• viernes, 30 de octubre de 2026
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POLÍTICA

Chivite cierra sus 8 años de Gobierno con un nuevo pacto de presupuestos con los proetarras de EH Bildu en Navarra

El Ejecutivo foral y los herederos de Batasuna sellan las cuentas de 2027 en el Palacio de Navarra sin la presencia de María Chivite, que se ausenta de la rúbrica institucional y partidista por una gira en Argentina y Perú mientras sus socios vuelven a fijar el rumbo de la Comunidad foral.

A la izquierda, Begoña Alfaro, Javier Remírez, Ana Ollo y José Luis Arasti; a la derecha, Laura Aznal y Adolfo Araiz. GOBIERNO DE NAVARRA
A la izquierda, Begoña Alfaro, Javier Remírez, Ana Ollo y José Luis Arasti; a la derecha, Laura Aznal y Adolfo Araiz. GOBIERNO DE NAVARRA

El Palacio de Navarra ha vuelto a ser el escenario de la consumación de un guion anunciado y previsible: la firma oficial del acuerdo presupuestario entre el Gobierno foral y EH Bildu para el ejercicio de 2027. Con esta rúbrica formal, el Ejecutivo sella su octavo pacto consecutivo con los herederos políticos de Batasuna, completando los ocho años de mandato de María Chivite bajo una misma y constante hipoteca: supeditar la gobernabilidad, el destino de los fondos públicos y el marco legal de la Comunidad foral al chantaje y las exigencias del independentismo radical vasco.

Sin embargo, la puesta en escena ha dejado al descubierto un desdén institucional mayúsculo. María Chivite no ha estado presente en la firma de un pacto que condiciona de raíz el futuro económico de todos los navarros. No ha comparecido en calidad de presidenta de la Comunidad foral, pero tampoco lo ha hecho como presidenta del grupo parlamentario del PSN ni como secretaria general de los socialistas en Navarra. Chivite ha eludido el foco y la fotografía directa delegando el trámite mientras se encuentra de viaje oficial por Argentina y Perú, una ausencia a miles de kilómetros de Pamplona que acredita hasta qué punto le resulta indiferente un acto que en su partido se asume ya como mera rutina burocrática.

La culminación de este octavo acuerdo presupuestario dinamita de manera definitiva la hemeroteca socialista. Tras haber asegurado de forma reiterada que jamás pactaría la estabilidad institucional con la izquierda abertzale, Chivite concluye dos legislaturas completas atada a una formación que sigue sin condenar los asesinatos y la trayectoria terrorista de ETA y que no duda en incorporar a condenados de la banda en sus candidaturas electorales. Para amarrar su continuidad en el sillón de mando, el PSN ha normalizado a EH Bildu como socio preferente y director de orquesta en la toma de decisiones estratégicas para Navarra.

A lo largo de estos ocho años, la dependencia de la coalición abertzale no ha hecho más que agravarse con contrapartidas crecientes. Año tras año, EH Bildu ha impuesto su criterio en la política fiscal de la comunidad, ha forzado la penetración del euskera en todos los ámbitos de la administración pública y educativa sorteando la realidad sociolingüística navarra y ha levantado muros frente a los consensos forales tradicionales. En lugar de encarar de frente el coste moral y político que representa esta entrega continuada, la líder socialista ha preferido despachar este hito decisivo desde el exterior, dejando en manos de sus consejeros el papel de consumar la entrega presupuestaria en el Palacio de Navarra

La firma del acuerdo certifica que el verdadero centro de gravedad del Gobierno Navarra reside en los despachos de la izquierda abertzale. Mientras las prioridades cotidianas de los ciudadanos navarros en materia de listas de espera sanitarias, colapso del acceso a la vivienda, incertidumbre en el empleo industrial y asfixia en el campo quedan relegadas a modificaciones coyunturales, el cuatripartito vuelve a recurrir al separatismo para blindar su final de ciclo.

A pesar del vacío institucional dejado por Chivite en el acto de la firma, el nuevo pacto sella el epitafio político de sus dos mandatos consecutivos al frente de Navarra. Un periodo en el que las proclamadas líneas rojas se convirtieron en alfombra roja para los herederos de Batasuna, y en el que el Partido Socialista renunció deliberadamente a articular mayorías con las formaciones constitucionalistas para garantizar, única y exclusivamente, su propia supervivencia en el poder.

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