"¡¡¡Damos la bienvenida a Primozzzz Rogliccccc!!!". Basta escuchar unos segundos para reconocer una de las voces que acompañan desde hace décadas al ciclismo español. Es la de Juan Mari Guajardo, navarro de Alsasua, que a sus 51 años celebra tres décadas con un micrófono entre las manos.
Guajardo lleva 30 años poniendo voz a carreras ciclistas, presentando equipos, entrevistando corredores, animando al público y convirtiendo cada salida y llegada en un pequeño espectáculo. De hecho, La Vuelta le ha rendido homenaje en una de las etapas de la carrera este viernes. Detrás de esa voz que conoce buena parte del pelotón hay, sin embargo, una historia que empezó mucho antes.
El ciclismo le llegó de la mano de su padre, también llamado Juan Mari Guajardo, con quien recorrió desde niño carreteras de Navarra, País Vasco, Segovia, Valladolid o Madrid para asistir a carreras. Aquellos viajes terminaron marcando definitivamente su vida.
Ahora puede presentar actos de La Vuelta a las puertas del Casino de Montecarlo y encontrarse junto al Príncipe Alberto de Mónaco. Pero incluso después de tres décadas sigue sorprendiéndose de hasta dónde le ha llevado aquella pasión familiar.
Su padre encendió una pasión que terminó convirtiéndose en profesión
"Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar que acabo de presentar actos de La Vuelta a la entrada del Casino de Montecarlo, al lado del Príncipe Alberto de Mónaco. Me saludó, me preguntó si todo iba bien y me saqué una foto con él", recuerda Juan Mari.
Su padre trabajaba en INASA, empresa matriz Reynolds, y ejercía además como periodista colaborador en Navarra Hoy y Radio Popular. Padre e hijo formaron muy pronto una pareja inseparable cuando había ciclismo o pelota cerca, y muchas veces también cuando estaba bastante más lejos.
"Los fines de semana íbamos a Segovia, Valladolid, Madrid, veíamos carreras y el lunes al cole. Sobre todo en Navarra y País Vasco disfrutábamos de carreras de todas las categorías", explica.
Juan Mari hijo también probó sobre la bicicleta. Corrió como alevín con el Club Ciclista Burunda, pero tardó poco en darse cuenta de que su lugar iba a estar en otra parte de la carrera.
De correr con el Burunda a coger el micrófono
"Elegí el micrófono, no la bici, pero corrí en alevín con el Burunda. A los 11 años me di cuenta de que no valía para el ciclismo, pero me gustaba mucho el entorno, el ambiente que se respiraba en las carreras", relata.
El primer paso llegó en 1995, precisamente haciendo de 'speaker' en el Club Ciclista Burunda. Dos años después apareció la gran oportunidad.
"Empecé en La Vuelta en la edición de 1997, cuando La Vuelta se lanzó desde Lisboa, la primera desde el extranjero. Tengo el recuerdo de la etapa inaugural que ganó en Estoril el danés Lars Michaelsen", explica.
Aquel joven de Alsasua comenzaba una trayectoria que terminaría convirtiéndolo en una auténtica enciclopedia del pelotón. Pero algunas de sus imágenes más especiales pertenecen incluso a los años anteriores al micrófono.
Cuando podía entrar con su padre en la habitación de Miguel Indurain
La relación entre ciclistas y periodistas era entonces muy diferente. Juan Mari conserva recuerdos que hoy resultan difíciles de imaginar, especialmente los protagonizados por su padre y Miguel Indurain.
"El año que debuta Indurain en el Tour recuerdo que con mi padre entraba en la habitación de Miguel Indurain. Allí hacía una entrevista personal con el campeón. Era el único periodista navarro", recuerda.
En una de aquellas conversaciones, su padre planteó al ciclista navarro una pregunta que con el tiempo adquiriría un significado especial. "Le preguntó que cuándo iba a ganar el Tour, e Indurain le contestó que 'nunca'".
Uno de sus recuerdos más emotivos llegó en 1991, cuando su padre ya estaba enfermo. Ni siquiera entonces abandonó las carreras.
El maillot dedicado de Indurain que quedó para siempre
"Aún enfermo seguía las carreras. En aquel 1991 fuimos a la crono del Tour en Maçon. Por la tarde entró en la habitación de Miguel y salió con la entrevista, y además con un maillot dedicado", rememora Guajardo.
Décadas después, aquel niño que acompañaba a su padre continúa llegando cada mañana a los escenarios donde desfilan los mejores corredores del mundo. Y reconoce que todavía siente que vive algo excepcional.
"Estoy cumpliendo un sueño todos los días. Es una enorme fortuna poder disfrutar del contacto con los ciclistas. Vivo de una pasión", asegura.
La profesión, no obstante, también tiene una cara mucho menos visible. El calendario obliga a pasar buena parte del año en la carretera.
Cerca de 240 días al año lejos de casa
Guajardo comienza habitualmente la temporada con el micrófono en Mallorca, en febrero, y puede terminarla hacia noviembre en pruebas cicloturistas como la de Ibiza.
"Hago todo el calendario nacional menos la Volta a Catalunya, incluidas pruebas de aficionados, femeninas, de cadetes... Termino el año con 195 días de micrófono y estoy fuera de casa unos 240 días al año", explica.
Ese es precisamente el peaje más complicado de una profesión que, desde fuera, puede parecer completamente festiva. "Lo más duro es estar lejos de la familia tanto tiempo, pero vivo de mi pasión".
Sobre el escenario apenas hay descanso. Guajardo anima al público, provoca aplausos, entrevista a los corredores, organiza concursos, narra los últimos kilómetros y remata cada jornada con la ceremonia de premios.
Un tímido que se transforma cuando sube al escenario
Resulta difícil imaginarlo escuchando sus presentaciones, pero Guajardo se define como una persona tímida. El escenario ha sido también una escuela personal durante estas tres décadas.
"Soy tímido, antes me ponía rojo en la escuela cuando me preguntaba la profesora, y no he perdido la timidez. Eso sí, he aprendido a gestionarla", reconoce.
"En el escenario te creces, haces una labor que tiene su punto y lo sobrellevas, pero la timidez está ahí", añade.
El conocimiento acumulado durante tantos años le permite moverse con naturalidad alrededor del pelotón. Y esa cercanía también le ha enseñado a observar una parte de los ciclistas que el público pocas veces puede ver.
El ciclismo visto a centímetros de sus protagonistas
"Los ciclistas son cercanos, siempre tienen un gesto, un choque de puños, te preguntan qué tal estás, te cuentan alguna pequeña confidencia, y eso es una forma de confianza", explica.
Desde su posición también percibe los nervios antes de las salidas, el dolor después de una caída o las preocupaciones de cada corredor. "Cada uno tiene su historia, te hablan de su salud, de una caída, y vas viendo cómo evoluciona cada uno con el paso de los días".
Treinta años permiten, además, haber visto desfilar distintas generaciones. Guajardo recuerda a Claudio Chiapucci, Gianni Bugno, Chris Froome o un jovencísimo Remco Evenepoel cuando todavía competía como júnior.
También guarda un recuerdo especial de Julian Alaphilippe. "Recuerdo su humildad, siempre te da la mano. Le echaré de menos".
Enric Mas y Primoz Roglic, dos ciclistas que hacen reaccionar al público
Entre los corredores actuales, Guajardo destaca el impacto que ha observado alrededor de Enric Mas. "Estoy comprobando lo que arrastra. Tenía ganas de preparar al público para que coreen su nombre. Se lo merecía, veo que atrae mucho", explica.
También ha podido medir de cerca el fenómeno de Tadej Pogacar, aunque subraya especialmente la conexión de Primoz Roglic con los aficionados.
"Tiene una conexión bárbara con el público, le quieren mucho, es muy amable, siempre da las gracias a los espectadores por seguirle y apoyarle", señala sobre Roglic.
Distinto es el carácter de Jonas Vingegaard, a quien describe como más introvertido. Entre otras generaciones recuerda también el tirón de Roberto Heras y Alberto Contador, especialmente en la retirada de este último con su victoria en el Angliru.
La etapa en la que nadie se creía lo que estaba contando
Tres décadas de ciclismo dejan también situaciones difíciles de olvidar. Una de ellas tuvo lugar en la célebre etapa de Fuente Dé, cuando Contador atacó y terminó arrebatándole La Vuelta a Joaquim 'Purito' Rodríguez.
"A veces he tenido que narrar sin imágenes de televisión. En la famosa etapa de Fuente Dé, cuando Contador le quitó La Vuelta a Purito, la gente no me creía, pero era cierto que el madrileño había atacado e iba a ganar La Vuelta", recuerda.
Son momentos en los que el conocimiento, la improvisación y la experiencia tienen que sustituir a cualquier pantalla. Precisamente ahí aparecen esos 30 años de oficio.
Juan Mari sigue recopilando información de cada corredor y almacenando historias hasta ser capaz de aportar algún dato de prácticamente cualquiera sin necesidad de consultar un papel.
Daniel Mangeas, la voz que le marcó cuando era un niño
Si Juan Mari Guajardo se ha convertido para miles de aficionados en una voz asociada al ciclismo, él también tuvo una que le acompañó desde pequeño: Daniel Mangeas, histórico locutor del Tour de Francia.
"Mi ídolo es Daniel Mangeas, durante muchos años la voz del Tour de Francia. En 2006 trabajé con él en una etapa en Pla de Beret. Cuando iba con mi padre al Tour, con mi familia, escuchaba su voz. Me marcó para siempre. El recuerdo lo guardo en el corazón", asegura.
También conserva en su memoria la voz de Manuel Lorenzo, otro nombre unido a su infancia y a aquellas jornadas en las que el ciclismo era todavía una aventura compartida junto a su padre.
Tres décadas después de empezar como 'speaker' del Burunda, Juan Mari continúa frente al público, pendiente de cada corredor y dispuesto a estirar cada apellido cuando llega el momento. "Todos necesitan apoyo, hay que cuidarlos".