Cintruénigo ha amanecido este miércoles con una normalidad que casi descoloca. Como si fuera un día más y nada escapara de la rutina. A las puertas del Instituto La Paz de Cintruénigo, cuando el reloj se acercaba a las ocho de la mañana, se ha cortado, como de costumbre, la carretera para facilitar el acceso a los alumnos. Los más madrugadores aguardaban en corros cerca de la puerta, hablando en voz baja, esperando.
Pero no es un día cualquiera. Desde el viernes, el pueblo vive sumido en la tristeza por la muerte de Sara Jiménez Jiménez, una adolescente de 17 años que llevaba años sufriendo el acoso de algunos compañeros.
La noticia ha conmocionado a todo el mundo. En la calle se nota. Hay vecinos que prefieren no hablar del tema “por respeto a la familia”. Otros porque siguen demasiado sensibles. Un vecino pasa de largo con los ojos vidriosos. “No puedo hablar. Me ha tocado mucho”, se disculpa, antes de seguir caminando.
Otra persona relacionada con el centro educativo también evita pronunciarse sobre la muerte de Sara, pero reconoce que desde el lunes “hay tensión”.
En un bar del pueblo, una camarera sirve pinchos y tostadas a los clientes del desayuno. Trabaja como siempre, pero lo que se oye estos días no es lo de siempre. “Llevo poco aquí y no conozco a la familia”, reconoce. Aun así, asegura que muchos clientes sacan el tema y lamentan la muerte de una adolescente que tan sólo empezaba a vivir. “Da mucha pena, sobre todo siendo tan joven”, comenta emocionada.
María Luisa, vecina de Cintruénigo, estuvo en el funeral celebrado por Sara este domingo. “Muchas personas salieron rabiosas de él tras conocer lo ocurrido”, reconoce. “No nos lo esperábamos”, asegura. Cuenta que “estos días en misa se ha comentado mucho” y se muestra entristecida por lo que está pasando la familia de la joven. “Es una pena que pasen estas cosas”.
También espera que muchos vecinos se acerquen el lunes a la concentración organizada por el Ayuntamiento de Cintruénigo a las 19:30 horas para rendir homenaje a Sara. “Algunos ya comentaban que se estaba tardando en organizar”.
Un hombre mayor, sentado unos metros más allá, se muestra apesadumbrado. No aporta detalles, pero describe el golpe que se ha instalado en el pueblo: “No sé nada, pero el pueblo se ha quedado consternado”.
UN MINUTO DE SILENCIO EN PRIMARIA
“Nos ha tocado demasiado cerca. Estamos todos muy afectados, muy mal”, reconoce Mari Paz Aliaga, que vuelve de dejar a su nieta en el colegio. “En la Primaria se acaba de hacer un minuto de silencio por Sara”, comenta.
Y lamenta la pérdida de una joven del pueblo a la que describe como “muy cariñosa, agradable y simpática”.