Vivir en un país con muchas horas de sol no garantiza unos niveles adecuados de vitamina D. Más del 30% de la población presenta niveles insuficientes de esta hormona liposoluble, una situación relacionada con los hábitos actuales, la edad, la obesidad, determinadas enfermedades y una alimentación pobre.
Durante años, la vitamina D se ha asociado casi exclusivamente con la exposición solar y la prevención de los problemas óseos. Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante la última década ha ampliado de manera notable su importancia dentro del organismo.
MUCHO MÁS QUE UNA VITAMINA PARA LOS HUESOS
“La vitamina D no solo regula la absorción de calcio y fósforo, también interviene en la función muscular, el sistema inmune, el metabolismo y la regulación de la inflamación”, ha explicado la Dra. Ana Hernández Moreno, responsable del Área de Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona.
A pesar de la abundancia de horas de sol, el déficit de vitamina D continúa siendo frecuente. El trabajo en espacios interiores, el uso necesario de protección solar y la menor intensidad de la radiación durante varios meses dificultan que el organismo produzca este nutriente a través de la piel.
LOS GRUPOS CON MAYOR RIESGO
A estos hábitos se añaden diferentes factores biológicos. La edad avanzada, los fototipos altos, la obesidad, algunas enfermedades crónicas y una dieta nutricionalmente pobre aumentan el riesgo de presentar niveles insuficientes.
“Aunque vivamos en un país soleado, la combinación de todos estos factores hace que el déficit siga siendo frecuente”, ha subrayado Hernández Moreno, especialista en Endocrinología y Nutrición.
CUÁNDO ESTÁN INDICADOS LOS SUPLEMENTOS
La alimentación, por sí sola, rara vez permite cubrir todas las necesidades de vitamina D. Son pocos los alimentos que la contienen de manera natural, por lo que una dieta adecuada debe acompañarse de otras medidas, como una exposición controlada a la luz natural.
La suplementación puede estar indicada en determinados casos, pero siempre debe realizarse bajo criterio médico. “No se trata de tomar vitamina D por si acaso”, ha advertido la especialista. En personas sanas, sin déficit ni factores de riesgo, no se ha demostrado que aporte beneficios. Además, un consumo excesivo y prolongado puede provocar efectos adversos.
SU IMPORTANCIA DURANTE LA MENOPAUSIA Y EL EMBARAZO
El papel más conocido de esta hormona está relacionado con la salud ósea. La vitamina D resulta esencial para que el calcio se absorba correctamente y pueda incorporarse al hueso, un equilibrio especialmente importante durante etapas como la menopausia.
“El calcio son los ladrillos del hueso y la vitamina D es el cemento: si falta uno de los dos, el hueso no se forma correctamente”, ha explicado el Dr. Álvaro Ruiz Zambrana, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra.
Las necesidades de vitamina D también aumentan durante el embarazo y la lactancia. El feto y el recién nacido obtienen este nutriente de la madre, por lo que mantener unos niveles adecuados favorece el desarrollo óseo del bebé y protege la salud de la mujer.
Ruiz Zambrana también ha recordado la relación de la vitamina D con el metabolismo de la glucosa y el control de la tensión arterial durante la gestación. Por este motivo, los especialistas insisten en valorar cada caso de manera individual y evitar la suplementación sin indicación médica.