Cumplir 100 años no está al alcance de cualquier negocio, y menos aún en el mundo de la hostelería. El Ché lo ha conseguido convertido en mucho más que un bar: es un clásico de toda la vida en un pueblo de Navarra. Un punto de encuentro habitual y uno de esos locales que han acabado formando parte de la memoria cotidiana de varias generaciones.
En pleno corazón de Estella, Bar El Ché se encuentra en el Paseo de la Inmaculada, 1, en un enclave privilegiado junto al río Ega y al lado del Ayuntamiento de la ciudad del Ega. A pocos metros están también otros negocios muy conocidos de la zona, como la pastelería La Mallorquina, que cumplirá 100 años muy pronto, o el nuevo supermercado Udaco, en una parte muy transitada y reconocible de la localidad.
La historia del establecimiento arranca en los años 20 del pasado siglo, cuando el navarro Cecilio Ugarte decidió abrir el negocio después de un viaje por Argentina. Aquel desplazamiento no solo le sirvió para volver con una idea clara de restaurante, sino también para elegir el nombre. “El ché” es una forma muy común de dirigirse a un amigo o a un compañero en una conversación, y esa expresión terminó dando identidad a un local que con el tiempo se ha convertido en toda una referencia.
El peso de Bar El Ché en Estella no se explica solo por su trayectoria o por su cocina. También tiene mucho que ver con su vinculación a uno de los actos más conocidos de las fiestas patronales: la bajadica del ché. La tradición nació cuando el propio Cecilio Ugarte retó a los jóvenes a tocar música desde la plaza de los Fueros hasta el bar, con la promesa de invitarles a café y bacalao gratis. El gesto prendió y acabó dando forma a una cita festiva que se mantiene con los años.
Durante mucho tiempo, el local estuvo regentado por Samuel Castillo y Consuelo Ajona. En la actualidad, el negocio está en manos de Lourdes Madrazo Abarca, natural de San Sebastián, y Daysi Velarde Palacios, que han formado una sociedad y llevan ocho años al frente del establecimiento. Ambas destacan que trabajan “muy a gusto con una clientela muy variada y muy contentas en un pueblo muy acogedor”, una sensación que, según trasladan, ha sido clave para consolidarse en esta nueva etapa.
Buena parte del tirón del bar está en una oferta que sigue funcionando como un reloj. Los pinchos y las cazuelicas de comida casera están entre lo más solicitado por los clientes, que además cuentan con una amplia terraza para disfrutar del ambiente. “Somos dos personas que nos juntamos por el mismo gusto por la hostelería y aquí vamos tirando para adelante. Las dos trabajábamos en locales diferentes en Estella”, explica Daysi al recordar cómo comenzó esta aventura compartida.
La propia Daysi conoce bien la ciudad y su ambiente. Es de Ecuador, pero lleva 22 años en Estella. “Primero llegaron mi padre y luego vine yo y me gustó. El balance es muy bueno. Muy a gusto con un buen entendimiento entre las dos. Deseando que llegue el buen tiempo. Los clientes están muy satisfechos”, relata sobre una etapa personal y profesional que, según expresa, le ha permitido echar raíces en la localidad.
La cocina de El Ché no se queda solo en sus especialidades más conocidas. “Trabajamos también platos combinados, hamburguesas, ensaladas, sandwiches, con una cocina abierta desde las ocho de la mañana a las 11 de la noche todo el día. Cerramos solo el domingo por la tarde”, detalla Daysi al explicar el funcionamiento de un negocio que mantiene un horario amplio y muy adaptado al ritmo diario de la clientela.
Esa actividad constante también se refleja en las reseñas de quienes pasan por allí. Una de ellas resume así la experiencia: “Trato increíble por parte del personal, platos abundantes y riquísimos, precio asequible se come ideal dos personas por unos 20 euros aproximadamente. Recomendable al cien por cien”.
Otra valoración incide en la capacidad del equipo para resolver cualquier imprevisto. “Muy buena sensación. Fuimos un sábado (previa reserva) con motivo de una etapa del Camino de Santiago. Reservamos a las 15.00 horas pero nos adelantamos, hicimos la etapa más rápido de lo esperado (llegamos a las 14). Sin embargo no fue un problema porque, a pesar de tener la mesa ocupada como era lo esperado, movieron a un par de personas muy educadamente y nos apañaron la mesa”.