• martes, 20 de enero de 2026
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COMERCIO LOCAL

La familia de Pamplona que cumple 80 años en la tienda de dulces por donde pasan más viajeros

El nombre del local no es casual. Se ha mantenido desde 1946, cuando se inauguró la antigua estación de autobuses de Pamplona.

César de Luis Murugarren en la tienda Dulces La Vieja Estación de Pamplona. Navarra.com
César de Luis Murugarren en la tienda Dulces La Vieja Estación de Pamplona. Navarra.com

Ocho décadas dan para ver de todo: prisas de última hora, billetes apurados, maletas que casi no caben en el pasillo y viajeros que, antes de subir al autobús, buscan un capricho rápido para el camino. En Pamplona, una familia ha vivido ese ritual día tras día y ya prepara un aniversario redondo.

Ese mostrador está en la estación de autobuses y tiene nombre propio: La Vieja Estación. La tienda, conocida también como “Dulces La vieja estación”, sigue abierta en las instalaciones actuales de Yanguas y Miranda 2, a pocos metros de donde estuvo la antigua estación de la avenida Conde Oliveto en el segundo Ensanche de la capital navarra.

Al frente están los hermanos César y Ion de Luis Murugarren, tercera generación del negocio. En 2026 van a cumplir 80 años atendiendo a viajeros y vecinos, con el mismo espíritu de servicio de siempre y con una idea clara: allí no se puede fallar, porque el autobús pasa en invierno y en verano.

El nombre del local no es casual. Se ha mantenido desde 1946, cuando se inauguró la antigua estación de autobuses de Pamplona en Conde Oliveto, que se cerró en noviembre de 2007. El negocio se ha movido con la ciudad, pero ha conservado ese guiño a la primera parada.

El origen se lo sabe de memoria César, que lo cuenta tirando de historia familiar. “Comenzaron mis abuelos Cesareo Luis y Elvira Beorlegui en la estación vieja. Cesareo era remontista (Fitero III) natural de Fitero y luego fundó este negocio. Mi abuela fundó el actual Bar Fitero en la calle de la Estafeta”, ha relatado.

Después llegó el turno del padre, Lorenzo Jesús Luis Beorlegui, conocido por todos como Chuchín, que empezó a vender con 14 años junto a sus padres. “Más tarde lo cogió mi padre Lorenzo Jesús Luis, conocido por todos como Chuchín. Luego tomamos las riendas mi hermano Iosu y yo desde 2007 con la nueva estación”, ha explicado César, situando el relevo en el cambio a la terminal subterránea.

La tienda ha funcionado como termómetro de la estación: cuando hay más movimiento, se nota; cuando el autobús flojea, también. “Clientela tenemos siempre. Se trabaja. Hemos pasado épocas peores y mejores”, ha comentado, antes de recordar uno de los baches más duros: “Hemos soportado cierres perimetrales, pocas frecuencias de viajes con el covid que fue muy duro”.

Ahora, el trabajo se reparte por turnos y con apoyo fijo. “Nos turnamos y tenemos dos chicas estudiantes que nos ayudan a media jornada que llevan años con nosotros (Lupita y Nikol)”, ha detallado. Y el horario, casi de servicio público: abren todos los días del año menos el 25 de diciembre y el 1 de enero.

En el mostrador, el ranking cambia con el calendario. César enumera lo que más sale: chocolates y bollería durante todo el año; y cuando aprieta el calor, más sándwiches, botellas de agua o caramelos. La idea es sencilla: quien entra suele hacerlo con poco tiempo y con el viaje ya en la cabeza.

Esa prisa no quita para que haya clientela fiel. “Lo mejor es cuando ves a gente que lleva toda la vida comprando”, ha contado. Y describe un perfil muy habitual en los autobuses: “El perfil de los que cogen el autobús es gente adulta de los pueblos y que agradecen que tengas cosas que ellos no encuentran como mucho caramelo sin azúcar, mucho fruto seco”. A veces, incluso, vuelven con una frase que se repite: que no los encuentran mejores en ningún sitio.

Entre lo más complicado, además de la pandemia, César sitúa un enemigo muy concreto: las goteras. “Cada vez que hay tormentas fuertes vienes con miedo”, ha asegurado. Y ha puesto ejemplos de días en los que la situación se ha desbordado: “Nos hemos encontrado la tienda con una buena capa de agua de hasta diez centímetros o con charcos y no te permite abrir”, aunque ahora están en ello para solucionarlo de una vez por todas.

El futuro, dice, está abierto, pero sin empujar a nadie. “No sabemos si habrá cuarta generación: Tengo cuatro hijos. Los mayores tienen 16 años y quiero que se dediquen a estudiar y en el futuro ellos verán si les gusta y quieren seguir. Yo no le diré que no. No lo descartamos. Mi hermano tiene dos hijos y entre seis quién sabe”, ha señalado.

Las reseñas en redes acompañan ese trato cercano. “Una atención exquisita igual que todos sus productos. Parada obligada antes de cualquier viaje”, escribe un cliente. Otro lo resume con entusiasmo: “Me encanta, me encanta, me super encanta, su sabor, su olor... No me canso nunca de comerlas”.

La estación de autobuses de Yanguas y Miranda, totalmente subterránea, se abrió al público el 12 de noviembre de 2007. Las obras comenzaron en julio de 2005 y el presupuesto fue de 38 millones de euros. La estación tiene una superficie de 27.000 metros cuadrados, dispone de una dársena circular para 28 autobuses y otra de refuerzo para 24, con zona de espera, galería comercial y cafetería. Además, cuenta con un parking con capacidad para 591 plazas, de las que 305 son de rotación.

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