La vuelta a la rutina tras las vacaciones estivales suele traer consigo un clásico de cada septiembre: la incapacidad para conciliar el sueño. Sin embargo, el Dr. Guillermo Recatero, especialista en Medicina del Sueño, medicina regenerativa y longevidad, advierte de que el diagnóstico habitual suele ser erróneo. No se trata de un simple desajuste en la cama, sino de un organismo que no logra desactivar el modo de alerta.
“Muchas personas creen que dormir mal es solo un problema del sueño, pero a menudo encontramos un sistema nervioso que ha perdido flexibilidad para pasar de la activación al descanso. La persona puede estar agotada y, al mismo tiempo, sentir que su cuerpo sigue ‘encendido’”, explica el médico. Según Recatero, uno de los errores más frecuentes es forzar la situación intentando acostarse antes: “El sueño no empieza cuando nos metemos en la cama, empieza por la mañana con la luz que recibe nuestro cerebro”.
La lección personal tras la depresión de su padre
La visión integrativa del doctor no procede únicamente de los manuales clínicos, sino de un episodio familiar que cambió su forma de ejercer la medicina. Su propio padre, también médico, sufrió una fuerte etapa depresiva e insomnio severo tras jubilarse y perder su rutina diaria.
“Estar sin dormir deterioró gravemente su estado: apareció la irritabilidad y pensamientos muy negativos. Al ser médico, rechazaba los sedantes y ansiolíticos por miedo a la dependencia. Aquello me hizo comprender que detrás de alguien que no duerme puede haber una pérdida de propósito, miedo y un sistema nervioso que ya no sabe frenar”, relata Recatero, señalando la importancia de activar el nervio vago —la 'autopista' del sistema parasimpático— para devolver la calma al cuerpo[cite: 4].
El truco de los 5 minutos para 'apagar' el cuerpo antes de dormir
Para contrasionar el impacto de la vuelta a la rutina y estimular la respuesta del sistema nervioso autónomo sin recurrir a la medicación, el especialista propone una técnica tan sencilla como accesible[cite: 4]:
Practicar durante 5 minutos al final de la tarde una respiración pautada donde la exhalación sea más larga que la inhalación: inspirar por la nariz durante 4 segundos y exhalar suavemente durante 6 segundos[cite: 4]. “Una respiración lenta envía al organismo la señal de que no hay peligro, entrenando la transición de la alerta al descanso”, concluye[cite: 4].