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SOCIEDAD

Así fue el histórico derribo de la antigua cárcel de Pamplona en el barrio de San Juan

El desarrollo urbanístico de Pamplona, que la rodeó de edificios con mucha más altura, obligó a su derribo en 2012.

Derribo de la cárcel de Pamplona en octubre de 2012. Navarra.com
Derribo de la cárcel de Pamplona en octubre de 2012. Navarra.com

El desarrollo urbanístico de Pamplona alcanzó hace años el barrio de San Juan, donde estuvo la antigua cárcel de Pamplona hasta 2012, que fue construida hace más de cien años. Rodeada de viviendas que le superaban claramente en altura, se convirtió en un recuerdo de otra época por sus murallas, garitas y su aspecto siniestro. No se pudo derribar hasta que se construyó una nueva y más moderna en Santa Lucía.

El solar de la antigua cárcel pudo tener varios usos, aunque al final se decidió utilizarlo para ampliar el Palacio de Justicia construyendo un nuevo edificio, tras un acuerdo entre el Ayuntamiento de Pamplona y el Gobierno de Navarra.

La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Pamplona aprobó el 4 de septiembre de 2012 el proyecto para el derribo de la antigua cárcel de la capital navarra, que llevó a cabo la empresa Construcciones y Excavaciones Erriberri.

El estado del edificio y su tipología no permitía su reutilización para otros fines sin una obra importante Por ello, el Ayuntamiento de Pamplona aprobó la adjudicación de la redacción del proyecto de derribo y la ejecución de las obras.

Vista del derribo de la muralla y de los edificios interiores de la antigua cárcel de Pamplona. Navarra.com.
Vista del derribo de la muralla y de los edificios interiores de la antigua cárcel. Navarra.com

La adjudicación se realizó a favor de Construcciones y Excavaciones Erriberri, S.L. por un importe de 105.100 euros, IVA incluido. El precio de licitación era de 150.000 euros, por lo que la rebaja fue del 30 %.

Se desmontó la portada exterior de acceso a la cárcel para llevarla al nuevo centro penitenciario, así como uno de los sillares en los que figura la fecha de inicio de la obra, en 1900. El edificio se derribó en apenas unas semanas entre octubre y noviembre de 2012 con maquinaria, sin voladuras.

Se empezó por el tejado y bajando hasta el nivel del suelo. Se trató de una demolición muy sencilla, que provocó pocas molestias, al tratarse de un recinto cerrado y acotado. Los residuos como la piedra de los muros, el hormigón de las soleras, la madera o el metal se reciclaron en una planta de tratamiento, donde el material se separó.

Como siempre en estos casos, hubo polémica municipal. El alcalde de Pamplona, Enrique Maya, señaló que el Ayuntamiento aprobó la partida presupuestaria para derribar la antigua cárcel de Pamplona y explicó que este tema "se debatió con toda normalidad", por lo que mostró su "sorpresa" por el hecho de que algunos grupos de la oposición le acusaran de actuar con "prisas".

Maya defendió que el derribo: "Tiene muchas ventajas y a partir de que se tomó la decisión, lo que hemos hecho ha sido trabajar para hacerlo cuanto antes, es evidente que hemos actuado con toda la lógica del mundo y nada más". "Ahora cuando ya está la obra adjudicada y se inicia el derribo, me parece absolutamente extemporáneo este debate y no tiene ninguna lógica, pero no voy a entrar a valorar los porqués de ellos, ellos sabrán por qué lo hacen", ha explicado.

Los representantes de NaBai e I-E se quejaron de la urgencia de un derribo que a su juicio está totalmente “injustificado”. “Nos preocupa que quede un solar que no se ha terminado de rematar, de adecuar para la ciudad y por el contrario, y teniendo en cuenta las necesidades que tiene Pamplona en cuanto algunas dotaciones, no se hayan valorado las posibilidades de dar un uso social al edificio o no se hayan estudiado qué partes del inmueble pueden ser reutilizables”, aseguró Iñaki Cabasés, de NaBai.

Una historia de más de cien años años

La anterior cárcel, estaba en la actual plaza de San Francisco del casco viejo de Pamplona desde el siglo XVI. Dado su estado ruinoso, se decidió construir la nueva cárcel a extramuros, en la actual calle San Roque, dejando en la plaza San Francisco un respiradero a la colapsada ciudad. El arquitecto Julián Arteaga fue quien la levantó, al igual que la nueva audiencia en el paseo Sarasate y las escuelas de San Francisco.

A finales de 1909 se inició la demolición de aquella antigua cárcel y del antiguo Consejo Real. En el solar se adecuó la plaza de San Francisco. En un extremo se construyeron las escuelas de San Francisco, obra de Julián Arteaga, y en el otro el edificio de La Agrícola, diseño de Francisco de Urcola, inmueble que fue también gran hotel y, desde 1976, biblioteca.

El edificio de la nueva cárcel, situado en las confluencias de la cuesta de la Reina y de la calle de San Roque, se empezó a construir en 1900 y se inauguró en 1907. De forma cuadrada, ocupaba una superficie en planta de 3.650 metros cuadrados y disponía de un cuerpo central en forma de cruz con planta baja más dos pisos y sin sótano.

La capital navarra sumaba entonces 28.600 habitantes y la obra supuso un desembolso de 117.393 pesetas de la época, algo más de 700 euros.

El centro, que tenía cuatro patios de diferentes formas y dimensiones, contaba en la zona de acceso al edificio central con dos edificios más pequeños con una superficie en planta de 335 metros cuadrados y formados por planta baja más un piso. Toda la edificación estaba separada del muro que rodeaba al recinto por un pasillo perimetral.

Francisco de Javier González de Castejón y Elío, marqués del Vadillo, vizconde de Arberoa y Barón de Beorlegui, nacido en Pamplona y protagonista de una densa trayectoria en la que llegó a ser intendente real, fue el encargado de colocar la primera piedra en el inicio de la construcción de la cárcel de Pamplona. Fue el 15 de julio de 1900.

Imagen de la puerta principal de la cárcel de pamplona, a punto de ser derribada. Navarra.com.
Imagen de la puerta principal de la cárcel de Pamplona, a punto de ser derribada. Navarra.com

Nuevo centro penitenciario en Santa Lucía

El nuevo Centro Penitenciario de Pamplona y el Centro de Inserción Social, que está ubicado en la colina de Santa Lucía, entró en funcionamiento en junio de 2012. El 18 de junio fueron trasladados los 504 presos a la nueva cárcel.

La inversión fue de casi 100 millones de euros en la colina de Santa Lucía. Denominada Norte II se levantó en una superficie de 190.000 metros cuadrados con más de 500 celdas de 13 metros cuadrados.

Tienen 13 metros cuadrados frente a los 11 metros que tenían las de la cárcel de San Juan. Cada una dispone de una litera, estanterías de obras sin puertas y un baño abierto con sanitarios metálicos. En cada celda hay un interfono que permite al recluso comunicarse directamente con el puesto central. Las 53 habitaciones que tiene el Centro de Inserción Social son también dobles pero tienen armarios y un baño independiente con puerta.

La nueva instalación fue inaugurada el 5 de junio de 2012 con la presencia del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, que aseguró: “La cárcel no ha de ser lugar de rechazo, de repudio de la persona, ni de contención de la marginalidad. Al contrario, debe facilitar un camino de progresión a todos los que cumplen penas”, añadió.

Y aseguró que en la nueva cárcel de Pamplona los modernos sistemas de seguridad se han integrado de una forma “funcional y no agresiva” para evitar precisamente “la deshumanización”. A pesar del buen nivel de las nuevas instalaciones, el ministro confirmó que se van a eliminar los elementos “suntuarios” como las 721 televisiones de plasma adquiridas para las celdas por 100.000 euros, o la puesta en marcha de la piscina cubierta cuya construcción costó 500.000 euros.

La presidenta de Navarra, Yolanda Barcina mostró su satisfacción por el nuevo centro penitenciario “anhelado durante tanto tiempo”. Dijo que es precisamente el estado de las cárceles “uno de los mejores indicadores” del desarrollo de un país.

Un centenar de personas, convocadas por la Asociación de Vecinos de San Jorge-Sanduzelai, Herrira y Salaketa, se manifestaron junto al acceso a la nueva cárcel en el día de su inauguración. Las protestas eran contra la “tropelía medioambiental” cometida con las obras.


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