El cansancio ha podido este domingo con muchas personas tras el fin de semana de los Sanfermines. Aunque la fiesta está asegurada los nueve días de las fiestas en Pamplona, es cierto que el fin de semana está marcado por la afluencia masiva de visitantes y el desenfreno. Y los estragos de la fiesta sin medida se han dejado ver este domingo, desde primera hora de la mañana, por las calles de la capital navarra.
Son las 5:45 horas y a través de las ventanas de la villavesa ya se empieza a ver a personas durmiendo en posturas imposibles, apoyadas contra los muros de la antigua estación de autobuses.
Nada los puede despertar. Han caído en los brazos de morfeo tras muchas horas de fiesta. Son ajenos al ruido y al trasiego de la gente que acude a ver el sexto encierro de las fiestas de San Fermín, con toros de La Palmosilla.
Después de un fin de semana marcado por la afluencia masiva, la fiesta y el desenfreno, cualquier rincón de la ciudad se ha convertido en un lugar apropiado para cerrar los ojos y recuperar fuerzas.
Unas horas más tarde, volviendo del encierro, otra siesta improvisada más. Esta vez, en el paseo de Sarasate, frente al edificio de Correos. Allí, un joven vestido de blanco se ha quedado profundamente dormido sobre el asfalto, apoyado contra una gran barrera de hormigón.
El improvisado dormitorio no cuenta con demasiadas comodidades. El joven permanece sentado, con la cabeza vencida hacia un lado y las piernas flexionadas. La decoración tampoco es demasiado atractiva. Está rodeado de basura. A su alrededor, una bolsa de plástico, un plato y restos de la noche. Ni el ruido ni el movimiento de personas por el centro de Pamplona parecen suficientes para interrumpir su sueño, extremadamente profundo.
Esta imagen resume una de las estampas más habituales de las fiestas de San Fermín. Durante estos días, bancos, jardines, portales, aceras y rincones protegidos del sol se convierten durante unas horas en camas improvisadas.
Unas calles más allá, en la avenida de Carlos III, junto a Zara Home, otra joven duerme encogida sobre una silleta, como si de un bebé se tratara. Una postura poco cómoda que, sin embargo, parece suficiente para descansar después de una larga noche de fiesta.
Estas escenas se repiten en numerosos puntos del centro de Pamplona. Algunas personas utilizan mochilas como almohadas, mientras otras se acomodan directamente sobre el suelo o se apyan en fachadas y mobiliario urbano. Si tienes la suerte de compartir la cabezada con un amigo o la pareja, la otra persona también puede servir de apoyo a la cabeza.
Este domingo, además, el cansancio se ha dejado sentir especialmente. La ciudad ha vivido varias jornadas consecutivas de celebraciones y ha recibido a miles de visitantes durante el fin de semana. Muchos han enlazado la noche con el encierro y han buscado después un lugar en el que dormir durante unos minutos.
Otros, ni siquiera han tenido tiempo para pensar mucho dónde echar una pequeña siesta. El cuerpo ha vencido tras tantas horas de desenfreno y han quedado dormidos allí donde se encontraban.
En San Fermín, la necesidad ha vuelto a agudizar el ingenio. Cuando el sueño aprieta y todavía quedan muchas horas de fiesta por delante, cualquier sitio puede convertirse en la mejor habitación de Pamplona.