• domingo, 09 de agosto de 2026
  • Actualizado 09:40
 
 

SOCIEDAD

El crimen de ETA que conmocionó a un pueblo de Navarra: 26 años recordando a Paco Casanova y negándose a olvidar

El subteniente del Ejército fue tiroteado cuando regresaba a comer a su casa el 9 de agosto de 2000; de aquel crimen nació un movimiento vecinal que mantiene viva su memoria.

Acto organizado por 'Vecinos de paz' en homenaje a Francisco Casanova, militar asesinado por ETA hace 25 años. PABLO LASAOSA
Acto organizado por 'Vecinos de paz' en homenaje a Francisco Casanova, militar asesinado por ETA hace 25 años. PABLO LASAOSA

Apenas habían pasado unos minutos de las tres de la tarde. Francisco Casanova Vicente había terminado su jornada en el cercano acuartelamiento de Aizoáin y regresaba a su casa de Berriozar. Era miércoles, 9 de agosto de 2000. Su mujer y sus dos hijos le esperaban para comer. Faltaban apenas unos metros para que volviera a estar con ellos.

Nunca llegó a entrar en casa.

ETA llevaba tiempo detrás de él. Los integrantes del comando Ekaitza habían tratado de asesinar al subteniente del Ejército de Tierra en ocasiones anteriores sin conseguirlo. Finalmente decidieron esperarlo allí donde sabían que tarde o temprano tendría que aparecer: junto a su propia vivienda.

Tal y como recoge el periodista navarro Javier Marrodán en su libro Relatos de Plomo, eran aproximadamente las 15.15 horas cuando Casanova llegó en coche a su domicilio. Tenía 46 años y estaba destinado en el Regimiento de Cazadores de Montaña América 66. Llevaba nueve años viviendo en Berriozar. Había nacido en Igea, en La Rioja, aunque mantenía fuertes vínculos con Castejón, localidad navarra en la que residían sus padres.

Como hacía habitualmente, se dispuso a guardar el vehículo en el garaje. Aquel gesto cotidiano fue el que aprovecharon sus asesinos.

Uno de los terroristas que lo esperaba se aproximó y abrió fuego. Francisco Casanova recibió cuatro disparos: tres le alcanzaron en la cabeza y otro en una mano. No tuvo prácticamente ninguna posibilidad de defenderse.

Todo ocurrió a escasos metros de su familia. Dentro de la casa estaban su esposa, Rosalía Sáinz-Aja, y sus dos hijos. Habían escuchado los disparos. Al bajar encontraron a Francisco Casanova mortalmente herido en el garaje. La escena provocó una enorme conmoción entre los vecinos, muchos de los cuales se acercaron inmediatamente hasta la vivienda consternados y llenos de dolor.

Años después, la sentencia contra los responsables describiría la forma de actuar de los asesinos con una expresión difícil de olvidar: habían actuado con una “frialdad que repugna a todo ser humano”.

Los terroristas Alberto Viedma y Mikel Javier Ayensa fueron condenados posteriormente a 30 años de prisión por el asesinato.

Paco el jotero

En su trabajo era el subteniente del Ejército de Tierra, Francisco Casanova, pero en Berriozar era simplemente Paco el jotero. Participaba en la vida cultural del municipio, pertenecía al grupo de jotas Ecos de Navarra y en los días anteriores a su asesinato había estado ensayando para las fiestas de la localidad. Esa afición acabaría convirtiéndose, después de su muerte, en una de las formas más reconocibles de mantener vivo su recuerdo.

La reacción de una parte importante de Berriozar fue inmediata. Aquella misma tarde, cerca de un millar de personas salió a la calle para condenar el asesinato. La marcha terminó precisamente ante el chalé de Francisco Casanova. Allí, un largo aplauso y gritos recordando al militar acompañaron la salida de su viuda a la puerta de la vivienda.

El crimen abrió también una profunda crisis política en el municipio. En el pleno convocado después del asesinato, Euskal Herritarrok, heredera de Herri Batasuna y precedente político de la actual EH Bildu, que gobernaba entonces Berriozar, se abstuvo ante la moción de condena del atentado. PSN, IU y CDN acordaron posteriormente presentar una moción de censura contra el alcalde, José Manuel Goldaracena, precisamente por esa negativa a condenar expresamente el asesinato. El socialista Benito Ríos terminó sustituyéndolo en la alcaldía.

La movilización vecinal tuvo un peso decisivo. La propia hemeroteca de aquellos días recoge que la iniciativa para reclamar una alternativa política había partido de ciudadanos de Berriozar. Durante las fiestas patronales de aquel mismo año, más de 500 personas participaron además en un acto cultural en memoria de Casanova.

De aquella reacción ciudadana surgió también Vecinos de Paz de Berriozar, un colectivo creado tras el asesinato con la voluntad de plantar cara al terrorismo y, sobre todo, de impedir que Francisco Casanova y las demás víctimas cayeran en el olvido.

Jotas para recordar a Paco

La memoria encontró pronto una forma muy personal de expresarse. Desde 2001 comenzó a celebrarse el Encuentro de Jotas Francisco Casanova. No se eligió la música al azar. Las jotas habían sido una de las grandes aficiones del militar asesinado.

Con los años se consolidó un ritual que se ha repetido prácticamente sin cambios: una misa en la parroquia de San Esteban, una ofrenda floral ante la Puerta de la Libertad, el monumento dedicado a las víctimas del terrorismo junto a la plaza Eguzki, y finalmente las jotas.

Ya en 2006, cuando se cumplían seis años del crimen, el Gobierno de Navarra dejó constancia oficial de aquella tradición. Los actos comenzaron a las siete de la tarde con la eucaristía; una hora después se realizó la ofrenda ante la Puerta de la Libertad y la quinta edición del encuentro de jotas cerró el homenaje. Aquel año hubo una participante especialmente significativa: Laura Casanova Sáinz-Aja, hija del militar asesinado, cantó en recuerdo de su padre.

El recuerdo quedó también incorporado al propio municipio. Desde 2003, la Escuela de Música de Berriozar lleva el nombre de Francisco Casanova, una denominación que conserva actualmente el centro municipal.

Vecinos de Paz, contra el olvido

A medida que pasaban los años, Vecinos de Paz siguió reuniéndose cada agosto. No se trataba únicamente de homenajear a un vecino asesinado. El acto se fue convirtiendo también en un recuerdo colectivo a todas las víctimas de ETA.

En 2009 esa labor recibió un importante reconocimiento. COVITE concedió a Vecinos de Paz de Berriozar su Premio Internacional por su trabajo en favor del recuerdo y apoyo a las víctimas del terrorismo. Fue precisamente Rosalía Sáinz-Aja, la viuda de Francisco Casanova, quien entregó el galardón a Maribel Vals, portavoz del colectivo.

Las instituciones han participado también en numerosos aniversarios. El Parlamento de Navarra recogió oficialmente el homenaje de 2011, al que asistieron familiares, vecinos y representantes políticos. El Ejército de Tierra hizo lo propio en 2017, cuando miembros del Regimiento América 66 volvieron a acompañar a la familia en la misa, la ofrenda floral y el encuentro de jotas.

La continuidad sólo se ha visto alterada de forma excepcional. En 2020 y 2021, las restricciones sanitarias por la pandemia obligaron a suspender el homenaje público. En 2021, Vecinos de Paz explicó que era el segundo año consecutivo sin poder realizar el acto que organizaba desde el asesinato.

Precisamente en 2020, coincidiendo con el vigésimo aniversario, el Ayuntamiento de Berriozar aprobó una declaración institucional que incluyó un reconocimiento expreso a Vecinos de Paz por su labor constante en defensa de la dignidad de las víctimas y acordó guardar un minuto de silencio por Francisco Casanova.

Superada la pandemia, la tradición regresó. La familia ha seguido volviendo a Berriozar. Rosalía Sáinz-Aja ha explicado en distintas ocasiones lo difícil que resulta regresar cada 9 de agosto, pero también su agradecimiento a quienes durante todos estos años se han negado a dejar solo el recuerdo de su marido.

En el 25º aniversario, celebrado en 2025, la viuda volvió a reclamar memoria, verdad y dignidad. Su mensaje quedó resumido en cuatro palabras: “No blanqueen la historia”. También pidió que las nuevas generaciones conozcan lo sucedido y sepan qué significó el terrorismo de ETA para cientos de familias.

Y las jotas volvieron a sonar. Laura Casanova, que ha heredado la afición de su padre, participó nuevamente en el encuentro junto a familiares y amigos. Veinticinco años después, aquella música que Paco ensayaba poco antes de ser asesinado volvió a escucharse en Berriozar.

26 años después

Este domingo 9 de agosto de 2026, exactamente 26 años después del asesinato, Vecinos de Paz ha vuelto a convocar a Berriozar.

El homenaje comenzará a las 19.00 horas con una misa navarra en la parroquia de San Esteban. A las 20.00 horas tendrá lugar la tradicional ofrenda floral en la Puerta de la Libertad, junto a la plaza del Sol-Eguzki. Después se celebrará nuevamente el Encuentro de Jotas Francisco Casanova.

Vecinos de Paz ha llamado una vez más a acompañar a la familia, a los compañeros del Regimiento América 66 y al resto de víctimas del terrorismo. El colectivo mantiene así una tradición nacida después de aquel 9 de agosto de 2000 y que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Porque antes de convertirse en una víctima del terrorismo, Francisco Casanova fue un vecino de Berriozar, un padre, un marido, un militar y un jotero. ETA acabó con su vida en el garaje de su casa. Veintiséis años después, sus vecinos siguen empeñados en que el tiempo no consiga borrar su nombre.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
El crimen de ETA que conmocionó a un pueblo de Navarra: 26 años recordando a Paco Casanova y negándose a olvidar