Los grupos de la oposición en el Parlamento de Navarra han cargado este jueves contra la reforma de la ley de transparencia aprobada por la Cámara foral y han denunciado que, lejos de suponer un avance, introduce recortes y sirve de “coartada” a un Gobierno al que han vuelto a acusar de actuar con opacidad.
La modificación legal, impulsada por el Gobierno de Navarra, ha salido adelante con los votos de PSN, EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin, mientras que UPN, PPN y Vox han votado en contra. La reforma actualiza una norma de 2018 para atribuir a la Oficina de Buenas Prácticas y Anticorrupción de Navarra (OANA) la competencia sobre el registro de lobbies y para reforzar el papel del Consejo de Transparencia de Navarra como garante técnico del derecho de acceso a la información pública.
Sin embargo, el debate parlamentario ha estado marcado por las críticas de los partidos que se han opuesto al texto. La parlamentaria de UPN, Marta Álvarez, ha sostenido que se intenta “vender” esta modificación como “un aumento o un ensanchamiento de la transparencia, cuando se está haciendo lo contrario”. A su juicio, el Ejecutivo foral sigue sin cumplir aspectos esenciales de la ley vigente y ha afirmado que el Gobierno de Navarra es “opaco, turbio y oscuro”.
Álvarez ha censurado además que, más de siete años después de la aprobación de la norma, el Ejecutivo siga sin publicar información que considera básica en materia de publicidad activa. Entre otros ejemplos, ha citado las listas de espera para acceder a servicios de la cartera de servicios sociales, a una VPO o a un centro educativo, así como el listado de beneficiarios de fondos europeos a través de ayudas y contratos.
En la misma línea, la parlamentaria del PPN, Maribel García Malo, ha afirmado que “el Gobierno predica transparencia y mientras tanto practica la opacidad” y ha advertido de que esta reforma no cuenta con la credibilidad suficiente para presentarse como un avance real. A su entender, la revisión de la ley podría haber tenido sentido tras años de vigencia, pero no con un Ejecutivo que, según ha dicho, “proclama una cosa y practica la contraria”.
Más duro se ha mostrado el portavoz de Vox, Emilio Jiménez, que ha rechazado de plano la reforma al considerar que “esto no es una reforma para dar más luz”. En su intervención, ha asegurado que se trata del “colmo del cinismo” de un Gobierno que, según ha dicho, pretende dar lecciones de buena gobernanza pese a ser, a su juicio, “el menos transparente de la historia de Navarra”.
Frente a esas críticas, los grupos que han respaldado la ley han defendido que la reforma introduce mecanismos para mejorar el control y reforzar las garantías institucionales. Uno de los cambios principales es que la OANA asumirá la dirección del registro de lobbies o grupos de interés y colaborará en el desarrollo reglamentario de su funcionamiento, de su código de conducta y de la gestión del propio registro. Estas previsiones afectarán al Gobierno de Navarra y a la Presidencia de la Comunidad foral, aunque no al Parlamento, que deberá regular esta cuestión en su propio reglamento por su autonomía organizativa.
El texto también refuerza el papel del Consejo de Transparencia. Entre otras novedades, aclara el alcance de las obligaciones de publicidad activa que afectan a resoluciones de compatibilidad, agendas de altos cargos y listas de espera para acceder a servicios públicos.
En el caso de las agendas de los altos cargos y del personal directivo, la publicación deberá incluir el objeto de las reuniones o sesiones celebradas, las personas asistentes, las organizaciones o entidades a las que representan y los asuntos tratados.
Además, cualquier persona física o jurídica podrá presentar una denuncia ante el Consejo de Transparencia, con derecho a recibir en un plazo de dos meses una respuesta motivada, que será publicada en su página web previa disociación de los datos personales. Los actos dictados por este órgano serán ejecutivos, por lo que obligarán a las entidades y administraciones a las que vayan dirigidos.
Otra de las nuevas funciones del Consejo será velar por que la Administración foral y las entidades locales faciliten información a parlamentarios y cargos electos para el ejercicio de sus funciones. También se modifica su composición: junto a las personas designadas por el departamento competente, el Consejo de Navarra, la Cámara de Comptos, la UPNA y el Defensor del Pueblo, habrá tres representantes propuestos por la Federación Navarra de Municipios y Concejos y solo una persona a propuesta del Parlamento, que hasta ahora podía nombrar a cuatro.
La norma mantiene que la condición de miembro del Consejo de Transparencia no exigirá dedicación exclusiva, será compatible con el puesto de trabajo en la Administración correspondiente y será retribuida mediante dietas por la participación como ponentes en dictámenes. Para la presidencia y la secretaría se contempla además la posibilidad de fijar una dieta anual.
El nuevo Consejo deberá constituirse en el plazo de un año desde la aprobación de la ley. Hasta entonces, el actual presidente, Juan Luis Beltrán, continuará en funciones con el mandato prorrogado hasta que se concrete el relevo.