A escasas horas de que estallen las fiestas de San Fermín, la gestión del Ayuntamiento de Pamplona vuelve a quedar en entredicho, abriendo una agria batalla política que evidencia la falta de previsión municipal. La tradicional campa de la estación de autobuses, el lugar idóneo donde miles de pamploneses se congregan cada noche para presenciar los fuegos artificiales, se ha convertido en un terreno hostil lleno de piedras, polvo y tierra, desatando una tormenta de críticas contra el alcalde Joseba Asiron (EH Bildu).
La polémica saltó a las redes sociales después de que la oposición destapara con imágenes recientes el vergonzoso estado en el que el consistorio va a obligar a los ciudadanos a seguir el espectáculo pirotécnico. Las fotografías muestran un paraje completamente impracticable para cualquier persona vestida de blanco, carente de limpieza en los caminos y con un exceso de escombros y tierra acumulada que nadie se ha molestado en retirar a tiempo para el inicio de las fiestas.
Lejos de entonar el mea culpa por haber sido incapaz de coordinar los plazos de las obras de impermeabilización de la cubierta —las cuales acumularon meses de retraso debido a las desavenencias con la empresa concesionaria—, el alcalde Joseba Asiron ha optado por una sorprendente estrategia de distracción. En lugar de ofrecer soluciones o un plan de limpieza de urgencia para el suelo, el primer edil ha preferido desviar la atención culpando a los gobiernos de UPN de hace casi 20 años.
Asiron ha tratado de justificar las incomodidades que sufrirán los pamploneses recordando que la infraestructura fue inaugurada en el año 2007 bajo el mandato de Yolanda Barcina con defectos de construcción que provocaron goteras y filtraciones crónicas. Según el argumentario del alcalde, la necesidad de levantar toda la cubierta para subsanar estos fallos históricos exime a su equipo de gobierno de entregar la explanada adecentada, obviando que la adjudicación y la vigilancia del cumplimiento de los plazos de ejecución de la obra actual eran responsabilidad directa de su propio consistorio.
El contraataque del alcalde, que recurrió a enumerar antiguos proyectos con sobrecostes como la Pasarela de Labrit o el palacio del Condestable para atacar a la oposición, ha encendido aún más los ánimos de la ciudadanía. Desde la oposición de UPN le han recordado de inmediato la preocupante falta de gestión que arrastra el bloque soberanista: “Lleva siete años gobernando Pamplona. ¿Qué obras ha hecho? Nada”, le han recriminado de forma directa en la red social X.
El cruce de acusaciones destapa la cruda realidad: la incapacidad del equipo de Asiron para exigir que la impermeabilización se ejecutase dentro de un plazo lógico que permitiera, al menos, retirar el exceso de piedras. Con esta dejadez de funciones, el consistorio condena a Pamplona a ofrecer una pésima primera imagen turística a todos los viajeros que lleguen en autobús y arruina el confort de la gran pradera urbana, obligando de forma insólita a miles de personas a sentarse directamente sobre la tierra y las piedras en el evento familiar por excelencia de las fiestas de San Fermín.