• sábado, 14 de marzo de 2026
  • Actualizado 09:32
 
 

COMERCIO LOCAL

"Hay gente que entra solo a mirar": El acuario de 40 kilos de hielo que triunfa en este barrio de Pamplona

Destaca su mostrador: “Mucha gente entra para verlo. Quien pasa por delante me pregunta si puede entrar a mirar”, asegura.

Cristina y Arancha en la pescadería La Dorada de Pamplona. Navarra.com
Cristina y Arancha en el mostrador de la pescadería La Dorada de Pamplona. Navarra.com

Cristina Asiáin Rodero lleva 35 años vendiendo pescado con la misma receta que no falla: madrugar, elegir buen género y cuidar el mostrador como si fuera un escaparate de museo en Navarra. Tiene 57 años, es de Pamplona “de toda la vida” y habla del oficio sin adornos, con la claridad de quien lleva media vida detrás de una balanza: “Da para vivir, porque si no, bajo la persiana rápido”.

Su negocio es la pescadería La Dorada, en la avenida de Pío XII 10 trasera, en el barrio de San Juan, uno de esos comercios que han visto pasar generaciones de vecinos. “La abrí con mi marido hace ya 35 años este próximo mes de mayo, toda una vida”, cuenta Cristina. En la tienda trabaja con la ayuda de una empleada, Arancha de la Rosa, y de su marido, Javier Correa Yalar, “que es el que va a comprar el pescado al puerto y nos coloca el magnífico mostrador”.

Y ahí está una de las claves de La Dorada: el mostrador. Cristina lo describe casi como un pequeño espectáculo cotidiano. “Hay que ir al puerto a por el pescado, traerlo, poner este mostrador donde le ponemos igual hasta 40 kilos de hielo. Lo convertimos en un acuario”, relata. Dice que no es raro que alguien entre solo a mirar. “Mucha gente entra para verlo. Quien pasa por delante me pregunta si puede entrar a mirar”.

La jornada arranca antes de que amanezca. Javier se levanta “para las cuatro de la mañana” y a las seis y media ya tiene que estar en la pescadería. Luego toca colocar todo “antes de abrir”, porque el género no se pone solo y el hielo tampoco. La Dorada abre de 9 a 14 horas. “Primero viene mi marido, luego viene Arancha y yo estoy para las ocho menos cuarto de la mañana más o menos”, explica Cristina, que lleva el ritmo como quien ya lo tiene grabado en el cuerpo.

En cuanto al producto, trabajan “con mucho pescado de San Juan de Luz”. Lo centralizan en un proveedor de Oyarzun y, según cuenta Cristina, es Javier quien decide qué entra al mostrador: “Mi marido elige el pescado”. A Pasajes “suele ir también algunas veces”, añade, dentro de esa rutina de compras que marca el día a día del negocio.

Cristina admite que ser autónomo “hoy en día lo tiene complicado”, pero asegura que, por ahora, no se pueden quejar. “Trabajamos bien”, afirma. Eso sí, insiste en que aquí no hay sitio para el autoengaño: “Da para vivir porque si no bajo la persiana rápido. Lo tengo muy claro, porque esto es mucho esfuerzo y son todos los días”.

La campaña de Navidad “ha ido muy bien” y lo vincula a una clientela fiel y exigente. “Además tengo una clientela selecta. Todo el pescado que hay en el mostrador se ve la calidad que tiene. Estoy contenta con la gente”, afirma. Explica que el trato es cercano y que el barrio se nota en esas pequeñas cosas: “Me transmiten que están contentas con el producto. Damos calidad. Me conozco a todas y ellas a mí. Yo sé quién entra y quien me va a comprar y quien no”.

Cuando se le pregunta por un relevo, Cristina lo descarta. “Para nada”, zanja. Tienen un hijo, Oier, pero no seguirá con el negocio. “Es ganadero porque vivimos en Urrizola de Arakil, en un caserío cerca de Irurtzun. No quiere y nosotros le hemos dicho que no”, explica. Y pone sobre la mesa la parte menos amable del oficio: “Es duro, muy esclavo. En cuanto te despistas cinco minutos… Hay que estar al pie del cañón”.

De momento, la idea es aguantar “hasta jubilarnos” y, si algún día toca pensar en el futuro, Cristina mira a Arancha de la Rosa, que tiene 45 años y lleva “casi dos años” con ellos. Ella se muestra prudente, pero cómoda en el ambiente de La Dorada: “Bien. Muy a gusto con los jefes y con las clientas. Cuando llegue el momento ya se verá lo del relevo, pero aún queda tiempo”, dice.

La pescadería también suma historias de esas que se quedan en la memoria del barrio. En mayo de 2000, La Dorada fue noticia por exponer en su mostrador un rape de 55 kilos y 1,70 metros de longitud, que después vendieron “troceado” a los clientes.

Lo adquirió Javier Correa Yalar en el puerto de Pasajes por 1.200 pesetas el kilo y lo había capturado el barco Gémina. “En realidad, no lo había visto ni él, ni mucha gente del puerto guipuzcoano”, recuerda el relato de entonces. En el centro de subastas se comentaba que no se había pescado un animal así de grande en los últimos 40 años.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
"Hay gente que entra solo a mirar": El acuario de 40 kilos de hielo que triunfa en este barrio de Pamplona