Una emblemática plaza de Pamplona cumple este domingo 14 de junio 51 años sin inauguración oficial. La obra se terminó en 1975 y desde entonces ha sido un referente urbano, pero siempre ha carecido de un acto formal que marque su apertura. Su construcción surgió para atender a un problema creciente: la necesidad de ordenar el tráfico rodado y peatonal en la ciudad durante un periodo de gran expansión urbana en el sur de la capital navarra.
La Plaza de los Fueros, ubicada en la salida sur de Pamplona hacia la avenida de Zaragoza, fue diseñada por los arquitectos Rafael Moneo y Estanislao de la Quadra Salcedo. El proyecto buscaba transformar esta zona de la ciudad en un espacio funcional y representativo, combinando accesibilidad, estética y seguridad para vehículos y peatones, algo fundamental en un momento en que la capital navarra experimentaba un crecimiento acelerado.
La plaza tiene una forma ovoide irregular con bordes ajardinados que buscan reflejar simbólicamente las tres zonas forestales de Navarra. La Ribera se representa con pinos de las Bardenas, la Zona Media con robles y encinos, y la Montaña con una combinación de pinos, abetos y hayas. Esta elección de especies convierte a la plaza en un espacio con identidad propia y vinculada al paisaje natural de la región.
El interior de la Plaza de los Fueros es un amplio espacio peatonal empedrado, diseñado para el disfrute de quienes transitan por ella. Además, se añadió un camino central para facilitar el paso a pie y se aislaron las zonas de tráfico mediante túneles y escaleras que conectan diferentes niveles, proporcionando seguridad y comodidad a los visitantes.
El nombre de Plaza de los Fueros se eligió en 1965. Ese mismo año, el Ayuntamiento redactó un plan parcial que afectaba a las manzanas de casas colindantes, contemplando un diseño en forma de glorieta elíptica como la solución más adecuada para armonizar el espacio urbano y permitir un tránsito fluido. La decisión de dar nombre y proyecto formal coincidió con la necesidad de planificar cuidadosamente los terrenos y garantizar la integración arquitectónica.
En 1966 se iniciaron las negociaciones con los propietarios de los terrenos que serían afectados por la reforma urbana. La cesión de estos espacios fue fundamental para poder ejecutar el proyecto. La Comisión Municipal Permanente aprobó en abril de 1972 el diseño final, considerado un croquis avanzado de urbanización, que se mantendría como la base del proyecto hasta su ejecución.
El 27 de febrero de 1973, el pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad el proyecto de urbanización de la futura plaza. Inicialmente se estimó que el coste rondaría los 22 millones de pesetas, pero los sucesivos ajustes del anteproyecto y la adjudicación de la obra en 1973 elevaron el presupuesto hasta los 52 millones, incluyendo mejoras, ampliaciones e imprevistos, más del doble de lo inicialmente calculado.
Las obras comenzaron el 15 de octubre de 1973 y estaban previstas para diez meses, aunque finalmente se prolongaron más de un año y medio. Durante este tiempo, el Ayuntamiento aprobó oficialmente el nombre de Plaza de los Fueros de Navarra, consolidando su identidad dentro del urbanismo pamplonés y reforzando su carácter simbólico para la ciudad.
Una parte de la plaza se abrió al tráfico durante los Sanfermines de 1974, permitiendo anticipar la circulación de vehículos alrededor de su perímetro. Esta apertura parcial fue un ensayo práctico que mostró cómo se organizaría la movilidad en el futuro. La apertura completa de la plaza se produjo el 24 de diciembre de 1974, habilitando los 22.000 metros cuadrados de calzada, aunque sin acto oficial de inauguración.
El 14 de junio de 1975 la plaza quedó abierta al público de manera definitiva. Según explicó el teniente de alcalde Tomás Caballero, no se había previsto ningún acto protocolario por parte del Ayuntamiento, dejando que el espacio comenzara a ser utilizado por los ciudadanos sin ceremonia formal ni celebraciones institucionales.
La inauguración informal se limitó a un pequeño acto organizado por el contratista Señor Ciria, quien mostró la plaza a los periodistas. Durante la visita, se compartieron botellas de vino de Navarra y bandejas de chorizo y queso. Este gesto simbolizó el cierre de las obras y el trabajo conjunto de arquitectos, constructores y empleados municipales, pero no constituyó un evento oficial del consistorio.
Al acto acudió el arquitecto De la Quadra Salcedo y algunos empleados del Ayuntamiento, pero ninguna autoridad municipal participó. La ausencia institucional reflejó el escaso interés por esta plaza en términos protocolarios, pese a su relevancia urbanística y simbólica para Pamplona, que hoy sigue siendo un espacio de encuentro y referencia dentro de la ciudad.