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POLÍTICA

La campaña electoral vasca desnuda las vergüenzas de los pactos de Chivite con los proetarras

Los ministros de Pedro Sánchez se lanzan a afear la conducta de Bildu respecto al terrorismo después de haberles regalado la alcaldía de Pamplona.

María Chivite junto a Eneko Andueza y Santos Cerdán en un mitin del socialista vasco durante esta campaña electoral. PSN/PSOE
María Chivite junto a Eneko Andueza y Santos Cerdán en un mitin del socialista vasco durante esta campaña electoral. PSN/PSOE

Este domingo los vascos deciden quién les va a gobernar los próximos cuatro años, con muchas posibilidades de que Bildu alcance el palacio de Ajuria Enea por primera vez en su historia gracias al blanqueamiento al que el socialismo le ha sometido en los últimos años por la simple conveniencia de Pedro Sánchez y María Chivite de sus votos para aferrarse a las poltronas de la Moncloa y el Palacio de Navarra.

Las encuestas que se han venido publicando durante la campaña no ofrecen duda: lo que pierden los socialistas lo ganan los proetarras. Este hecho debería ser suficiente para que en Ferraz y en el Paseo de Sarasate 15 hicieran un análisis profundo de lo que han supuesto sus pactos con Bildu.

El primero en verlo venir, en calidad de damnificado, fue el propio candidato a lehendakari, Eneko Andueza, que se vio en la obligada estrategia de marcar distancia con Bildu. Hace meses que repite el mantra de que él no hará presidente a un candidato de Bildu. Sus palabras recuerdan muchos a las promesas vacías de María Chivite y Pedro Sánchez en la campaña de 2019 cuando se hartaron de decir por activa, pasiva y refleja que no pactarían con el partido de los proetarras.

No pactarían, hasta que necesitaron sus votos, momento en el que diseñaron una estrategia de blanqueamiento que han terminado por hacer realidad el vaticinio de la madre de Joseba Pagazaurtundua al entonces lehendakari vasco, hoy portavoz socialista en el Congreso, Patxi López: "harás y dirás cosas que nos helarán la sangre".

Aquello fue sólo una premonición de lo que poco después se iba a convertir en realidad; es decir, el aparcar el daño y el dolor que ETA y quienes le apoyaron entonces (y lo siguen haciendo a día de hoy) causaron, sólo por la vanidosa necesidad de aferrarse a las poltronas de Madrid y Navarra.

Chivite inició una rueda de pactos presupuestarios con los proetarras que le garantizaran mantenerse en el poder poniendo de manifiesto las mentiras con las que engañó a los navarros en 2019 y también el año pasado antes de las elecciones de mayo. Eso sí, a costa de docenas de cesiones en instituciones como la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona o la Federación Navarra de Municipios y Concejos. También a costa de cesiones económicas, como las enmiendas de los presupuestos. Y, por supuesto, con una lluvia de millones de euros a la causa politizada del euskera.

Por eso choca radicalmente que aparezca ahora el socialismo envuelto en la bandera del "no pactaremos con Bildu" que ha propugnado Eneko Andueza y que en la cabeza de los navarros resuenan como un mazazo de tambor cada vez que alguien lo repite; máxime cuando los socialistas consumaron la traición más perversa de su historia moderna en Pamplona, dando cumplimiento al pacto oculto y secreto de regalarle la alcaldía de Pamplona a los proetarras para seguir fuertemente asidos a los sillones de los gobiernos de Navarra y España.

Y en todas estas, surge la espontaneidad del candidato de los proetarras a presidir el Gobierno Vasco, Peio Otxandiano, que lo único que dijo fue lo que los de Bildu han dicho siempre: que ETA no fue una banda terrorista, sino una banda armada que surgió en respuesta a la opresión del Estado.

Y por eso, extraña todavía más la sobreactuación de los socialistas, que de la mano de los ministros de Sánchez, se han lanzado escandalizados a afear lo que dijo Otxandiano, que es lo mismo que siempre han dicho Otegui, Barrena, Aizpurúa, Abaurrea y todos los líderes abertzales.

De esta forma, y tal vez sin ser conscientes, los socialistas están denunciándose a sí mismos, pero sobre todo, están sacando las vergüenzas de los pactos de Chivite con Bildu, poniendo en evidencia que en el transfondo sólo está la necesidad de aferrarse al poder. Y sobre todo, una pregunta sin respuesta: ¿Por qué lo que no vale en en el País Vasco sí vale en Navarra?


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