de los cierres más recientes ha sido el de Calzados Guelbenzu, considerada la única zapatería que quedaba en el barrio. El establecimiento bajó definitivamente la persiana poco antes de los Sanfermines de 2026, dejando a La Milagrosa sin uno de esos comercios especializados que forman parte de la identidad de cualquier barrio.
Su desaparición refleja una tendencia que preocupa a quienes valoran el comercio de proximidad. Cada persiana que se baja significa perder un servicio cercano y también una parte de las relaciones personales que se crean entre comerciantes y clientes.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Pamplona ha impulsado cambios urbanísticos en La Milagrosa, con actuaciones de peatonalización y modificaciones en el estacionamiento regulado. La ampliación de la zona azul, que ha llegado a la parte sur del barrio este mes de octubre, ha supuesto otro cambio importante para los vecinos y conductores.
Sin embargo, estas medidas no han evitado que continúen desapareciendo establecimientos tradicionales. La renovación del espacio público y la supervivencia del pequeño comercio parecen avanzar a velocidades muy diferentes.
Los bares y bodegas de siempre que todavía resisten en La Milagrosa
No todo son cierres en La Milagrosa. Todavía quedan negocios que mantienen viva una parte importante de la historia comercial y hostelera del barrio. Entre ellos figura el conocido bar Mochuelo, uno de esos establecimientos que forman parte de las referencias habituales de los vecinos por sus platos y raciones de pulpo. También continúan Bodegas Leyre y la bodega Núñez, dos nombres ligados a la hostelería tradicional de esta zona de Pamplona.
Estos locales representan un modelo de negocio que va más allá de servir una consumición o vender un producto. Son lugares de encuentro, de conversaciones cotidianas y de relaciones entre vecinos que se han mantenido con el paso de los años.
Precisamente por eso, el contraste con los establecimientos que han cerrado resulta especialmente llamativo. Mientras unos negocios siguen resistiendo, otros han desaparecido y han dejado locales vacíos en calles que anteriormente tenían una mayor actividad comercial.
El caso de Calzados Guelbenzu resulta especialmente significativo porque no ha cerrado simplemente una tienda más: ha desaparecido la última zapatería del barrio.
Calles sin placas y rincones descuidados en la Pamplona de Asiron
La pérdida del comercio tradicional no es la única imagen que llama la atención en esta parte de Pamplona. En determinadas calles de La Milagrosa también se observa la ausencia de placas identificativas, un elemento básico de señalización urbana.
La esquina de Manuel de Falla con la travesía Guelbenzu, cuya imagen acompaña esta información, permite comprobar algunas de estas carencias. Se trata de detalles aparentemente pequeños, pero que también forman parte del mantenimiento cotidiano de una ciudad.
La situación contrasta con las actuaciones de mayor visibilidad que impulsa el equipo municipal de Joseba Asiron, mientras permanecen pendientes cuestiones tan elementales como una correcta identificación de las vías públicas.
No es la única imagen de Pamplona que ha llamado la atención recientemente por el estado de determinados espacios urbanos. Hace pocos días, este periódico mostraba la presencia de personas que duermen al raso en bancos de la Vuelta del Castillo, junto a la residencia de la Casa de Misericordia.
También se ha observado cómo algunas personas sin hogar guardan sus escasas pertenencias en los túneles peatonales de la plaza de los Fueros, otro espacio de la ciudad donde se hacen visibles situaciones de exclusión social.
Estas circunstancias, que requieren una respuesta social además de actuaciones de mantenimiento, forman parte de la realidad diaria de Pamplona y plantean preguntas sobre la atención que reciben determinados espacios y sus habitantes.
Las reformas de Asiron no frenan la desaparición de las tiendas de barrio
La transformación de La Milagrosa ha estado marcada por diferentes decisiones municipales relacionadas con la movilidad, el aparcamiento y la recuperación de espacios para los peatones.
Sin embargo, la actividad comercial constituye otro de los grandes desafíos del barrio. Las nuevas aceras, los cambios de circulación o las plazas de estacionamiento regulado no garantizan por sí solos la continuidad de los negocios de toda la vida.
La desaparición de Calzados Guelbenzu y la situación de otros locales de la calle Guelbenzu reflejan esa realidad. Frente a ellos, establecimientos como Mochuelo, Bodegas Leyre y la bodega Núñez siguen manteniendo abierta una parte de la actividad tradicional del barrio.
Mientras el alcalde Joseba Asiron defiende el balance de su gestión municipal, las imágenes de las calles sin identificar, los locales cerrados y los establecimientos que desaparecen muestran otra realidad que también forma parte de la Pamplona actual.