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COMERCIO LOCAL

Las tres hermanas que mantienen vivo en Pamplona el puesto que abrieron sus padres: "Hemos crecido entre cajas y madrugones"

La cuarta hermana, Laura, también trabajó durante unos años en el puesto antes de tomar otro camino profesional.

Las hermanas Beroiz, Mari Mar Rakel y Almudena, en su puesto del mercado del Ensanche en Pamplona. Navarra.com
Las hermanas Beroiz, Mari Mar Rakel y Almudena, en su puesto del mercado del Ensanche en Pamplona. Navarra.com

Mari Mar, Almudena y Raquel Beroiz Goñi han hecho mucho más que vender fruta y verdura en Pamplona. Mantienen en pie la historia de su familia. Las tres hermanas comparten hoy el puesto que sus padres abrieron en el mercado del Ensanche y lo hacen con una mezcla de trabajo, memoria y orgullo que se percibe en cada conversación.

A sus 51, 50 y 48 años, son la segunda generación de Frutería Hermanas Beroiz, uno de esos negocios de siempre que forman parte de la vida diaria de muchos vecinos del barrio. Pero detrás del mostrador no solo hay género fresco de Navarra, hortalizas ecológicas o fruta de temporada. También hay una historia de esfuerzo familiar que empezó hace más de medio siglo.

Todo comenzó en 1973, cuando Agustín Beroiz Tabar y Blanca Esther Goñi Iribarren pusieron en marcha el puesto 95 del mercado. Él se encargaba de traer el producto desde su huerta en Aranzadi y ella atendía el negocio. Con el paso del tiempo, sus hijas crecieron "entre cajas, madrugones y clientas de confianza" hasta convertir aquel puesto en una parte inseparable de su propia vida.

Lo hemos vivido desde pequeñas”, resumen las hermanas al recordar una infancia muy ligada al mercado. Mientras otras historias familiares se cuentan en álbumes o sobremesas, la suya se ha ido escribiendo entre verduras limpias, bolsas preparadas y mañanas de trabajo desde bien temprano.

La vida les obligó a madurar antes de tiempo. En 1995, cuando todavía eran jóvenes y seguían estudiando, falleció su madre. Aquel golpe cambió por completo el rumbo de la familia. Sin apenas margen para detenerse, las hermanas cogieron las riendas del negocio. Era, además, su único medio de vida.

Desde entonces, el puesto se ha convertido también en una forma de homenaje. Seguir allí cada día, levantar la persiana, ordenar el género y atender a la clientela ha sido para ellas una manera de continuar la historia que empezaron sus padres. Por eso hablan del negocio con emoción contenida. Porque en ese espacio no solo está su trabajo, sino también gran parte de su memoria.

El padre, natural de Lumbier, fue durante años quien llevaba al mercado la fruta y la verdura ecológica de su huerta en Aranzadi. Hoy, a punto de cumplir 86 años, todavía se deja ver de vez en cuando por el puesto. Esa presencia mantiene vivo un vínculo que las hermanas no han querido perder nunca.

En Frutería Hermanas Beroiz siguen apostando por el producto fresco, la verdura de temporada y las hortalizas ecológicas. Trabajan con productores de Leiza, Valle de Etxauri, Zona Media y Ribera de Navarra, además de género de cultivo convencional procedente de las huertas de la Magdalena y de la Ribera. También venden fruta nacional y de importación y ofrecen servicio a domicilio.

A esa apuesta por la calidad se suma un detalle que su clientela valora especialmente: muchas de las verduras se venden ya limpias y preparadas. Ese trabajo lo hacen ellas mismas, cada jornada, antes de abrir. Su día empieza entre las siete y las siete y media de la mañana para dejar el puesto listo a las ocho y media. Después, al final de la jornada, toca recogerlo todo para que el producto se conserve en las mejores condiciones.

Las hermanas aseguran que en los últimos años han notado más movimiento y más personas interesadas en el cultivo ecológico y en el producto de cercanía. Aunque ya no disponen de la huerta de su padre, reciben directamente del productor buena parte de lo que venden, lo que les permite mantener esa idea de frescura que siempre ha identificado al negocio.

Pero si algo ha sostenido este puesto durante tantos años ha sido la relación con la gente. Hablan con cariño de sus clientes, de la confianza construida con el tiempo y de ese trato cercano que solo se da cuando una tienda deja de ser solo una tienda. “Muy agradecidas a los clientes”, explican, conscientes de que esa fidelidad también ha sido clave para seguir adelante.

La historia familiar no termina en ellas cuatro. La cuarta hermana, Laura, también trabajó durante unos años en el puesto antes de tomar otro camino profesional. Ahora trabaja en una droguería en Leiza, aunque sigue acercándose de vez en cuando. Y mientras tanto, el futuro del negocio aún está por escribirse.

El relevo generacional todavía no está claro. Alguna hija les ayuda en verano o en Navidad, pero sigue estudiando y todavía queda tiempo para decidir. De momento, Mari Mar, Almudena y Raquel continúan al frente de un negocio que no solo vende frutas y verduras en Pamplona: conserva una herencia familiar levantada con esfuerzo y sostenida durante décadas con mucho trabajo.

En el mercado del Ensanche, entre el ir y venir de cada mañana, ellas siguen defendiendo el puesto que empezó su madre, también natural de Lumbier, en 1973. Y en ese gesto diario, repetido durante años, hay algo que va mucho más allá del comercio: la voluntad de no dejar caer aquello que un día levantó una familia.

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