COMERCIO LOCAL
La tienda de ropa de Burlada que resiste tras casi 60 años: "Nos da justo para un sueldo entre los dos"
Es un comercio histórico del pueblo marcado por el trato cercano, la ropa clásica y la fidelidad de varias generaciones.
Una tienda de ropa clásica sigue resistiendo al paso del tiempo en una localidad pegada a Pamplona. Con muebles de siempre, atención cercana y un trato que muchos clientes ya casi no encuentran, el negocio ha mantenido vivo el espíritu del comercio tradicional en plena transformación del pequeño comercio.
Confecciones Valymar, situada en la calle Las Lavanderas 2 de Burlada, ha vestido a varias generaciones desde que abrió sus puertas. El establecimiento conserva el aire de las tiendas de toda la vida y se encuentra además muy cerca de otros negocios conocidos de la zona, como la histórica floristería Garralda o el bar Zubizarra, que ha cerrado hace pocas fechas por jubilación.
Al frente del comercio están Francisco Javier Beorlegui Los Arcos, de 60 años, y su mujer, María Ujué Murugarren Luri. Ambos continúan con una tienda histórica que se mantiene gracias a la cercanía con el cliente, el consejo sincero y una oferta muy concreta de ropa clásica.
Javier lleva vinculado al negocio desde los 21 años. “Vine de la mili y empecé aquí. Casi 40 años”, resume. El origen de la tienda se remonta a 1968, cuando su padre, José María Beorlegui Iturbe, la abrió junto a su socio Valentín Sotés. Los dos habían trabajado antes como viajantes de los almacenes Numancia, cuando estaban ubicados en la plaza de la Cruz de Pamplona.
Con el paso de los años, las empleadas que tenía el establecimiento se jubilaron y el relevo quedó en casa. Desde entonces, Javier y Ujué han seguido adelante como autónomos, sosteniendo una tienda que se ha convertido en uno de esos rincones con un sabor cada vez más difícil de encontrar.
El balance de estas décadas mezcla satisfacción y preocupación. “Hemos trabajado muy bien unos años, pero nos hace mucho daño internet y la situación está complicada. Seguimos trabajando y manteniéndonos, que no es poco”, explica Javier. Su diagnóstico sobre el pequeño comercio es claro: “El 80% del comercio en Burlada está cerrado”.
La continuidad familiar, además, no está garantizada. Javier admite que no habrá tercera generación al frente del negocio. Sus dos hijos, de 23 y 22 años, han estudiado y han elegido otros caminos profesionales. “Esto no les tira. No quieren seguir con el comercio. Es muy sacrificado y no les compensa”, reconoce.
Esa idea del sacrificio forma parte de la historia de la familia. Javier recuerda que ha heredado esa mentalidad de sus padres, José María Beorlegui y Josefina Los Arcos Garayoa, ya fallecidos. Su padre empezó vendiendo por los pueblos con una furgoneta, en una época marcada por las dificultades de la posguerra y por una cultura del esfuerzo que, según explica, hoy ya no se vive igual.
“El comercio es muy esclavo”, resume. Aun así, sigue aferrado a esa forma de entender el trabajo. Considera que, además de internet, también les han perjudicado las grandes superficies y la incertidumbre económica. “La gente compra comida y paga los recibos, pero comprar ropa lo dejan para más adelante si están justos”, señala.
Sobre la rentabilidad del negocio, Javier no lo maquilla: “Da justo para vivir. Un sueldo entre los dos”. A pesar de ello, sigue defendiendo el valor de una tienda especializada que ha sabido mantener su clientela con un producto muy concreto y un servicio muy personal.
En Confecciones Valymar venden sobre todo confección clásica para señora y caballero, con tallas muy variadas, desde las más pequeñas hasta las más grandes. Su clientela habitual es, sobre todo, gente mayor, y también trabajan con artículos dirigidos a personas que viven en residencias. “Creo que no hay otra tienda así para gente mayor”, afirma.
Buena parte de la personalidad del local está en sus detalles. Javier destaca la presencia de una máquina de coser antigua, una vieja caja registradora y varias fotografías guardadas de momentos importantes de la historia del negocio. Entre ellas, las imágenes de la celebración del 50 aniversario, cuando organizaron una comida con antiguas empleadas que habían pasado por la tienda.
Ese aire antiguo no es casual. Forma parte de la identidad de un comercio que ha preferido conservar su esencia. “Me gusta guardarlas”, dice sobre esas fotos, convertido casi en custodio de una pequeña memoria comercial de Burlada.
Javier tiene muy presentes las fechas clave de esa trayectoria. “El 30 de septiembre de este año haremos 58 años y estamos en camino de alcanzar los 60”, explica. Lo dice con la ilusión intacta de quien lleva toda la vida entre perchas, mostradores y clientes conocidos.
“Yo trabajo con mucha ilusión. Sigo con muchas ganas. Mi vida ha sido esto. Para mí es una hija más”, concluye. Sus palabras resumen el vínculo emocional con una tienda que no solo ha servido para vender ropa, sino también para tejer relaciones de cercanía durante décadas.
Esa imagen también la confirman quienes compran allí. Las reseñas en redes sociales hablan de “negocio de los de toda la vida”, de “calidad a buen precio” y de una “atención al cliente de 10”. Un reconocimiento que encaja con el espíritu de Confecciones Valymar, una de esas tiendas que todavía resisten apoyadas en la confianza de siempre.