• miércoles, 20 de mayo de 2026
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COMERCIO LOCAL

Margarita y José, en la última tienda hippie de Pamplona: “Cobro 700 euros con 51 años cotizados”

“Para estar vivo hay que ser feliz y para eso hay que trabajar en lo que te gusta, y esa es la fórmula”, sostienen.

Margarita Trujillo y José Sanchís en su tienda 'Lo más esencial' de Pamplona. Navarra.com
Margarita Trujillo y José Sanchís en su tienda 'Lo más esencial' de Pamplona. Navarra.com

Bajo tierra, en la estación de autobuses de Pamplona, entre un gimnasio, una administración de lotería, una tienda de dulces y un bar restaurante, sobrevive uno de esos negocios que parecen sacados de otra época. Se llama Lo más esencial y lo atienden Margarita Trujillo Alonso, tinerfeña de 67 años, y José Sanchís García, natural de Cuenca y de 79 años, una pareja que lleva décadas ligado a un modo de vida que aún hoy sigue encontrando su sitio en la capital navarra.

El local ocupa uno de los cinco espacios comerciales en funcionamiento de la nueva estación de autobuses. Comparte pasillo con los dulces de la vieja estación, el gimnasio Vivagym, la administración número siete de Loterías y Apuestas del Estado y el bar restaurante La Barrera en pleno segundo Ensanche. Allí, rodeados de inciensos, minerales, cuencos tibetanos, velas y artesanía, reciben a los clientes que entran a curiosear y a buscar algo más que un simple regalo.

José recuerda que su relación con ese espacio viene de lejos. “Antes estábamos como cesión de espacio, pero como tienda estamos aquí desde que lo cogió la empresa Vectalia en 2012”, explica. Antes de asentarse de manera estable en ese punto de la estación, habían pasado por los locales de la galería y trabajaban sobre todo en campañas concretas. “Nos tirábamos la Navidad, un par de meses, y las ferias en Sanfermines y cosas así”, rememora.

Su vínculo con Pamplona, de hecho, empezó muchísimo antes. “Vengo desde el año 1962, con 15 años”, cuenta José. Aquella llegada, según relata, no pasó precisamente desapercibida. “Vine con el pelo largo el primer año. Me puse en un puesto en San Nicolás, esquina con Plaza del Castillo, sin camisa, y todos venían a ver si era una chica o un chico”. En aquel puesto vendía pendientes, horóscopos, bicicletas y anillos, y durante un tiempo incluso consiguieron permisos para vender en esa zona.

También pasó por otros enclaves muy conocidos de la ciudad durante las fiestas. “En la antigua estación estuvimos dos años en Sanfermines. Antes veníamos en fiestas para colocarnos en el Paseo de Sarasate, en la plaza de los ajos en su momento y en el Bosquecillo de antiguo”, relata, dibujando una estampa muy distinta de aquella Pamplona que conoció siendo apenas un chaval.

José habla de ese recorrido como una forma de vida. “Es la vida del hippie. Para estar vivo hay que ser feliz y para eso hay que trabajar en lo que te gusta, y esa es la fórmula”, sostiene. Aunque ya está jubilado, sigue echando una mano en el negocio familiar. “Yo estoy jubilado, pero ayudo a mi mujer. Los hijos no quieren saber nada de esto, como en todos los oficios”, señala. Y, al hablar de su situación económica, deja una de las frases más contundentes del relato: “Además, ser autónomo en este país es lo peor que hay. Con 51 años cotizados cobro 700 euros”.

En Lo más esencial venden “un poco de todo”, aunque el núcleo del negocio gira en torno a la artesanía y a los productos vinculados con la espiritualidad y la energía. “Es una tienda de energías, productos hippies de todo el mundo, como artículos de regalo, inciensos, que es lo que más se vende, cuencos tibetanos…”, enumera José, mientras describe un comercio muy reconocible para quienes llevan años entrando en busca de ese tipo de objetos.

La pandemia y los cambios en el transporte internacional también alteraron su manera de trabajar. “Tras el covid hemos vuelto a hacer cosas nosotros, como pulseras y pendientes, porque ya no se puede viajar por el alquiler de los contenedores, que está carísimo”, explica. Esa situación les ha empujado a recuperar parte de la elaboración propia y a apoyarse más en el trabajo manual.

José insiste en que quedan muy pocos establecimientos de este estilo. “Somos de las pocas tiendas que quedan así”, afirma. Y deja claro que no orientan el negocio al visitante ocasional, sino a una clientela que busca algo muy concreto. “No vendo cosas para turistas, sino cosas de energía”, subraya. Según cuenta, quienes cruzan la puerta suelen pedir “un colgante de protección o un mineral de protección, una esencia, unas velas o un incienso para limpiar las casas, atadillos de salvia” y también se acercan “a mirar el muro de las lamentaciones de nuestras clientas para echar las cartas”.

En ese local subterráneo de la estación, entre objetos traídos de aquí y de allá y una estética que resiste el paso del tiempo, Margarita y José siguen atendiendo cada día un negocio singular en Pamplona, uno de los últimos rincones donde todavía pervive, con canas y muchas horas a la espalda, aquella vieja filosofía hippie de vivir trabajando en lo que a uno le gusta.

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