Disfrutar de la gastronomía en miniatura de Navarra es un placer cotidiano, pero hacerlo garantizando que absolutamente todo el mundo pueda saborear el mismo plato, sin importar sus capacidades físicas, es una auténtica revolución. Eso es lo que ha demostrado el Colegio de Educación Especial Virgen de Orreaga de ASPACE Navarra en Pamplona. Para celebrar sus cuatro décadas de historia como referente en inclusión, el centro ha organizado un singular concurso de pintxos donde el verdadero premio no ha sido la creatividad, sino lograr que toda la comunidad escolar disfrutara de los mismos sabores gracias a la magia de la comida texturizada.
El centro pamplonés cumple 40 años consolidado como el gran referente de la Comunidad Foral en la atención educativa especializada para alumnos con parálisis cerebral y discapacidades afines. Durante todo este tiempo, la meta de la institución no ha sido otra que evolucionar junto a las familias, apostando de forma decidida por proyectos que fomenten la autonomía personal y la participación activa en el entorno habitual.
Por eso, para conmemorar una fecha tan redonda, los responsables del colegio decidieron huir de los actos solemnes y organizar una jornada festiva y musical donde la gastronomía compartida cobrase todo el protagonismo. Las diferentes aulas aceptaron el desafío de diseñar sus propias propuestas culinarias en un concurso muy especial.
La gran barrera que rompió este certamen radica en la obligatoriedad de sus bases: cada pintxo debía presentarse en su formato original pero, de manera simultánea, de forma texturizada. Esta técnica culinaria permite modificar la consistencia de los alimentos para que las personas con problemas de deglución o masticación puedan ingerirlos con total seguridad, manteniendo intactos el gusto y los matices de los ingredientes.
Gracias a este requisito, todo el alumnado pudo participar de la experiencia en total igualdad de condiciones. Tras una reñida deliberación culinaria, el reconocimiento especial del jurado se lo llevó la propuesta bautizada como "Verde que te quiero salmón", elaborada por uno de los grupos del centro.
Como explica la directora del colegio, Ana Valencia, la esencia del evento resume a la perfección la trayectoria del centro: "Queríamos que la celebración reflejara nuestra manera de entender la inclusión. Actividades como esta nos recuerdan que todas las personas deben poder participar y disfrutar de experiencias cotidianas y compartidas". Cuarenta años de compromiso diario en Pamplona que demuestran que una sociedad más justa e igualitaria también se construye bocado a bocado.